sábado, 31 de mayo de 2014

PARTE DE GUERRA, Octavio Javier Bejarano

PARTE DE GUERRA

   Hastiado de rascar y rascar sobre el brazo, tomó el hombre una lupa y escudriñó en el punto rojo que se insinuaba en el sitio del escozor. Al acercar su ojo al cristal y el cristal a la epidermis vio, aterrado, el barco alejarse en el hilillo de sangre que corría por el antebrazo. Al intentar detallar más clavando su mirada, un disparo de cañón estalló contra la lente que, al saltar en mil pedazos, sacó de su órbita el ojo del intruso.

Octavio Javier Bejarano


GUILLERMO BUSTAMANTE ZAMUDIO & HAROLD KREMER, Antología del cuento corto colombiano, Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, 2006 (1994), p. 23. 

&
Óscar Sanmartín

viernes, 30 de mayo de 2014

LA LLAMADA DE LA ESCRITURA, Roger Wolfe

LA LLAMADA DE LA ESCRITURA

Necesidad de escribir, pero ¿de escribir qué?
Es bueno ser poeta. Pero la poesía
es una espera permanente; una sucesión
de tiempos muertos que de vez en cuando alumbra
la llama más o menos viva de una vela.
El escritor necesita sus cámaras y acción;
una continuidad gozosa de la idea en desarrollo.
Las palabras deben ser el río que nos lleve.
Hace tanto tiempo que no fluye este río
que ya dudo que un día sus aguas me arrastraran.
Dudo de mi nombre. Dudo de mis manos. Dudo
incluso de mi rostro; los espejos me devuelven sobresaltos.
Necesidad de escribir. Necesidad de volcarme
de nuevo en el caudal de la escritura.
Necesidad de escribir. Cualquier cosa. Lo que sea.
Ser pura corriente de caudalosa letra impresa.

ROGER WOLFE, Gran esperanza un tiempo, Renacimiento, Sevilla, 2013, p. 65.
&
Murielle Vanhove

jueves, 29 de mayo de 2014

[SE APAGAN LAS SONRISAS...], Ramón Gómez de la Serna

 

Se apagan las sonrisas como las luces.

Ramón Gómez de la Serna
&
Antoine Cordet


miércoles, 28 de mayo de 2014

[UNO SIEPRE ES...], Benjamín Prado

   Uno siempre es rehén de lo que odia.

BENJAMÍN PRADO, Pura lógica, Hiperión, Madrid, 2012, p. 111.
&
Friedrich Kunath


martes, 27 de mayo de 2014

MECANIZACIÓN, Alberto Hontoria Maceín


MECANIZACIÓN

   Las lavadoras despidieron a las lavanderas.
   Las grabadoras escamotean el sustento a los estenotipistas.
   Los semáforos roban el sueldo a los guardias de tráfico.
   La cortacésped hace en unas horas lo que hacía antes en un día una cuadrilla de jardineros.
   Hemos puesto un buzón de voz donde había una telefonista. Una expendedora de billetes donde había un encargado de taquilla. Un correo electrónico donde había un cartero. Un dispositivo que registra los precios de los consumibles donde había una cajera. Unos auriculares donde había unos instrumentistas tocando acordes en directo. Una alarma antirrobo donde había varios vigilantes jurado. Un telefonillo donde había un conserje. Una cámara donde había un retratista.
   Hemos puesto automatismos y la predeterminación de las pautas de las máquinas donde había volición y libre albedrío.
   ¿Cómo no va a haber paro si los oficios son devorados por los prodigios de la técnica?
   Qué decir de nosotros los homínidos, tan alejados de nuestros hermanos primates, que sustituimos en las faenas de desparasitación y aseo a otros homínidos por peines, secadores y botes de champú.



