miércoles, 29 de febrero de 2012

¿YO?, José María Merino


¿YO?

   De niño imaginaba que la Luna no estaba allá arriba, sino dentro de mí, que mi mirada la proyectaba en el cielo como hacía con las películas el ojo palpitante de las máquinas de los cines en las pantallas. Con los años he comprendido que tenía razón; la Luna está dentro de mí, como el Sol, y la Vía Láctea, y esas galaxias que aparentan ser tan lejanas y extensas. Y procuraré que se mantengan aquí dentro por los siglos de los siglos, es decir, mientras viva.


JOSÉ MARÍA MERINO, El libro de las horas contadas, Alfaguara, Madrid, 2011, p. 44.

martes, 28 de febrero de 2012

VIDA O MUERTE, Ana María Shua


VIDA O MUERTE
        
   El juego se llama Vida o Muerte y lo mejor es operar a los pacientes. Pero como no conocemos bien las instrucciones (el juego lo copiamos en lugar de comprarlo) los enfermos siempre se nos mueren. El juego es divertido pero termina mal. A nosotros nos va a pasar lo mismo. Jugando, tratamos de olvidarnos.

Ana María Shua

lunes, 27 de febrero de 2012

CINE MUDO, Paul Viejo



CINE MUDO

   ¿Por qué eres tan duro conmigo, Buster? Una sola vez. No volveré a pedirte nada. Dime que me quieres. Necesito escucharlo o si no me muero.

PAUL VIEJO, Los ensimismados, Páginas de Espuma, Madrid, 2011, p. 81.

domingo, 26 de febrero de 2012

MARIPOSA, Clara janés



MARIPOSA

Rompe de la crisálida
y en color se despliega al aire leve
hundiendo en la corola el pensamiento
para olvidar su efímero destino.

Ha volado ante Keats:
su vida esta cumplida.

CLARA JANÉS, Vivir, Hiperión, Madrid, 1983.
Ilustración: Wols

sábado, 25 de febrero de 2012

HECES, Rubén Abella



HECES
        
   No podía evitarlo: las heces de su hija recién nacida le repugnaban y el cambio de pañales le parecía una labor degradante. Tan pronto olfateaba los primeros indicios del hedor, la depositaba en brazos de su madre y, fuese la hora que fuese, cogía la correa y una bolsita de plástico y sacaba a pasear a Toby, entonces más que nunca el mejor amigo del hombre.




RUBÉN ABELLA, No habría sido igual sin la lluvia, NH, Madrid, 2008, p. 102.

viernes, 24 de febrero de 2012

[FUE EN VENECIA...], César Casal

 
   Fue en Venecia. Nada menos que en el famoso Harry's Bar, en el que tanto bebieron Hemingway, Capote o Scott Fitzgerald. Apareció una condesa, buena clienta, y puso en un aprieto al chef, Giuseppe Cipriani. Le dijo que su médico le había prescrito carne cruda. Cipriani no se amilanó y le contestó, como buen profesional, que no había problema. Se marchó a la cocina y se le ocurrió cortar una loncha fina de buey y aderezarla con mayonesa, con un toque de mostaza y salsa perrins. La condesa cumplió su dieta y disfrutó tanto con el plato que le preguntó en seguida a Cipriani cómo se llamaba esa maravilla. Cipriani no sabía dónde meterse. Todo había sido fruto de la improvisación. Pero estuvo rápido y se acordó de que esos días había en Venecia una exposición del pintor Vittore Carpaccio, cuyas telas tienen una profusión de rojo y amarillo, y soltó que el plato se llamaba carpaccio. Y así es que ese pintor del quattrocento está hoy emplatado en todos los restaurantes que se precien.


CÉSAR CASAL, El "carpaccio" y la casualidad, La Voz de Galicia, 22 de febrero de 2012.

