domingo, 21 de diciembre de 2014

ABRIL, José Ángel Cilleruelo

ABRIL

   Como amapolas en los campos de cereales, los árbo­les de jacarandá motean la piel cetrina de la ciudad. Algo hay, sin embargo, en su extrovertida floración, descarada incluso, que no se comprende: la invisibi­lidad. A su alrededor vende algunos diarios el quios­quero, entra y sale gente de la boca del metro, pasan a la carrera los estudiantes, discuten dos empleados si aquella jugada fue o no penalti, camina cabizbaja la cajera del súper. Solo una niña se encandila con la sombra malva de un jacarandá. Reúne un monton­cito de pétalos en su manita. «Tíralos. Que ensu­cian», le riñe la madre.

JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO, Vitrina de charcos, Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2011, p. 88.
&
Claire Morel

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