lunes, 26 de mayo de 2014

domingo, 25 de mayo de 2014

ALEJANDRO SAWA, Julio Camba


   Los periódicos madrileños se acuerdan de Alejandro Sawa con motivo del tercer aniversario de su muer­te. Yo pienso en Sawa con mucha frecuencia desde que estoy en París. Cuando bajo al Barrio Latino y entro en el d’Harcourt o en el Pantheon, me parece que la sombra de Sawa viene de mi brazo, que se sienta enfrente de mí y que pide una copa. Sawa ha sido un gran parisiense. Para que no le faltase nin­gún detalle de parisianismo, Sawa no era de París, ni siquiera de Francia. Era español, y era un gran es­pañol. Tenía todas las virtudes y todos los defectos españoles. Hablaba mucho y no hacía nada. Escribía mal y leía muy bien lo que escribía. Era infinitamen­te superior a su obra. Renegaba de España...
   Hubiera podido ser un gran literato, un gran po­lítico o un gran orador, y no fue nada. París lo mató. Sawa creía que lo importante era ser un parisiense, y en vez de ser un gran orador, un gran escritor o un gran político, fue un gran parisiense. Para Alejandro Sawa, el hecho de vivir en París tenía mucha im­portancia. Últimamente, en Madrid, todo su orgu­llo consistía en pronunciar el español con un acento francés. Se dejó contaminar de todos los vicios de París, y se echó a perder en plena juventud. París fue para Sawa —y para muchos otros— como uno de esos amigos que le llevan a uno de juerga. Se dejaba corromper por París, y no se daba cuenta de que Pa­rís es un pueblo que, si se divierte, también trabaja; y que, si está en la calle hasta las cinco de la mañana, a las ocho se va a la oficina. Sawa no conoció París en la oficina, sino en el d’Harcourt y en Montmartre. Cogió sus defectos y despreció sus virtudes. Fue una víctima de París.
   París, a su vez, fue un poco víctima de Alejandro Sawa; Alejandro Sawa hizo aquí cosas extraordina­rias. En un kiosco de necesidad del Barrio Latino lle­gó a deber treinta duros. No hay un caso comparable.
   Alejandro Sawa se vino a París lleno de juventud y de gloria. Había escrito varios libros, y en vez d’ escribir otros, se instaló en París. En aquellos tiempos, el hecho de vivir en París constituía toda una ejecutoria literaria.
   —¿Qué hace Sawa? —se preguntaba la gente.
   —¡Vive en París!
   Y esto de decir «vive en París» era como si se dijera que estaba escribiendo el Quijote. Sawa fre­cuentaba a los escritores franceses de la época, en­tre los que gozaba de una gran consideración. Pasó algún tiempo. Comenzaron a establecerse relacio­nes comerciales entre Francia y España. París em­pezó a inundarse de viajantes de comercio. El hecho de vivir en París ya no tenía importancia literaria ninguna...
   Sawa se fue a Madrid. Se había dejado unas bar­bas y unas melenas que le asemejaban a Daudet. Te­nía dos perros, muchas pipas y un soneto inédito de Verlaine. Todos los muchachos que soñábamos con venir a París nos congregábamos en torno de Sawa. Su gran amigo de entonces era un zapatero, Cansi­nos, que escribía dramas filosóficos. Un día, Sawa recomendó un folleto del zapatero en un periódico semanal, que lo compró por cinco duros.
   El zapatero nos convidó en una taberna inmedia­ta a la Puerta del Sol. A la segunda copa, comenzó a decir que él era un explotado. A la quinta, dijo que eso de comprarle a él una obra por cinco duros cons­tituía una infamia. Sawa se indignó:
   —¿De cuándo acá, miserable villano, has podido aspirar a cambiar en cinco monedas de plata tu gra­mática ni tus ideas?
   Sawa era un gran orador; los borrachos hacían corro.
   —¡Muy bien! ¡Muy bien! —gritaban los borrachos, aplaudiendo a Sawa.
   —Convida a esta gente —le dijo Sawa al zapatero.
   Luego, Sawa se quedó ciego. Como vivía en plena literatura, se consolaba diciendo:
   —Después de todo, me alegro. Así ya no podré ver más los abominables dibujos de Juan Gris...
 
   Y un día, el gran Sawa se murió en la miseria más espantosa. ¡Pobre Sawa! Fue una víctima de sus pri­meros libros, y él valía mucho más que sus primeros libros. Fue una víctima de París, y él era muy supe­rior a París. Desde este París, que le ha matado, yo envío a su tumba un recuerdo cordial.

JULIO CAMBA, Caricaturas y retratos, Fórcola, Madrid, 2013, pp. 111-112.

sábado, 24 de mayo de 2014

[VERSOS LANZADOS...], Luisa Zamora

Versos lanzados
como flores, como golpes
al rostro de la vida.

Luisa Zamora
&
Dupont Dartevelle

viernes, 23 de mayo de 2014

[CIELO ESTRELLADO...], Manuel Villena

Cielo estrellado
en calma sobre tu piel.
Mi brújula, absorta.