Ilustración: Vittore Carpaccio

jueves, 23 de febrero de 2012

GERALDO, SIN APELLIDO, Sandra Cisneros



GERALDO, SIN APELLIDO
    
   Ella le conoció en un baile. También él era guapo y joven. Dijo que trabajaba en un restaurante, pero ahora ella no recuerda cuál. Geraldo. Eso es todo. Pantalones verdes y camisa de sábado. Geraldo. Eso le dijo.
   Y cómo iba a saber que sería la última persona que le vería vivo. Un accidente, ¿no lo sabías? El coche se fugó. Marin va a todos esos bailes. Al Uptown. Logan. Embassy. Palmer. Aragon. Fontana. The Manor. Le gusta bailar. Sabe bailar cumbias y rancheras. Él sólo era alguien con  quien había bailado. Alguien a quien había conocido esa noche. Es verdad.
   Así ocurrió. Así lo contó ella una y otra vez. Una vez a la gente del hospital y dos a la policia. Ninguna dirección. Sin apellido. Nada en los bolsillos. ¿No te da pena?
   Sólo que Mann no puede explicar por qué le importa, tantas y tantas horas por. alguien a quien ni siquiera conoce. La sala de urgencias del hospital. Nadie excepto un interno trabajando a solas. Y quizá si hubiera llegado el cirujano, quizá si no hubiera perdido tanta sangre, si hubiera llegado el cirujano al menos habrían sabido a quién avisar y dónde.
   ¿Pero qué más da? El no era nada para ella. No era su novio ni nada parecido. Sólo otro jornalero que no hablaba inglés. Sólo otro «espalda mojada». Ya sabes cómo son. Los que siempre parecen avergonzados. Y además, ¿que hacia ella en la calle a las tres de la madrugada? Mann, a quien enviaron a casa con el abrigo puesto y una aspirina. ¿Cómo lo explica?
   Le conoció en un baile. Geraldo con su camisa brillante y sus pantalones verdes. Geraldo yendo a un baile.
   ¿Qué importa?
   Nunca vieron las cocinitas-nicho. Nunca supieron nada de los apartamentos de dos piezas ni de las habitaciones que alquilaba para dormir, de los envíos semanales de dinero a casa, del cambio de moneda. ¿Cómo lo iban a saber?
   Se llamaba Geraldo. Y su hogar está en otro país. Aquellos a quienes dejó atrás están lejos. Se preguntarán, se encogerán de hombros, recordarán, Geraldo... se fue al norte. Nunca volvimos a saber de él.
        
SANDRA CISNEROS, Una casa en Mango Street, Ediciones B, Barcelona, 1992, pp. 99-100.

Fotografía: Santiago Sierra

miércoles, 22 de febrero de 2012

[LA BANALIDAD DE NUESTRA VIDA...], Gustavo Martín Garzo



   La banalidad de nuestra vida se confunde con la banalidad de gran parte de la cultura y el mundo que nos rodea. Viajamos sin descanso, acudimos a museos y exposiciones, leemos libros que compramos precipitadamente en las librerías de aeropuertos, estaciones y grandes almacenes, para abandonar al momento en cualquier rincón, asistimos a grandes eventos deportivos, pero nada de esto tiene el poder de cambiarnos. Regresamos de nuestros viajes cargados de fotografías que nada significan; las lecturas pasan por nuestra vida como las hojas vanas de los calendarios; abandonamos las salas de los museos tan ciegos y somnolientos como habíamos entrado; y pasamos de unas historias a otras sin que ninguna deje en nuestros labios unas pocas palabras que merezca la pena conservar. Para enfrentarnos a ese vacío, nos hemos rodeado de expertos, comentaristas y guías de todo tipo que nos dicen cómo debemos comportarnos. Hay guías turísticas, de lectura, guías sobre cómo enfrentarnos a nuestros fracasos sentimentales. Si vamos a una ciudad, nos explican los itinerarios que tenemos que seguir; si entramos en un museo, los cuadros ante los que debemos detenernos; en nuestra vida afectiva, cómo evitar el sufrimiento; si se trata de nuestros hijos, cómo comportarnos para que nos dejen dormir. Todo debe ser fácilmente sustituible, nuestras lecturas, nuestros amantes, las ciudades que visitamos, las salas de los museos. Los hombres y las mujeres actuales viven sin apenas poner límites a sus deseos, y sin embargo pocas veces han tenido menos cosas que contarse. La ausencia de relatos define su convivencia, y la política actual es el ejemplo más visible de esta dolorosa carencia. La crisis de la cultura del relato oculta, una crisis más honda: esa pobreza de la experiencia de que habló Benjamin. Y la experiencia tiene que ver con la palabra y el relato, pues vivir es encontrar cosas que contar y compartir: el cuento de nunca acabar. La literatura es el trabajo de la ostra: toma un instante en apariencia banal y lo transforma en algo que tiene el poder de revelar lo que somos. Por eso dice Proust que “la verdadera vida, la única vida realmente vivida es la literatura. Gracias a ella se nos revela el mundo. Sin la literatura, nuestra propia vida nos sería desconocida”.

