lunes, 15 de agosto de 2011

[GLORIA ERA RUBIA...], Irene Jiménez


   Gloria era rubia, alta, vigorosa. Un poco gruesa. Poseía una mezcla extraordinaria de sentido práctico y capacidad especulativa: se trataba de una especie de sabia con manos diestras. Además tenía habilidad, y paciencia, para enseñar a los otros todo aquello que sabía. Para ella, prácticamente nada era grave. Raúl pensaba que aquellas virtudes estaban relacionadas con el hecho de que su madre se hubiera ido de casa cuando ella era adolescente, porque eso la obligó a suplir su papel con un hermano y una hermana aún más jóvenes. No le restaba ningún mérito. La admiraba, la quería. A Gloria le gustaba simplificarlo todo: le encantaba utilizar refranes en las situaciones adecuadas, y elaboraba teorías sencillas para que la gente que la rodeaba comprendiera al vuelo los secretos de la existencia. Una de sus teorías, por ejemplo, era la de la suma y la resta. A decir de Gloria, mucha gente entendía la vida como una resta, la de todo aquello que nunca iba a poder hacer. Pero la vida había que entenderla como la suma de lo que se había hecho, porque así el resultado no era equivalente, sino siempre superior.

IRENE JIMÉNEZ, La suma y la resta, Páginas de Espuma, Madrid, 2011, pp. 80-81.

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