lunes, 13 de diciembre de 2010

HALLELUJAH POR ENRIQUE MORENTE


ALELUYA

He oído que existe un acorde secreto
que David solía tocar, y que agradaba al Señor.
Pero tú realmente no le das mucha
importancia a la música, ¿verdad?
Era algo así como la cuarta, la quinta
cae la menor y sube la mayor.
El rey, confundido, componiendo un aleluya.

Aleluya…

Tu fé era fuerte, pero necesitabas una prueba.
La viste bañarse en el tejado.
Su belleza, y el brillo de la luna, te superaron.
Te ató a la silla de su cocina.
Rompió tu trono, y cortó tu pelo.
Y de tus labios arrancó un aleluya.

Aleluya…

Dices que tomé su nombre en vano.
No conozco siquiera su nombre.
Pero si lo hice, bueno, realmente, ¿qué significa para tí?
Hay un resplandor de luz
en cada palabra.
No importa la que hayas oído.
La sagrada o la rota. Aleluya.

Aleluya…

Hice lo mejor posible, no fue mucho.
No podía sentir, así que intenté tocar.
Dije la verdad, no te tomé el pelo.
Y aún así
todo salió mal.
Permaneceré ante la oración del Señor,
sin nada en mi lengua más que el aleluya.

Aleluya…

Leonard Cohen

ENRIQUE MORENTE (1943-2010), & LAGARTIJA NICK, Omega, Madrid, El Europeo, 1996.

viernes, 10 de diciembre de 2010

[SOY VENDEDOR DE LOTERÍA...], Max Aub

SOY VENDEDOR de lotería: es una profesión tan decente como otra cualquiera. Estaba seguro de que aquel 18.327 iba a salir premiado. Corazonadas que tiene uno. Se lo ofrecí a aquel joven bien vestido que estaba parado en la esquina. Entre otras cosas, era mi obligación. Se mostró interesado en los números que le enseñaba. Es decir, que me dio pie. Le ofrecí el 18.327. Se negó suavemente. Esa no es manera. Cuando no se quiere algo se dice de una vez. Yo insistí: era mi deber. ¿O no? Sonrió, incrédulo, como si estuviese seguro de que aquel número no había de salir premiado. Si yo hubiese creído que lo que quería era no comprar, no hubiera pasado nada. Pero cuando uno se interesa ya contrae una obligación. Se aglomeró la gente. ¿Qué iban a pensar de mí? Era un insulto. Traté de defenderme. Siempre llevo una navajita, por lo que pueda pasar. La verdad es que aquel billete no salió premiado, pero sí con reintegro. No hubiera perdido nada: el 7 es un buen número final.


MAX AUB, Crímenes ejemplares, Media Vaca, Valencia, 2001.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

YO AMABA EL INVIERNO, Mahmud Darwix

YO AMABA EL INVIERNO


En el pasado me inclinaba reverencial ante el invierno,
y escuchaba a mi cuerpo. Lluvia, lluvia, como una carta
de amor vertida con lujuria por el cielo procaz.
Invierno. Llamada. Eco hambriento de un abrazo de mujer.
Viento de lejos visible a lomos de una yegua cargada
de nubes.., blanca blanca. Amaba
el invierno, ¡me encaminaba alegre y contento
a mi cita en el húmedo universo acuoso. Con su largo pelo,
hijo del trigo y los castaños, ini chica secaba mi pelo corto.
Y no paraba de canturrear: El invierno y yo te amamos: anda,
¡quédate con nosotros! Y calentaba mi pecho
con dos tibias crías de gacela. Amaba
el invierno, lo escuchaba gota a gota.
Lluvia, lluvia, llamada nupcial para el amante:
¡Que llueva fuerte sobre mi cuerpo!... No había en
el invierno lágrimas que augurasen el final de la vida.
Era el principio, era la esperanza. ¿Y qué he de hacer
ahora, ahora que la vida se me cae como el pelo,
qué haré este invierno?