GUSTAVO MARTÍN GARZO, Las vírgenes suicidas, El País, 19 de febrero de 2012, pp. 33 y 34.

martes, 21 de febrero de 2012

TE CONOZCO, MASCARITA, Augusto Monterroso



TE CONOZCO, MASCARITA

   El humor y la timidez generalmente se dan juntos. Tú no eres una excepción. El humor es una máscara y la timidez es otra. No dejes que te quiten las dos al mismo tiempo.

AUGUSTO MONTERROSO, Movimiento perpetuo, Seix Barral, Barcelona, 1981, p. 63.

lunes, 20 de febrero de 2012

ORACIÓN POR MIS PADRES, Jesús Aguado

ORACIÓN POR MIS PADRES
        
Desde antes de nacer os amaba en los árboles
y en las vías del tren y en las ventanas.
Desde antes de nacer ya nací en vuestros ojos
que miraban las cosas
que yo también vería alguna vez:
los ríos y las casas, la oscuridad y el eco,
los pasos en un suelo de madera, la comida caliente,
el estremecimiento, la compasión, las risas.
Nací de vuestros ojos mirándose en los ojos de la vida.
De vuestra luz de estrella guiando al navegante que llegaría a ser.
De vuestra fe en el tiempo y los abrazos.
Desde antes de nacer os amaba en vosotros,
emboscado en vosotros, creciendo con vosotros:
ni semilla siquiera de futuro
pero sintiendo ya que me cuidabais como el aire a sus aves;
sin nombre todavía
aunque todas las cosas me nombraban ya a mí.
Qué feliz coincidencia la que me trajo al ser:
vuestros ojos cruzándose en un baile,
vuestras manos brotando en el humus regado del deseo,
vuestras palabras limpias construyendo un camino en el que yo
dejaría muy pronto mis huellas diminutas.
Qué feliz coincidencia estar aquí, ser esto, tener sitio.
Solo por eso os amaría
como un volcán al centro de la tierra,
como una ley a sus repeticiones,
como una cuna a su bebé dormido.
Nací, y fue para siempre, de vuestra alfarería,
del barro del azar y del amor
en el que moldeasteis mis piernas y mis sueños.
Os doy las gracias y también le doy las gracias al sentido
que dicta el crecimiento de las uñas
y el magma en espiral de las constelaciones.
Os doy las gracias por ponerme un pie
en el Origen y el otro en el Fin,
por hacerme misterio y recorrido y reflejo y distancia y este punto.
Os doy las gracias por haber creído en la difícil posibilidad
de que yo alguna vez leyera libros
o de que el vino rojo bajara por las suaves comisuras de mi amada
hasta mi lengua temblorosa
o de que comprendiera esa antigua verdad que enuncia un barco por un río.
Sin vosotros me hubiera perdido el Universo,
las ensaladas, los amigos, el otoño en el sur,
los cuentos de vampiras, el sexo en catarata,
los colores, la luz, el humor, los jerseys.
Sin vosotros no hubiera hallado ningún yo para vestirme
y estaría ambulando por la Nada,
un fantasma del No, un círculo intrazado, un vacío vacío.
Os doy las gracias por haberme rescatado del Nunca y del Jamás.
Y le pido a esta mesa
y a la sonrisa de esa niña que juega en el jardín
y al chillido del mono que me exige las sobras
y a la higuera feraz y a las ardillas
y a las nubes lentísimas que aplacan el ardor de mi mirada
y al bolígrafo azul y a la página en blanco
y a los cojines rojos y a los ventiladores:
le pido al mundo y a las cosas que
os cuiden a vosotros tan bien como vosotros me habéis cuidado a mí.
Que os cuiden con el mismo amor que ya os tenía
desde antes de nacer en vuestros ojos.
        
