Mostrando entradas con la etiqueta BILLY COLLINS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta BILLY COLLINS. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de octubre de 2019

OLVIDO, Billy Collins




OLVIDO

El nombre del autor es lo primero que se va
dócilmente seguido por el título, la trama,
el desenlace desgarrador y, en suma, la novela entera
que, de golpe, se convierte en una que no has leído, de la que ni siquiera has oído hablar,

como si, uno por uno, los recuerdos que albergabas
hubieran decidido retirarse al hemisferio sur del cerebro,
a un pequeño pueblo de pescadores donde no hay teléfono aún.

Hace tiempo que despediste de los nombres de las Nueve Musas
y observaste cómo hacía su maleta la ecuación de segundo grado
e incluso ahora, al querer recordar el orden de los planetas,

más cosas se esfuman, la flor de un estado, tal vez,
las señas de un tío, la capital de Paraguay.

Lo que sea que estés intentando recordar,
no lo tienes en la punta de la lengua;
ni siquiera se te esconde en cualquier oscuro rincón del bazo.

Se ha ido flotando por un tenebroso río mitológico
cuyo nombre comienza por L, si mal no recuerdas,
camino de tu propio olvido, donde te reunirás con aquellos
que incluso se han olvidado de nadar y montar en bicicleta.

No es entonces de extrañar que te levantes a medio noche
para buscar la fecha de una batalla famosa en un libro de Historia.
No es entonces de extrañar que la luna que ves por la ventana parezca haberse escapado
desde un poema de amor que antes te sabías de memoria.


BILLY COLLINS, Poemas, Valparaíso, Granada, 2018, pp. 19-21.

Traducción: Juan José Vélez Otero
&
William Utermohlen

martes, 24 de agosto de 2010

OTRO POEMA DOMÉSTICO, Eduardo Chirinos


OTRO POEMA DOMÉSTICO


Y bien, aquí estamos de nuevo. Yo, sentado
frente al ordenador, sin bañarme. Tú,
como siempre, detrás de la pantalla, haciéndome
gestos en la música, nadando en el café ya frío.
Por la ventana veo caer la nieve. No le presto
atención, hace tiempo dejó de ser metáfora.
Pronto volverá Jannine de la universidad.
Si en diez minutos no apareces
me iré a tender la cama, a darme una ducha,
a calentar el almuerzo. Tal vez entonces
te vea dormida entre las sábanas, en las gotas
que resbalan en la cortina del baño, dejando
mensajes en la borra del café. Ya lo sabes:
si te escondes, bien; si vienes, bien. La paciencia
es una virtud que se gana con los años. Cuando
llegue Jannine le diré que he perdido la mañana.
Me dirá sonriendo que no importa, y será suficiente
para volver a empezar. Lo malo de la poesía
—dijo Billy Collins— es que anima a escribir más poesía.


EDUARDO CHIRINOS, Mientras el lobo duerme, Visor, Madrid, 2010, página 11

martes, 6 de julio de 2010

CONSUELO, Billy Collins

CONSUELO


Qué agradable resulta no estar en Italia este verano,
trotando por sus ciudades y escalando sus tórridos pueblos de montaña.
Cuánto mejor es pasear por estas calles locales, familiares,
y comprender, sin atisbo de duda, el significado de sus señales de tráfico y sus carteles,
y el de los gestos repentinos de mis compatriotas.

Aquí no hay abadías, ni frescos en trance de desmoronarse, ni cúpulas
famosas, como tampoco necesidad de memorizar listas
de reyes, ni de visitar los rincones, rezumanres de humedad, de mazmorra alguna.
No es menester contemplar sarcófagos, ni la exigua cama
de Napoleón en Elba, ni huesos de santos en urnas de cristal.

Cuánto mejor es gobernar el sencillo distrito del hogar
que verse empequeñecido por pilares, arcos y basílicas.
¿Por qué enterrar la cabeza en libros de frases o mapas arrugados?
¿Por qué alimentar con paisajes a una cámara hambrienta, polifémica,
ansiosa por devorar el mundo, monumento tras monumento?

En lugar de desparramarme en un café, sin saber cómo se dice «hielo»,
me dirigiré a la cafetería y luego a la camarera,
que atiende por Dot. Me sumergiré en la corriente del periódico
matutino, libre de barreras lingüísticas,
y veré a los ríos del idioma fluir sin oposición, mientras llegan los
huevos fritos por ambos lados.

