domingo, 7 de septiembre de 2008

[UN MATEMÁTICO...], José Luis Moreno Ruiz



   Un matemático, cansado de hacer operaciones complicadísimas, y a fin de lograr la evasión de su ardua tarea, se puso a repasar las alineaciones de un equipo de fútbol. Mas, como al decirse en voz alta el nombre de cada jugador apareciera en su mente, al tiempo, el número del dorsal que le correspondía, lanzó un cenicero contra la pantalla de su televisior. Nunca más —se dijo— volvería a contemplar la retransmisión de un partido de fútbol. Luego, nostálgico de aquel entretenimiento, cuando hacía operaciones usaba lápices de colores. Así, mirados a cierta distancia, tendrían los números la multicolor urdimbre de las camisetas de los equipos. Pero como acabase llamando a los números con el nombre de los porteros, de los defensas, de los medios y de los delanteros, como llamase al número cero —que dibujaba en negro— con el nombre de cualquier árbitro, se volvió loco y un día, en plena clase, recitó a sus alumnos varias alineaciones seguidas de equipos de fútbol. En el presente, entrena al equipo de fútbol de un asilo para dementes. Y cuando quiere explicar una táctica a seguir, por ejemplo para el lanzamiento de faltas a balón parado, designa a sus jugadores con un número... Un número que, para su asignación a los atletas dementes, decide luego de contar las pestañas que le faltan al loco... Tiene un problema, sin embargo, con las pestañas de los dementes albinos. Por eso los deja en el banquillo, de suplentes, aunque sean      chutadores formidables.

JOSÉ LUIZ MORENO RUIZ, Ángeles en mis cojones, Moreno Ávila, Madrid, 1989, pp. 147-148.

viernes, 5 de septiembre de 2008

[Potrillo...], Issa



Potrillo
Mete tu narizota
entre los lirios















Issa

jueves, 4 de septiembre de 2008

[Sé amable con las crías...], Issa




Issa








Sé amable con las crías
de gorriones:
¡te cagarán encima!





[El mar ya oscuro...], Basho




El mar ya oscuro.
Los gritos de los patos
apenas blancos.


Basho

[El ave en el agua...], Uejima Onitsura


El ave en el agua

parece pesada

y flota.

UEJIMA ONITSURA

DISCURSO DEL OSO, Julio Cortázar & Emilio Urberuaga





DISCURSO DEL OSO


   Soy el oso de las cañerías de la casa, subo por los caños en las horas de silencio, los tubos de agua caliente, de la calefacción, del aire fresco, voy por los tubos de departamento en departamento y soy el oso que va por las cañerías. Creo que me estiman porque mi pelo mantiene limpios los conductos, incesantemente corro por los tubos y nada me gusta más que pasar de piso en piso resbalando por los caños. A veces saco una pata por la canilla y la muchacha del tercero grita que se ha quemado, o gruño a la altura del horno del segundo y la cocinera Guillermina se queja de que el aire tira mal.
   De noche ando callado y es cuando más ligero ando, me asomo al techo por la chimenea para ver si la luna baila arriba, y me dejo resbalar como el viento hasta las calderas del sótano. Y en verano nado de noche en la cisterna picoteada de estrellas, me lavo la cara primero con una mano, después con la otra, después con las dos juntas, y eso me produce una grandísima alegría. Entonces resbalo por todos los caños de la casa, gruñendo contento, y los matrimonios se agitan en sus camas y deploran la instalación de las tuberías. Algunos encienden la luz y escriben un papelito para acordarse de protestar cuando vean al portero. Yo busco la canilla que siempre queda abierta en algún piso; por allí saco la nariz y miro la oscuridad de las habitaciones donde viven esos seres que no pueden andar por los caños, y les tengo algo de lástima al verlos tan torpes y grandes, al oír cómo roncan y sueñan en voz alta, y están tan solos. Cuando de mañana se lavan la cara, les acaricio las mejillas, les lamo la nariz y me voy, vagamente seguro de haber hecho bien. 



EMILIO URBERUAGA, Discurso del oso, Libros del zorro, Madrid, 2008.

JULIO CORTÁZAR, Historias de cronopios y de famas, Edhasa, Barcelona, 2007 (1962).

miércoles, 3 de septiembre de 2008

[En cable a tierra...], Andrés Neuman

En cable a tierra,
incendiada de luz,
la rosa urbana.


ANDRES NEUMAN, Gotas negras. Gotas de sal, Berenice, Córdoba, 2007, página 58.