         JESÚS AGUADO, Poesía reunida, Vaso roto, Madrid, 2011, 417-418.

domingo, 19 de febrero de 2012

MARYLIN, Norah Scarpa Filsinger


MARYLIN

   Me enamoré de ella —perdidamente, como se dice— de pie sobre el respiradero del subte, volándosele las faldas, el pelo platinado y los labios carmín. Un día me tomé una caja de barbitúricos, mientras ella fornicaba con el hombre más poderoso de la tierra.
   No vino al funeral.

NORAH SCARPA FILSINGER, Cuentas de maíz, Macedonia, Morón, 2010, p. 19.

sábado, 18 de febrero de 2012

ELENITA, CARTAS, PALMAS, AGUA, Sandra Cisneros


ELENITA, CARTAS, PALMAS, AGUA
      
   Elenita, la bruja, limpia la mesa con un trapo porque Ernie, que estaba dando de comer al bebé, ha derramado el Kool-Aid. Le dice: Llévate de aquí a ese crío loco y bébete el Kool-Aid en la sala. No ves que estoy ocupada.
   Ernie se lleva al bebé a la sala, donde Bugs Bunny sale por la televisión.
   Suerte que no viniste ayer, dice ella. Ayer estaban todos los planetas mezclados.
   Su televisor es grande y en color y todos sus muebles, muy bonitos, son de peluche rojo como los ositos que regalan por carnaval. Los tiene cubiertos de plástico. Creo que es por el crío.
   Sí, es una suerte, le contesto.
   Pero nos quedamos en la cocina porque es donde ella trabaja. Encima de la nevera hay cantidad de cirios, algunos encendidos, otros no, rojos y verdes y azules, un santo de escayola y una cruz de Domingo de Ramos llena de polvo y una foto de la mano vudú pegada con cinta a la pared.
   Trae el agua, me dice.
   Voy al fregadero y cojo el único recipiente limpio, una jarra de cerveza en la que se lee que es la cerveza que hizo famosa a Milwaukee, y la lleno de agua caliente del grifo y luego dejo la jarra en el centro de la mesa, como ella me enseñó.
   Míralo: ¿ves algo?
   Pero yo sólo veo burbujas.
   ¿Ves la cara de alguien?
   No, sólo burbujas, le digo.
   Esta bien, y hace la señal de la cruz sobre el agua tres veces y luego empieza a barajar las cartas.
   Estas cartas no son como las que se usan para jugar. Son raras, con hombres rubios montados en caballos y con bates de béisbol rarísimos con espinas. Copas doradas, mujeres de aspecto triste vestidas con trajes pasados de moda, y rosas que lloran.
   Están pasando un buen show de Bugs Bunny por la tele. Lo sé, ya lo había visto y he reconocido la música y me gustaría sentarme en el sofá de plástico con Ernie y el crío, pero ahora empieza mi buenaventura. Mi vida entera sobre esa mesa de cocina: pasado, presente, futuro. Luego ella me coge la mano y me mira la palma. La cierra. Cierra también los ojos.
   ¿Lo sientes? ¿Sientes el frío?
   Si, le miento, pero solo un poco.
   Bien, dice. Los espíritus están aquí. Y empieza.
   Esta carta, la del hombre Oscuro con un caballo negro, significa celos; y ésta, pena. Esto, una columna de avispas, y eso es un colchón de lujo. Irás pronto a una boda y ¿has perdido un anda? Si, un anda. Está claro que eso es lo que significa.
   ¿Dice algo de una casa?, le pregunto, porque es a esto a lo que he venido.
   Ah, sí, un hogar en el corazón. Veo un hogar en el corazón.
   ¿Es la casa?
   Eso es lo que yo veo, dice, y luego se levanta porque los niños se están peleando. Elenita se levanta para pegarles y luego abrazarlos. Los quiere de verdad, sólo que a veces son un poco brutos.
   Vuelve y se da cuenta de que estoy decepcionada. Es una bruja y sabe muchas cosas. Si te duele la cabeza, tienes que frotarte la cara con un huevo frío. ¿Necesitas olvidar un viejo amor? Coge una pata de pollo, átala con una cuerda roja, voltéala sobre tu cabeza tres veces y luego quémala. ¿Los malos espíritus no te dejan dormir? Duerme con un cirio bendecido al lado durante siete días y luego, el octavo día, escupe. Y otras muchas cosas. Ahora mismo es capaz de ver que estoy triste.
   Niña, ya volveré a mirar si quieres. Y vuelve a mirar las cartas, palmas, agua y dice uh-uh.
   Un hogar en el corazón, tenía razón.
   Pero no lo entiendo.
   Una casa nueva, una casa hecha de corazón. Encenderé una vela por ti.
   Todo eso por los cinco dólares que le doy.
   Gracias y adiós y cuídate del mal de ojo. Vuelve el jueves, cuando las estrellas estén fuertes. Y que la virgen te bendiga. Y cierra la puerta.