Y, después del desayuno, no tendré que buscar a nadie
que me fotografíe pasando el brazo por el hombro del propietario.
No tendré que desentrañar la cuenta, ni consignar en un diario
lo que acabo de comer o cómo entraba el Sol por la ventana.
Basta con volver a meterse en el coche,

como si fuera el gran vehículo del Inglés,
tocar el estridente claxon vernáculo y acelerar
por una carretera que nunca llevará a Roma, ni siquiera a Bolonia.



BILLY COLLINS, Navegando a solas por la habitación, DVD, Barcelona, 2007.

sábado, 17 de abril de 2010

LOS MUERTOS, Billy Collins

LOS MUERTOS


Los muertos siempre nos miran, dicen,
cuando nos ponemos los zapatos o preparamos un bocadillo;
nos miran por el suelo de cristal de los barcos del cielo,
mientras bogan lentamente por la eternidad.

Ven nuestras coronillas moverse en la Tierra
y, cuando nos tumbamos en el campo o en un sofá,
narcotizados acaso por el zumbido de una tarde calurosa,
creen que les devolvemos la mirada,

lo que les hace alzar los remos, callarse
y esperar, como padres, a que cerremos los ojos.


BILLY COLLINS, Navegando a solas por la habitación, DVD, Barcelona, 2007.

lunes, 4 de mayo de 2009

[EN LA CAMPANA DEL TEMPLO...], Yosa Buson / JAPÓN, Billy Collins

En la campana del templo,
centelleando,
una luciérnaga.


YOSA BUSON
JAPÓN


Hoy paso el tiempo leyendo
uno de mis haikus favoritos,
repitiendo sin cesar sus pocas palabras.

Es como comerse
la misma uva, pequeña y perfecta,
una y otra vez.

Paseo por la casa recitándolo
y dejo caer sus letras
en el aire de todas las habitaciones.

Me paro junto al enorme silencio del piano y lo digo.
Lo digo frente a la marina de la pared.
Tamborileo sus sílabas en un estante vacío.

Me escucho decirlo,
y luego lo digo sin escuchar,
y luego lo oigo sin decirlo.

Y, cuando el perro me mira,
me arrodillo en el suelo
y se lo susurro en ambas orejas, largas y blancas.

Es ése sobre la campana del templo,
que pesa una tonelada,
en cuya superficie duerme una polilla,

y, cada vez que lo digo, siento la insoportable
presión de la polilla
la superficie de la campana de hierro.

Cuando lo digo junto a la ventana,
la campana es el mundo
y yo soy la polilla que descansa en ella.

Cuando lo digo delante del espejo,
yo soy la pesada campana
la polilla es la vida con sus alas de papel.

Y después, cuando te lo digo a ti, a oscuras,
tú eres la campana
y yo soy el badajo que te hace repicar,

y la polilla ha echado a volar
y aletea en el aire, como una bisagra,
encima de nuestra cama.



BILLY COLLINS, Navegando a solas por la habitación, DVD, Barcelona, pp. 217-219.

miércoles, 29 de abril de 2009

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, Stéphane Heuet



Ninguna galleta mordisqueada por un novelista francés
podría retrotraerte al pasado tan de repente...

Billy Collins



DESVÍO POR OBRAS: http://sextopiso.com/esp/art_detalle.php?ida=72

miércoles, 22 de abril de 2009

VADEMÉCUM, Billy Collins

VADEMÉCUM


Quiero que las tijeras estén afiladas
y la mesa, perfectamente nivelada
cuando me cortes de la vida
y me pegues en ese libro que siempre llevas contigo.



BILLY COLLINS, Navegando a solas por la habitación, DVD, Barcelona, 2007, p. 81.

martes, 14 de abril de 2009

LEER POESÍA, Billy Collins / Benjamín Prado

INTRODUCCIÓN A LA POESÍA

Les pido que cojan un poema
y lo sostengan al trasluz,
como una diapositiva de colores,

o que peguen la oreja a su colmena.

Les digo que suelten un ratón en el poema
y que lo vean buscar la salida,

o que entren en la habitación del poema
y palpen las paredes en busca del interruptor.

