jueves, 16 de agosto de 2012

HUYE UNA DAMA, Álvaro Cunqueiro


HUYE UNA DAMA
        
   Avisaban de las cazas en las Tierras Soberanas de Sedán, y una doncella llamada Clemence avisó al postillón de los trompeteros diciéndole:
   —iSi encontráis al ciervo lucero, avisadme, que es el hijo de mi señor y mi enamorado!
  El ciervo lucero acudió al aviso, y el postillón mandó recado a la doncella. Vino Clemence al bosque, y el ciervo lucero le besó las manos.
  —¿Cómo os desencantaré? —lloraba Clemence.
  —No lo sé —dijo el ciervo en buen francés—. Pero, si me amáis, puedo encantaros de cierva y correremos por el bosque.
  Accedió Clemence, se tomó cierva lucera, y al galope con su amor entró en el robledal. Por eso en las Tierras Soberanas hay que preguntarle al ciervo si es persona o animal, cuando comienzan las cazas en otoño.

ÁLVARO CUNQUEIRO, Flores del año mil y pico de ave, Seix Barral, 1990, página  54.

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