SANDRA CISNEROS, Una casa en Mango Street, Ediciones B, Barcelona, 1992, pp. 95-98.

viernes, 17 de febrero de 2012

[ME ACUERDO...], Joe Brainard & Antoni Tapies

Me acuerdo de (lo estoy viendo) calcetines en el suelo, tirados por ahí después de usados. Parecían estar tan a gusto siempre.



JOE BRAINARD, Me acuerdo, Sexto piso, Madrid, 2009, página 104.

jueves, 16 de febrero de 2012

UN RELATO EMPEZADO, Wislawa Szymborska


UN RELATO EMPEZADO

Para el nacimiento de un niño el mundo nunca está preparado.
Nuestras naves no han regresado de Vinlandia.

El paso de San Gotardo está por cruzar.
Habrá que burlar la guardia del desierto de Thor
abrir camino hasta el centro de Varsovia por las alcantarillas,
buscar acceso al rey Haraldo el Pella 
y esperar la caída del ministro Fouche.
Sólo en Acapulco
volveremos a empezar.

Se nos ha agotado la reserva de vendajes,
de fósforos, argumentos, prensas hidráulicas y agua.  
No tenemos camiones ni el apoyo de los Ming.
Con este jamelgo no sobornaremos al sheriff.
Por ahora, sin noticias de los cautivos del Khan.
Nos urge una nueva cueva más cálida para el invierno
y alguien que conozca la lengua harari.

No sabemos quién en Nínive es de confianza,
qué condiciones propondrá el cardenal duque,
qué nombres yacen aún en el cajón de Beria.
Dicen que Carlos Martel atacará mañana.
Así las cosas, aplaquemos a Kéops,
alistémonos voluntarios,
cambiemos de religión,
finjamos ser amigos del dux
y no tener relación alguna con la tribu de Kwabe.

Se acerca la hora de encender las fogatas. 
Mandemos aviso telegráfico a la abuela de Zabierzów. 
Desanudemos las correas de la yurta.

Ojalá el parto sea fácil
y el niño crezca sano.
Que sea a veces feliz
y salve a saltos los abismos.
Que su corazón tenga aguante
y su mente vigile y alcance a ver lejos.

Pero no tan lejos
como para ver el futuro.
Ahorradle este don, poderes celestiales.

WISLAWA SZYMBORSKA, Paisaje con grano de arena, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997, pp. 171-172.

miércoles, 15 de febrero de 2012

[UNA COMETA ROJA... ], Chantal Maillard



   Una cometa roja desciende sobre el agua. De pronto es pájaro, de pronto pez que se sumerge en el río y queda, pequeña mancha arrugada, flotando entre las flores marchitas.
   El niño ha cortado el hilo. Pequeños dioses, los niños, que se desentienden de sus errores. Una vida que acaba es el fallo de un dios que juega a las cometas.

CHANTAL MAILLARD, Diarios indios, Pre-Textos, Valencia, 2005, p. 59.

martes, 14 de febrero de 2012

CANCIONES VI, Bernardo Atxga & Paul Willinki

CANCIONES VI

(Reggae de las mariposas)

Aquellas mariposas que volaban
hacia el interior de mar...
Aquellas mariposas que, por miles,
volaban por encima de las olas...

Se alejaron de la costa
como una pequeña nube
y, dejando atrás los barcos,
se perdieron a lo lejos;

Aquellas mariposas que volaban
hacia el silencio del mar...
No vayáis! No vayáis!
No encontraréis en ese mar
un lugar donde posaros;

No tiene islas, no tiene rocas,
Ese mar sólo tiene agua, oscura agua...


BERNARDO ATXAGA, Poemas & Híbridos, Plaza & Janés, Barcelona, 1997, p. 53.

lunes, 13 de febrero de 2012

[EN LA NEVERA...], Jesús Aguado & Antonio López

En la nevera
he guardado tu foto.
Y ya no enfría.


