martes, 6 de julio de 2010

CONSUELO, Billy Collins

CONSUELO


Qué agradable resulta no estar en Italia este verano,
trotando por sus ciudades y escalando sus tórridos pueblos de montaña.
Cuánto mejor es pasear por estas calles locales, familiares,
y comprender, sin atisbo de duda, el significado de sus señales de tráfico y sus carteles,
y el de los gestos repentinos de mis compatriotas.

Aquí no hay abadías, ni frescos en trance de desmoronarse, ni cúpulas
famosas, como tampoco necesidad de memorizar listas
de reyes, ni de visitar los rincones, rezumanres de humedad, de mazmorra alguna.
No es menester contemplar sarcófagos, ni la exigua cama
de Napoleón en Elba, ni huesos de santos en urnas de cristal.

Cuánto mejor es gobernar el sencillo distrito del hogar
que verse empequeñecido por pilares, arcos y basílicas.
¿Por qué enterrar la cabeza en libros de frases o mapas arrugados?
¿Por qué alimentar con paisajes a una cámara hambrienta, polifémica,
ansiosa por devorar el mundo, monumento tras monumento?

En lugar de desparramarme en un café, sin saber cómo se dice «hielo»,
me dirigiré a la cafetería y luego a la camarera,
que atiende por Dot. Me sumergiré en la corriente del periódico
matutino, libre de barreras lingüísticas,
y veré a los ríos del idioma fluir sin oposición, mientras llegan los
huevos fritos por ambos lados.

Y, después del desayuno, no tendré que buscar a nadie
que me fotografíe pasando el brazo por el hombro del propietario.
No tendré que desentrañar la cuenta, ni consignar en un diario
lo que acabo de comer o cómo entraba el Sol por la ventana.
Basta con volver a meterse en el coche,

como si fuera el gran vehículo del Inglés,
tocar el estridente claxon vernáculo y acelerar
por una carretera que nunca llevará a Roma, ni siquiera a Bolonia.



BILLY COLLINS, Navegando a solas por la habitación, DVD, Barcelona, 2007.

2 comentarios:

xiztoria dijo...

Bueno, he de decir, y digo, que este verano me voy con toda la cuchipanda a Florencia (again)y no reniego de ella, ni del viaje ni de los peajes, incomodidades y papanatismos a que nos llevan a veces estos movimientos.
Deseo volver a ver la apparita de la cúppola, pasear por Calzaiouli y Lungarno, tumbarme en el cuidado verde de la Piaza dei Miracoli pisana, comerme un helado y pagar todos estos peajes será un placer. Un placer tan grande, aunque no mayor, como volver luego a pasear por PuenteLaidiez, acompañar a mi padre a su huerta, ayudar a mi madre con la conserva de tomate, andar y desandar la siberiana Sierra de los Golondrinos, recoger la cosecha anual de orégano, jugar mucho a la pala en la piscina. Quizá volver a subir al Circo de Gredos, probar la cosecha de vino paterno de este año, deleitarme con el ajoblanco en los tórridos días siberianos....
Em definitiva, me pido para este verano disfrutar por entero de lo que toque en cada momento.

P.D. Que disfruteis mucho, todo lo que la vida os deje, en estos meses.

Francisco dijo...

Primer asunto: Yo creo que el poema de Billy Collins está impregnado de ironía.

Segundo asunto: a la ilustración el moderador le ha puesto un inequívoco nombre. ¡Mírelo usted!

Tercer asunto: su plan es magnífico y suscita mucha envidia.

Cuarto asunto: ¿No ha pensado en pasarse este domingo por Johannesburgo?