Manuel Villena
&

jueves, 22 de mayo de 2014

CATORCE PASOS PARA LOGRAR ALGO EXTRAORDINARIO, Iván Teruel

CATORCE PASOS PARA LOGRAR ALGO EXTRAORDINARIO

   Primero:  se deben tener diez años. Segundo: se debe estar sentado en el sofá de casa. Tercero: se debe in­tentar hacer un globo pequeño con los restos de un globo roto. Cuarto: se debe estirar la goma de los extremos, acercarla a la boca y aspirar. Quinto: al as­pirar, el globo roto se debe escapar de los dedos y alojarse en la garganta. Sexto: se debe sentir la inte­rrupción violenta del flujo de aire. Séptimo: se debe percibir una asfixia sin matices. Octavo: se debe re­accionar levantando el cuerpo del sofá. Noveno: se debe caminar hacia la mesa y apoyar una mano sobre la misma. Décimo: se debe tener una conciencia transparente de estar muriendo. Undécimo: se debe es­cuchar, al fondo, a la madre y al hermano hablando en la cocina. Duodécimo: inesperadamente, se debe experimentar un sentimiento de aceptación ante lo irreversible y renunciar a toda lucha y dramatismo. Decimotercero: se debe permanecer de pie y en si­lencio.
   Decimocuarto: se debe aguardar, sereno, a que la muerte sobrevenga.

Iván Teruel

&
K. Ooms

miércoles, 21 de mayo de 2014

[EL ABURRIMIENTO...], Marina Perezagua

El aburrimiento es un caballo marrón hacia la muerte.



MARINA PEREZAGUA, Leche, Los libros del Lince, Barcelona, 2013, p. 148.
&
Eadweard Muybridge

martes, 20 de mayo de 2014

ELOGIO DE LA HERMANA, Wislawa Szymborska


ELOGIO DE LA HERMANA

Mi hermana no escribe poemas,
y probablemente ya nunca se pondrá a escribir poemas,
lo heredó de nuestra madre, que tampoco escribía poemas,
y de nuestro padre, que tampoco escribía poemas.
Y, aunque mis palabras suenen a texto de Adam Macedónski,
en mi familia nadie escribe poemas.

Los cajones de mi hermana no guardan viejos poemas,
en su bolso no hay poemas recién escritos.
Y cuando mi hermana me invita a comer,
sé que no lo hace con la intención de leerme sus poemas.
Sus sopas son deliciosas y carentes de ocultos significados.
Y el café no se derrama sobre los manuscritos.

En muchas familias nadie escribe poemas,
pero si uno de sus miembros empieza, suele sembrar el contagio.
A veces la poesía cae en cascada sobre las generaciones
y origina remolinos capaces de engullir sentimientos familiares.
Mi hermana practica una prosa aceptable
y su obra literaria se reduce a las postales turísticas
con un texto que cada año repite la misma promesa:
cuando vuelva
contará
todo
todito.


WISLAWA SZYMBORSKA, Paisaje con grano de arena, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997, p. 125.
&
Ernst Ludwig Kirchner

lunes, 19 de mayo de 2014

DE LA VIDA MONÁSTICA, Andrés Trapiello

DE LA VIDA MONÁSTICA

Sé igual que la raíz:
profundo, oculto y frágil.

ANDRÉS TRAPIELLO, Las tradiciones, La Veleta, Granada, 1991, página 274.
&
Frida Kahlo

domingo, 18 de mayo de 2014

TESIS SOBRE EL CUENTO IV, Ricardo Piglia


TESIS SOBRE EL CUENTO



IV

   En «La muerte y la brújula», al comienzo del relato, un tendero se decide a publicar un libro. Ese libro está ahí porque es imprescindible en el armado de la historia secreta. ¿Cómo hacer para que un gángster como Red Scharlach esté al tanto de las complejas tradiciones judías y sea capaz de tenderle a Lönrot una trampa mística y filosófica? Borges le consigue ese libro para que se instruya. Al mismo tiempo usa la historia 1 para disimular esa función: el libro parece estar ahí por contigüidad con el asesinato de Yarmolinsky y responde a una causalidad irónica. «Uno de esos tenderos que han descubierto que cualquier hombre se resigna a comprar cualquier libro publicó una edición popular de la Historia secreta de los Hasidim.» Lo que es superfluo en una historia, es básico en la otra. El libro del tendero es un ejemplo (como el volumen de Las 1001 noches en «El Sur»; como la cicatriz en «La forma de la espada») de la materia ambigua que hace funcionar la microscópica máquina narrativa que es un cuento.