JESÚS AGUADO, Poesía reunida, Vaso roto, Madrid, 2011, página 427.

domingo, 12 de febrero de 2012

TOKIO, Twiggy Hirota



TOKIO
  
   El animal respira, latiendo como el beso de una piragua que circula por las venas de Shikoku, hasta llegar al mar; desde allí se divisa el olor de la megalópolis, vívido y enorme, lejano y práctico, sin exceso de grasa, con sus arterias para viajar, sus brazos para fabricar tecnología, su cerebro achatado y lleno de cables y tornillos, sus orejas de duende plagadas de pantallas con imágenes en movimiento, sus ojos rasgados y precavidos, por si acaso llegan los terremotos, que no son más que gases aguantados durante mucho tiempo; sus límites acuáticos y sus peces que circulan entre venas, linfocitos y pulmones que reclaman, todavía, más paz; el animal, siempre en expansión, nunca duerme, le gusta la noche y sabe que, siendo familia del dragón, con su lengua de fuego podrá hacer un corte de mangas a las noches oscuras; por eso no ronca, solo suspira y se expande, solo permite que sus plaquetas y glóbulos rojos y blancos vivan en perfecta sintonía, ciudadanos de pelo medio, siguiendo el ritmo del corazón, los impulsos de la inspiración y la espiración, al contacto con el agua que salta cuando los barcos que entran en el puerto de Yokohama escupen a los marineros en brazos de las geishas.


LEANDRO HERRERO, TWIGGY HIROTA & MATEO DE PAZ, Hormigas y huesos, Edaf, Madrid, 2007, 146 páginas.

sábado, 11 de febrero de 2012

TONTO, Roberto Moso



TONTO

   Aquel mierda se había atrevido a llamarle tonto. Lo hizo con un hilillo de voz y otro de sangre manando de su bocaza, pero lo hizo. Así que él, el más guay de la clase, no podía dejar de vengarse. Cada vez que se acordaba de aquel momento, maquinaba una nueva manera de humillarle. Acompañado de sus sicarios le había tirado los libros al río, le había manchado de tinta el asiento, le había escupido y manteado hasta la saciedad... Pero el más guay de la clase aún no sentía que fuera suficiente. Decidió dar un paso más y grabó su última paliza con el móvil para colgarlo en Youtube.
   En los días posteriores el mundo entero se le cayó encima. Le llamaron delincuente, criminal, asocial, pero nada le dolió tanto como aquel inmenso clamor que amplificaba la evidencia: TONTO.

ROBERTO MOSO, Polvo: Relatos liofilizados de pompas de papel, Erein, San Sebastián, 2010 p. 173.

viernes, 10 de febrero de 2012

SIRENAS, Ángel González & Valeria Docampo

ÁNGEL GONZÁLEZ & VALERIA DOCAMPO, Sirenas, Veintisiete letras, Madrid, 2011.

***


SIRENAS

En un acantilado solitario,
una noche de junio,
a la difusa luz del plenilunio,
presencié un episodio extraordinario.
A mi vera,
dos sirenas de cuerpo adolescente
y larga cabellera
surgieron de las aguas de repente
y empezaron a hablar de esta manera:

—Ola, ola, ola, ola.
—¿Qué ola tienes tú?
—Tres delfines y mero.
—Vas atrasada un barbo y siete ostras.
—¿Tienes alga que hacer?
—No tengo nalga pero traigo cola.
—Podríamos acercarnos
de aquel barco velero hasta la popa
y cantar a dos voces canciones
que a las tripulaciones vuelvan locas.
—Es divertido ver a los marinos
arrojándose al agua por la borda,
pero ahora estoy citada
con un tritón barbado que me ronda.
—Entonces, nada, nada, nada.
Volveré a verte dentro de una ola.
—Si no voy,
te dejaré un mensaje en una caracola.
—¿Y qué más?
—Solo sal.
—Y tú sal sola.
—Ola, ola y adiós.
—Adiós y ola, ola, ola.
Así se despidieron, y nadando
no sé hacia qué marítimos confines,
se fueron las sirenas alejando
escoltadas por ágiles delfines.
Yo me quedé pensando:
si les hubiese dado por cantar
habría tenido que tirarme al mar.

