sábado, 20 de junio de 2009

ULISES, Manuel Villena

ULISES


Cinco horas después de haber tatuado en su vientre el nombre de su amado,

tres horas después de saberse definitivamente abandonada por él,

sólo una cierta congoja de bisturí helado la atormentaba:

¿Negarse al amor de otros hasta la llegada,

tal vez imposible,

de alguien llamado como él?

1 comentarios:

raquel dijo...

Le habría sido mejor enamorarse de algún Juan o Luis…

De todas formas, tendría otras opciones diferentes a resistir la seguramente infructuosa espera:

Siempre podría fingir que el tatuaje deriva de su admiración por el escritor griego (memorizar algunos fragmentos de la Odisea quizás ayudase a la verosimilitud de tal insólita causa) o de su extraordinaria simpatía por Homer Simpson, en la versión doblada al español de América.

También podría admitir que se trata de una marca de su pasado, una especie de recuerdo materializado, al igual que podría conservar fotos de un tiempo que compartió con él.

Y si le resulta imposible convivir con esa huella externa, siempre podría deshacerse del tatuaje, algo extremadamente sencillo comparado con el problema que supondría para ella que también conservase el tatuaje por dentro.