Quiero que hagan esquí acuático
en la superficie del poema
y saluden al nombre del poeta que está en la orilla.

Pero lo que quieren hacer
es amarrar al poema a una silla
y torturarlo hasta que confiese.

Empiezan dándole con una manguera,
para averiguar lo que quiere decir en realidad.



BILLY COLLINS, Navegando a solas por la habitación, DVD, Barcelona, página 43.







48

Algunos leen un poema como esos niños que van al bosque a tirarle piedras a las ardillas.

BENJAMÍN PRADO, 100 veces mentira, en Ecuador (Poesía 1986-2001), Hiperión, Madrid, 2002, página 171.






ILUSTRACIÓN: Quint Buchholz, El coleccionista de momentos, Lóguez Ediciones.
DESVÍO POR OBRAS: http://www.loguezediciones.com/product_info.php?manufacturers_id=14&products_id=109&osCsid=e8e7487b1ef4cbf4538c3e97077e6169

jueves, 9 de abril de 2009

INSOMNIO, Billy Collins








INSOMNIO


Después de contar todas las ovejas del mundo,
enumero ñus, caracoles,
camellos, alondras, etc.

Luego añado todos los zoos y acuarios,
país por país.

Con las primeras luces, me duermo
y tengo una pesadilla: me ahogo en el Diluvio,
y le grito, sobreponiéndome al encrespamiento del agua,
a un consternado Noé, pero su arca
prodigiosa sigue empequeñeciéndose en la distancia.

Ya es sólo una silueta en el horizonte:
la única embarcación que queda en la Tierra está a punto de desaparecer.

Zarandeado por las olas,
me concentro en la pareja de jirafas,
cuyos cuellos sobrepasan el techo,
para impedir que mi vida desfile ante mis ojos.

Cuando los animales desaparecen de la vista,
hago el muerto, con los ojos cerrados,
y veo a todos los peces de la creación,
multicolores, especie tras especie,
saltar una valla, en un campo de agua.



BILLY COLLINS, Navegando a solas por la habitación, DVD, Barcelona, p. 31.

jueves, 3 de abril de 2008

EL CORDÓN, Billy Collins

EL CORDÓN

El otro día mientras me dedicaba a rebotar lentamente
por las paredes azules de esta habitación,
yendo de la máquina de escribir al piano,
de la estantería a un sobre que estaba en el suelo,
di a parar a la sección C del diccionario
donde mis ojos fueron a caer en la palabra cordón.

Ninguna galleta mordisqueada por un novelista francés
podría retrotraerte al pasado tan de repente—
un pasado donde me sentaba en un banco de trabajo en un campamento

junto al profundo lago Adirondack
aprendiendo a trenzar tiras finas de plástico
para hacer un cordón, un regalo para mi madre.

Nunca había visto a nadie usar un cordón
o llevar uno puesto, si eso es lo que se hacía con ellos,
pero eso no evitó que yo entrecruzara
hebra sobre hebra una y otra vez
hasta que hice un compacto
cordón rojo y blanco para mi madre.

Ella me dio la vida y leche de sus pechos,
y yo le regalé un cordón.
Ella me dio el pecho en más de una sala de espera,
me dio cucharadas de medicina,
colocó paños fríos en mi frente,
y luego me mostró el camino hacia la luz etérea

y me enseñó a caminar y nadar,
y yo, a cambio, la obsequié con un cordón.
Aquí tienes miles de comidas, dijo,
y aquí tienes ropa y una buena formación.
Y aquí tienes tu cordón, contesté,
que hice con un poco de ayuda del monitor.

Aquí tienes un cuerpo que respira y un corazón que late,
fuertes piernas, huesos y dientes,
y dos ojos limpios para leer el mundo, susurró ella,
y aquí, dije yo, está el cordón que hice en el campamento.
Y aquí, deseo decirle ahora
tienes un regalo más pequeño —no la ancestral verdad
de que nunca puedes corresponderle a tu madre,
sino el compungido reconocimiento de que cuando cogió
de mis manos el cordón a dos colores,
estaba tan seguro como pueda estarlo un chaval
de que esta cosa sin valor e inservible que trencé
de puro aburrimiento sería suficiente para quedar en paz con ella.



BILLY COLLINS, Lo malo de la poesía y otros poemas, Bartleby Editores, Madrid, 2007, pp. 63-65.