En un acantilado solitario,
una noche de junio,
a la luz difusa del plenilunio,
presencié un episodio extraordinario.
A mi vera,
dos sirenas de cuerpo adolescente
y larga cabellera
surgieron de las aguas de repente
y empezaron a hablar de esta manera:
 

—Ola, ola, ola, ola.
—¿Qué ola tienes tú?
—Tres delfines y mero.
—Vas atrasada un barbo y siete ostras.
—¿Tienes alga que hacer?
—No tengo nalga pero traigo cola.
—Podríamos acercarnos
de aquel barco velero hasta la popa
y cantar a dos voces canciones
que a las tripulaciones vuelvan locas.
—Es divertido ver a los marinos
arrojándose al agua por la borda,
pero ahora estoy citada
con un tritón barbado que me ronda.

Así se despidieron, y nadando
no sé hacia qué marítimos confines,
se fueron las sirenas alejando
escoltadas por ágiles delfines.
Yo me quedé pensando:
si les hubiese dado por cantar
habría tenido que tirarme al mar.

jueves, 9 de febrero de 2012

FÚTBOL, David Lagmanovich



FÚTBOL

   En un descampado de los tantos del pueblo (abundaban más que las casas), a mitad de camino entre la estación donde pocos trenes se detenían y la vivienda miserable, los chicos jugaban un partido de fútbol. Todo era improvisado: el arco, la pelota, los desparejos cuadros de jugadores. La edad promedio podría estar entre los siete y los ocho años. Mi hermano, muy superior en su estatura de 10 años, tres más que yo, capitaneaba a los “Defensores de River Plate”, empeñados en vencer a los admiradores de otro equipo que no queríamos nombrar. Había cinco o seis jugadores por bando; en el mío me tocaba ser uno de los delanteros. Un contrincante me asestó una feroz patada en la pantorrilla, que me dolió especialmente porque el chico —uno de la familia Alfonso, según recuerdo— calzaba Zapatos, a diferencia de las modestas alpargatas de todos los demás, Me tiré a llorar a un costado de la canchita. Mi hermano ya entonces era pragmático: “No llores, durante el resto del partido serás el público”, Me consoló.


DAVID LAGMANOVICH, Historias del Mandamás, Macedonia, Morón, 2009, p. 28.

miércoles, 8 de febrero de 2012

VESTIMENTA, Wislawa Szymborska


VESTIMENTA
        
Te quitas, nos quitamos, os quitáis
abrigos, chaquetas, americanas, blusas
de lana, algodón, mezcla de poliéster,
pantalones, faldas, calcetines, lencería,
ponemos, colgamos, en los respaldos
de las sillas o en las alas de los biombos;
de momento, dice el médico, no es grave,
vístase, descanse, unos días de vacaciones,
tomar en caso de, antes de acostarse, después de las comidas,
volver dentro de tres meses, dentro de un año;
ya ves, y ni creías, y temíamos,
suponíais, él sospechaba;
anudar, abotonar, abrochar con manos trémulas
cordones, corchetes, cremalleras, hebillas,
cinturones, botones, cuellos y corbatas,
y sacar de las mangas, de bolsos y bolsillos
la larga bufanda ajada, a lunares, a rayas, floreada, a cuadros:
su utilidad acaba de ser prorrogada.

WISLAWA SZYMBORSKA, Paisaje con grano de arena, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997, p. 149.

Fotografía: MICHIKO KON

martes, 7 de febrero de 2012

HALTEROFILIA, Pedro Caridad Cauti



HALTEROFILIA
        
yo tengo un tambor donde oculto la belleza
        
del mismo modo que los odres hospedan el buen vino
así también el cuero da aposento a la sal de la tierra
        
tensaré mi arco para que el dardo vuele
mis muslos son demasiados hermosos
como para sentir tal fuerza yo
que veo como huye herido el ciervo de plata
que esculpiera el orfebre
        
tú que lo eres todo
deja que mis humildes manos tañan eternamente
porque sin ti, mi señor,
yo tan sólo soy yo mismo
y el único don que otorga el silencio es mi vacío

lunes, 6 de febrero de 2012

QUIÉN SABE, Vladimir Holan


QUIÉN SABE

Cuando llueve, las montañas son uno de los indicios
de suavidad seca.
Pero quién sabe si buscados
como la sombra durante la siega,
no oímos solamente la hoja marchita
de no estar hojeando un libro demasiado viejo,
de no recordar la sutura craneal del rayo
y de no llover en el futuro.

