sábado, 26 de octubre de 2013

[LEWIS ESCRIBIÓ UNA CARTA...], Alice Munro


   Lewis escribió una carta al periódico. La primera parte, moderada y docta, describía la transformación de los continentes, la apertura y cierre de mares y los poco auspiciosos comienzos de la vida. Microbios antiguos, océanos sin peces y cielos sin aves. Florecimiento y destrucción, el reino de los anfibios, los reptiles, los dinosaurios; el cambio del clima, los primeros, pequeños mamíferos vacilantes. Ensayo y error, los primates tardíos y poco promisorios entrando en escena, los humanoides irguiéndose sobre las patas traseras y pergeñando el fuego, afilando piedras, marcando su territorio y al cabo, en un arrebato reciente, construyendo barcas, pirámides y bombas, creando lenguas y dioses, sacrificándose y asesinándose unos a otros. Luchando por si el verdadero dios se llamaba Yahvé o Krishna (aquí el lenguaje empezaba a recalentarse) o si estaba bien o mal comer cerdo, hincándose de rodillas para aullar plegarias a un vejete domiciliado en el cielo y de lo más interesado en ganar guerras y partidos de fútbol. Por último, asombrosamente, deduciendo un puñado de cosas, empezando a saber algo sobre sí mismos ya el universo que habitaban, hasta decidir que más les convenía echar a la basura ese arduo conocimiento, traer de nuevo al vejete, obligar a todo el mundo a arrodillarse, predicar otra vez las antiguas estupideces y, por qué no, ya que estaban, restablecer la llanura de la Tierra.
    Atentamente, Lewis Spiers.
   El redactor jefe del periódico, que no era de la ciudad, acababa de graduarse en la Escuela de Periodismo. Estaba contento con el clamor y siguió publicando respuestas («Nadie burla a Dios», firmada por todos los miembros de la congregación de la Capilla de la Biblia; «Argumentos vulgares», del tolerante pero apenado pastor de la Iglesia unificada, a quien dolían especialmente los términos estupideces y vejete), hasta que el dueño de la cadena le comunicó que ese tipo de reyerta anticuada y extemporánea ahuyentaba a los anunciantes. A bajarla persiana, dijo.
   Lewis escribió otra carta, esta vez de dimisión.


ALICE MUNRO, "Consuelo", en Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio, RBA, Barcelona, 2003, pp. 111-112.
&
William Blake

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