martes, 4 de diciembre de 2012

CURALOTODO, Alfred Polgar



CURALOTODO
        
   Un funcionario del Tercer Reich declaró una vez que acabar con los gángsters (a quienes las autoridades americanas no eran capaces de meter en cintura) sería para los nacionalsocialistas coser y cantar. ¿Que cómo lo iban a hacer? Muy sencillo: con la ametralladora. Ahora bien, es público y notorio que los americanos tienen también ametralladoras. Y no sólo eso. Poseen asimismo la resolución necesaria para servirse de ellas llegado el caso.
   Tiene que haber, por tanto, alguna pega para que no se pongan a disparar contra los gángsters sin más remilgos, hasta matarlos a todos. A lo mejor a esos chicos no les gusta ponerse así, sin más ni más, de blanco para que los puedan achicharrar cómodamente, o tal vez se disfrazan de honrados ciudadanos, astutamente mezclados con el público, de manera que ni siquiera un artista de la ametralladora podría distinguirlos. Pero todo eso son pamplinas que no deberían apenas hacer vacilar la fe en la ametralladora como remedio universal. Para una ametralladora, nada es imposible. Todos lo saben y ésa es la última palabra en política. No sólo es capaz de crear tranquilidad y orden, sino también convicción, entusiasmo, satisfacción y amor a los líderes. Es eficaz contra el hambre, el frío, la crítica y el derrotismo. Resuelve con rapidez insuperable cualquier problema intelectual, científico o artístico, y también los sentimentales o de conciencia. ¿Y no será capaz de acabar con un par de gángsters?
   La nueva religión, la auténtica religión, es ésa: la fe en la ametralladora como símbolo de la deidad suprema, de la violencia.
   Los males del mundo, tanto si el mundo lo quiere como si no, los ha de curar la ametralladora.

ALFRED POLGAR, La vida en minúscula, Acantilado, Barcelona, 2005, pp.137-138.

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