jueves, 17 de mayo de 2012

¿DÓNDE SUENA EL RELOJ?, Ramón Gómez de la Serna


¿DÓNDE SUENA EL RELOJ?
        
   Un día apareció en mi casa ese que se ve en seguida, que cree que está loco y, sin embargo, no lo está. Traía esa falsa excitación del hombre sensato equivocado.
   De buenas a primeras me contó toda la historia de su mal.       
   —Yo no tengo reloj. A mis relojes de pesas se les había caído una pesa de tanto sufrir su peso, abierta la cadena por fin. Mi reloj de bolsillo, que se me había caído con el chaleco hacía tiempo, ya no andaba; después de haberme engañado un día entero marchando como si tal cosa... ¿De dónde, pues, venía ese ruido de un reloj, de una de esas pequeñas máquinas de coser que van pespunteando el tiempo?... Busqué detrás de las cosas, abrí los cajones, saqué todo lo que había en los baúles, pero se seguía oyendo igual, sarcástico, frío, intratable corno todos los relojes... Apagué la luz para oír mejor, y en la oscuridad pensé en la moraleja de aquel ruido, pero como yo no puedo creer en ninguna moraleja, me di cuenta de que aquello era algo así como un fenómeno científico. Yo debía de estar en un peligro inminente, porque eso quería decir el que oyese el puro reloj del tiempo, el inverosímil extraplano, el latido que siempre figura en el silencio, pero que nunca tenemos la bastante sutileza para oír y que sólo si hubiera unos prismáticos para oír podríamos alcanzar ese extremo en salud.
  —Se ha explicado usted muy bien... Si todos se explicasen bien, podríamos atajar casi todas las enfermedades... La angina de pecho se fragua en su corazón y tiene que dejar de fumar y hacer un régimen riguroso... ¡Qué suerte que haya usted oído el reloj!...

RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, El doctor inverosímil, Destino, Barcelona, 1981, página 113.

Ilustración: Aleksandr Rodchenko

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