RICARDO PIGLIA, Formas Breves, Anagrama, Barcelona, 2000.

sábado, 17 de mayo de 2014

[CAMINA Y PIENSA...], Emilio Gavilanes

Camina y piensa
el viejo en su niñez.
Nadie lo nota.

EMILIO GAVILANES, El gran silencio, Comares, Granada, 2013, página 53.
&
Martha Mosquera Arias

viernes, 16 de mayo de 2014

[LA PATRIA DEL AMOR...], Carlos Skliar


   La patria del amor son los gestos. No la espera.


CARLOS SKLIAR, Hablar con desconocidos, Candaya, Barcelona, 2014, página 57.
&

jueves, 15 de mayo de 2014

[EL VERDADERO CANTO DE LAS SIRENAS...], Marina Perezagua

 
   El verdadero canto de las sirenas no es una melodía, no es una voz ni un coro. El verdadero canto de las sirenas es el silencio.



MARINA PEREZAGUA, Leche, Los libros del Lince, Barcelona, 2013, p. 131.
&
Marc Chagall

miércoles, 14 de mayo de 2014

[NUNCA SERÁN EXCESIVAS...], Voltaire


Nunca serán excesivas las ocupaciones que nos busquemos en la vejez. Sólo así podemos consolarnos de los placeres que se nos hurta.

VOLTAIRE, Aforismos. Extraídos de la correspondencia., Hermida Editores, Madrid, 2013, página 16.
&
Chema Madoz

martes, 13 de mayo de 2014

LA MARIONETA, Javier Puche

LA MARIONETA

   Tras el accidente estrepitoso y fatal, la marioneta, que yacía inerte en mitad del asfalto, abrió los ojos y empezó a incorporarse con gran lentitud. Ya erguida, aun­que en precario equilibrio, avanzó unos metros por la carretera, sorteando cadáveres, hasta alcanzar la mano muerta de su dueño, donde entrelazó cuidadosamente sus hilos de nylon. Acto seguido, cayó desvencijada al suelo, cerrando los ojos para siempre.

Javier Puche


FERNANDO VALLS, Mar de pirañas, Menoscuarto, Palencia, 2012, p. 249.

lunes, 12 de mayo de 2014

[COMO UNA LLAGA...], Manuel Villena

Como una llaga
que engulle la dicha.
El vacío: la vida.

Manuel Villena
&
Kansuke Yamamoto

domingo, 11 de mayo de 2014

SONAJERO, Pablo Ferrer Herrero



SONAJERO


   El bebé es incapaz de dormir con el llanto de su padre.


Pablo Ferrer Herrero

sábado, 10 de mayo de 2014

[NUESTRAS DOS SOMBRAS...], Emilio Gavilanes

Nuestras dos sombras
—la joven me adelanta—
se dan la mano.


EMILIO GAVILANES, El gran silencio, Comares, Granada, 2013, página 13.
&
Julio Ojea


viernes, 9 de mayo de 2014

[VIEJOS SOMOS...], Abusaíd Abuljair

 

Viejos somos, mas si se halla el amor a nuestra vera,
el tiempo del gozo, la alegría y la gracia llega.
Con tu bucle de alcance, al cuello de la vida que se fue
lanzaremos un lazo para que vuelva.


ABUSAÍD ABULJAIR, Rubayat, Trotta, Madrid, 2003, página 61.
&
Susan Cutts

jueves, 8 de mayo de 2014

MEDITACIÓN DE UN VAMPIRO, Hipólito G. Navarro



MEDITACIÓN DE UN VAMPIRO

   En el campo amanece siempre mucho más temprano.
   Eso lo saben bien los mirlos.
   Pero tiene que pasar un buen rato desde que surge la primera luz hasta que aparece definitivamente el sol. Manda siempre el astro en avanzadilla una difusa claridad para que vaya explorando el terreno palmo a palmo, para que le informe antes de posibles sobresaltos o altercados. Luego, cuando ya tiene constancia de que todo está en orden, tal como quedó en la tarde previa, se atreve por fin a salir. Su buen trabajo le cuesta después recoger toda la claridad que derramó primero. Por eso se ve obligado a subir tan alto antes de caer, para que le dé tiempo a absorber toda esa luz y no dejar ninguna descarriada cuando se vuelva a hundir por el oeste.
   Luego en el campo, paradójicamente, se hace de noche también muy pronto.
   Los mirlos apagan sus picos naranjas y se confunden con el paisaje.
   Y agradecido yo, me descuelgo y salgo.