VLADIMIR HOLAN, Pero existe la música, Icaria, Barcelona, 1996, p. 93.

domingo, 5 de febrero de 2012

MUJERES, Roberto Moso



MUJERES

   Una mujer fuma nerviosa al borde de la carretera. Apenas lleva ropa. Sólo un par de piezas de lencería, en principio incongruentes con sus botas altas de tacón. Sus labios son rojo cereza, su pelo amarillo limón.
Justo enfrente una musulmana espera al autobús. Apenas tiene los ojos en contacto con el aire. Cubierta por tantas telas negras su aspecto evoca las amenazantes figuras de la Semana Santa.    
   "Pobre mujer, no decide por sí misma". Han pensado de forma casi simultanea.


ROBERTO MOSO, Polvo: Relatos liofilizados de pompas de papel, Erein, San Sebastián, 2010 p. 117.

sábado, 4 de febrero de 2012

[LA POESÍA ES...], Ángel Crespo



   La poesía es como un niño que juega en la playa con un cubro y una pala. Un sabio que se pasea meditando repara en él y le dice: ¿Cómo pretendes, criatura, sacar toda el agua del mar con un cubo de juguete? ¿No ves, hijo, que es imposible? Y el niño le responde: Yo no pretendo sacar el mar, sino quitarle un poco de sed a la arena.

   La poesía es como ese sabio, si se hubiera puesto a echar arena al mar.

ÁNGEL CRESPO, Aforismos, Huerga y Fierro, Madrid, 1997, página 28.

viernes, 3 de febrero de 2012

[DE TODOS LOS PLACERES...], Ricardo Menéndez Salmón





   De todos los placeres que conoce el hombre, ninguno mayor que el de causar dolor. La contemplación de la belleza o el trance del amor físico no pueden compararse con el goce de quebrar un hueso. Y el hecho de que los filósofos no hayan encontrado todavía una razón convincente, decisiva, irrefutable, para justificar esta característica de la naturaleza humana, es uno de los misterios más hondos que existen. Porque el hombre levanta puentes, domestica selvas o resuelve problemas matemáticos planteados hace cientos de años, pero todo su genio, toda su paciencia y todo su fervor palidecen ante el enigma de su maldad.

RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN, La noche feroz, Seix Barral, Barcelona, 2001, p. 68.

jueves, 2 de febrero de 2012

UNA CASA PROPIA, Sandra Cisneros



UNA CASA PROPIA

   Un piso, no. Un apartamento trasero, no. La casa de un hombre, no. La de un padre, no. Una casa toda mía. Con mi porche y mi almohada, mis bellas petunias púrpura. Mis libros y mis cuentos. Mis dos zapatos esperándome junto a la cama. nadie a quien amenazar con un palo. Sin tener que recoger la basura de nadie.
   Sólo una casa silenciosa como la nieve, un espacio adonde ir, limpio como el papel antes del poema.



SANDRA CISNEROS, Una casa en Mango Street, Ediciones B, Barcelona, 1992, p. 1961.

miércoles, 1 de febrero de 2012

LAS RANAS (LA LECCIÓN DE ANATOMÍA), Svjetlan Junakovic


LAS RANAS (LA LECCIÓN DE ANATOMÍA)


   Desde mediados del siglo XVII se difunde la teoría científica del doctor Tulp (en el cuadro, primero por la derecha, con sombrero), basada en la idea dominante de que el cuerpo humano es mucho más complicado que el de la rana. La simplicidad de este último, garantía de una mejor funcionamiento y, en un último análisis, garantía de perfección, permitirá a las ranas alcanzar una posición preeminente en el proceso evolutivo.
   ¡Todo esto resulta evidente en el cuadro!
   Las miradas inteligentes de las ranas se disponen alrededor del cadáver, su atención en el seguimiento de las lecciones de anatomía, los ademanes de las presentes, son argumentos que sustentan dicha teoría.
   Pintado en 1632, este retrato múltiple permaneció escondido (¿quizá por culpa de los enemigos del doctor Tulp y su pensamiento?) hasta hace algunos años en que salió a la la luz durante unos trabajos de restauración en Amsterdam.