sábado, 18 de febrero de 2012

ELENITA, CARTAS, PALMAS, AGUA, Sandra Cisneros


ELENITA, CARTAS, PALMAS, AGUA
      
   Elenita, la bruja, limpia la mesa con un trapo porque Ernie, que estaba dando de comer al bebé, ha derramado el Kool-Aid. Le dice: Llévate de aquí a ese crío loco y bébete el Kool-Aid en la sala. No ves que estoy ocupada.
   Ernie se lleva al bebé a la sala, donde Bugs Bunny sale por la televisión.
   Suerte que no viniste ayer, dice ella. Ayer estaban todos los planetas mezclados.
   Su televisor es grande y en color y todos sus muebles, muy bonitos, son de peluche rojo como los ositos que regalan por carnaval. Los tiene cubiertos de plástico. Creo que es por el crío.
   Sí, es una suerte, le contesto.
   Pero nos quedamos en la cocina porque es donde ella trabaja. Encima de la nevera hay cantidad de cirios, algunos encendidos, otros no, rojos y verdes y azules, un santo de escayola y una cruz de Domingo de Ramos llena de polvo y una foto de la mano vudú pegada con cinta a la pared.
   Trae el agua, me dice.
   Voy al fregadero y cojo el único recipiente limpio, una jarra de cerveza en la que se lee que es la cerveza que hizo famosa a Milwaukee, y la lleno de agua caliente del grifo y luego dejo la jarra en el centro de la mesa, como ella me enseñó.
   Míralo: ¿ves algo?
   Pero yo sólo veo burbujas.
   ¿Ves la cara de alguien?
   No, sólo burbujas, le digo.
   Esta bien, y hace la señal de la cruz sobre el agua tres veces y luego empieza a barajar las cartas.
   Estas cartas no son como las que se usan para jugar. Son raras, con hombres rubios montados en caballos y con bates de béisbol rarísimos con espinas. Copas doradas, mujeres de aspecto triste vestidas con trajes pasados de moda, y rosas que lloran.
   Están pasando un buen show de Bugs Bunny por la tele. Lo sé, ya lo había visto y he reconocido la música y me gustaría sentarme en el sofá de plástico con Ernie y el crío, pero ahora empieza mi buenaventura. Mi vida entera sobre esa mesa de cocina: pasado, presente, futuro. Luego ella me coge la mano y me mira la palma. La cierra. Cierra también los ojos.
   ¿Lo sientes? ¿Sientes el frío?
   Si, le miento, pero solo un poco.
   Bien, dice. Los espíritus están aquí. Y empieza.
   Esta carta, la del hombre Oscuro con un caballo negro, significa celos; y ésta, pena. Esto, una columna de avispas, y eso es un colchón de lujo. Irás pronto a una boda y ¿has perdido un anda? Si, un anda. Está claro que eso es lo que significa.
   ¿Dice algo de una casa?, le pregunto, porque es a esto a lo que he venido.
   Ah, sí, un hogar en el corazón. Veo un hogar en el corazón.
   ¿Es la casa?
   Eso es lo que yo veo, dice, y luego se levanta porque los niños se están peleando. Elenita se levanta para pegarles y luego abrazarlos. Los quiere de verdad, sólo que a veces son un poco brutos.
   Vuelve y se da cuenta de que estoy decepcionada. Es una bruja y sabe muchas cosas. Si te duele la cabeza, tienes que frotarte la cara con un huevo frío. ¿Necesitas olvidar un viejo amor? Coge una pata de pollo, átala con una cuerda roja, voltéala sobre tu cabeza tres veces y luego quémala. ¿Los malos espíritus no te dejan dormir? Duerme con un cirio bendecido al lado durante siete días y luego, el octavo día, escupe. Y otras muchas cosas. Ahora mismo es capaz de ver que estoy triste.
   Niña, ya volveré a mirar si quieres. Y vuelve a mirar las cartas, palmas, agua y dice uh-uh.
   Un hogar en el corazón, tenía razón.
   Pero no lo entiendo.
   Una casa nueva, una casa hecha de corazón. Encenderé una vela por ti.
   Todo eso por los cinco dólares que le doy.
   Gracias y adiós y cuídate del mal de ojo. Vuelve el jueves, cuando las estrellas estén fuertes. Y que la virgen te bendiga. Y cierra la puerta.

SANDRA CISNEROS, Una casa en Mango Street, Ediciones B, Barcelona, 1992, pp. 95-98.

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