Hipólito G. Navarro

&

miércoles, 7 de mayo de 2014

[SE ATUSA EL PELO...], Manuel Villena


Se atusa el pelo
con torpe decoro.
Mujer con raíces.

Manuel Villena

martes, 6 de mayo de 2014

ENTREACTO, FC



te veo de bruces
aceitunas alfombran tu piel
abro la contraventana
para que la luz tenue te arrope verde



ENTREACTO


FC, Piel, Arnao, Madrid, 1985, p. 14.
&
Jean Jacques Henner

lunes, 5 de mayo de 2014

[EL ÚNICO ASUNTO...], Voltaire


El único asunto del que debemos ocuparnos es de vivir felices.


VOLTAIRE, Aforismos. Extraídos de la correspondencia., Hermida Editores, Madrid, 2013, página 32.
&
Carole Feuerman

domingo, 4 de mayo de 2014

[EL GENIO ES..], Marina Perezagua

 

El genio es una garrapata que no agarra en cualquiera.

MARINA PEREZAGUA, Leche, Los libros del Lince, Barcelona, 2013, p. 64.
&
Kansuke Yamamoto

sábado, 3 de mayo de 2014

EL PRETENDIENTE, Jonas Jonasson

EL PRETENDIENTE

   Allan no dividía a la gente por colores y siempre había creído que los discursos del profesor Lundborg eran, cuando menos, estrafalarios. En cambio, hacía tiempo que sentía curiosidad por conocer a su primer negro, o negra, le daba igual. Por eso, soltó un suspiro de anhelo cuando leyó en el diario que Joséphine Baker actuaría en Estocolmo, aunque tuvo que conformarse con Esteban, su blanco aunque oscuro colega español en la técnica de los explosivos.
   Se llevaban bien. De hecho, compartían un cuchitril en el ala de la fábrica destinada a alojar a los obreros. Esteban le habló de sus dramáticas circunstancias. Había conocido a una chica en Madrid, durante unas fiestas, y había iniciado con ella una relación más o menos inocente, ignorando que se trataba de la hija del mismísimo dictador Miguel Primo de Rivera, un hombre con el que nadie se atrevía a discutir. Gobernaba el país como le daba la gana y hacía lo que quería con el desvalido rey. Pero ¡su hija era increíblemente bella!
   Naturalmente, los orígenes obreros del pretendiente no fueron del agrado del potencial suegro. Y así, en la primera y única reunión que Esteban mantuvo con Primo de Rivera, éste le hizo saber que tenía dos alternativas. La primera era marcharse cuanto más lejos mejor del territorio español, y la segunda, recibir, en ese mismo momento y lugar, un balazo en la nuca.
    Mientras Primo de Rivera le quitaba el seguro a su fusil, Esteban contestó que se decidía por la primera alternativa y salió rápidamente de la estancia reculando, sin mostrarle ni por un instante la nuca al fallido suegro ni lanzar una sola mirada a la sollozante muchacha.
    «Cuanto más lejos mejor», pensó Esteban, y emprendió viaje hacia el norte, cada vez más al norte, hasta que llegó a un lugar tan al norte que los lagos se helaban en invierno. Entonces se dijo que eso debería bastar. Y allí llevaba desde entonces. Había conseguido el empleo en la fundición tres años atrás gracias a la ayuda de un sacerdote católico que le había hecho de intérprete y, que Dios lo perdonara, a una historia inventada según la cual en España había trabajado con explosivos, cuando la verdad era que en su país se había dedicado, sobre todo, a recoger tomates.
   Con el tiempo, Esteban aprendió a hacerse entender en sueco y se convirtió en un técnico en explosivos bastante competente. Y ahora, gracias a Allan, en un gran profesional.


JONAS JONASSON, El abuelo que saltó por la ventana y se largó, Salamandra, Barcelona, 2012, pp. 79-80.

viernes, 2 de mayo de 2014

CORAZÓN, Ana Gorria

CORAZÓN

Golpe tras golpe,
como pólvora seca
sobre la escarcha.

Ana Gorria
&
Borja Girón

jueves, 1 de mayo de 2014

LA HUELLA DEL FANTASMA, Rafael Argullol



El deseo no tiene pasado; es presente puro. Perdido el deseo, perdemos también la memoria del deseo y únicamente acertamos a recordar algo tan vago como la huella de un fantasma sobre la arena.

(La huella de un fantasma)

RAFAEL ARGULLOL, El cazador de instantes. Cuaderno de travesía (1990-1995), Acantilado, Barcelona, p. 72.
&
Susana Simón