MAHMUD DARWIX, Como la flor del almendro o allende, Pre-Textos, Valencia, 2009, p. 59

martes, 7 de diciembre de 2010

SENSACIÓN EN EL CAMPO DE DICIEMBRE, Antonio Cabrera

SENSACIÓN EN EL CAMPO DE DICIEMBRE


Como una efinge torpe contribuyo
a la victoria
de lo que se me opone,

el tapiz que han trenzado
lo leñoso y lo húmedo.

No arde el pecho
ni urgen los martillos
del consuelo.

De la putrefacción, la perezosa,
nada se salva.
Está mordiendo dentro
de esta mañana vítrea
como si convocara porvenir
en el presente.

La turba que será
se desentierra hoy.


ANTONIO CABRERA, Piedras al agua, Tusquets, Barcelona, 2010, página 99.

FOTOGRAFÍA: Miguel Suárez

domingo, 5 de diciembre de 2010

TALES REVISITED, Ginés S. Cutillas


Tales revisited

Come writers and critics
Who prophesize with your pen
And keep your eyes wide
The chance won't come again
And don‘t speak too soon
For the wheel’s still in spin.

BOB DYLAN
The times they are a-changin’

A la hora de comer, se reunieron los siete en asamblea extraordinaria y procedieron a la votación: aquella misma tarde, Blancanieves bajaría a la mina.

Blowin’ in the wind

Los dos cerditos, aún con las pajitas largas en la mano, se abrazaban felicitándose por la resolución del conflicto.

It’s all over now, baby blue

Gretel, hambrienta, convenció a la bruja para que le diera un poco.

Just like a woman

A la pregunta del escudero de por qué no besaba a la Bella Durmiente, el príncipe, bajando la mirada, respondió: «¿De verdad no lo sabes?».

You ain’t goin’ nowhere

¿Y yo por qué no puedo ir contigo al congreso de monstruos? —preguntó Bella—. No te avergonzarás de mí... ¿Verdad?

Don’t think twice, it’s all right

Si la cirugía adelanta el proceso —pensó el patito—, ¿para qué esperar?

It hurts me too

Gepetto se quedó sin leña para el frío invierno.

Knockin’ on heaven’s door

Exhaustos, todavía jadeando, acordaron la siguiente fantasía: ahora ella haría de lobo y él de jovencita ingenua.

Like a rolling stone

Al amanecer, la harapienta Cenicienta seguía baiando en la discoteca como una posesa.

Baby stop crying

El capitán Ahab no conseguió hacerle entender a la Sirenita, antes de que muriera, el concepto de «daño colateral».

Mr. Tambourine Man

El músico de Hamelin no encontró la flauta y usó los timbales. Todos los elefantes abandonaron la ciudad.

The man in me

¡Mírela, señoría! —exclamó Peter señalando a la sollozante Wendy—. ¿Acaso no hubiera hecho usted lo mismo? ¿No le hubiera cortado la mano también a ese repugnante pirata?

Simple twist of fate

La multinacional despidió a la torpe lechera. El quinto cántaro lo llevaría la equilibrista.

I shall be free

—¿Y cuánto decís que me vais a pagar?—pregunto ofendida la cigarra a las hormigas.


GINÉS S. CUTILLAS, Un koala en el armario, Cuadernos del Vigía, Granada, 2010, pp. 85-88.

jueves, 2 de diciembre de 2010

UN MAR DE LÁGRIMAS, Carlos Marzal


UN MAR DE LÁGRIMAS


Sufrirás. Ya has sufrido.
Tal vez estés sufriendo.
Y aunque sepas por qué (si es que lo sabes),
ese conocimiento no será tu consuelo.

El adiós a los tuyos; el azar,
implacable; la incógnita del cielo,
todo lo que se pierde
hechos y vida abajo, tiempo abajo,
o también vida arriba, hacia lo que te espera,
todo, configura el sabor de tus lágrimas,
un sabor sin sabor, ya que no lo comparte
quien te ha visto sufrir
—no puede compartirlo—,
un sabor que no entiendes,
un cúmulo de lágrimas que trazan,
no sé dónde,
un mar por el que bogan,
y no sé para qué,
inútiles por siempre, inconsolables,
quién sabe desde cuándo,
su alma,
tu alma
y la mía.


Carlos Marzal, Los paises nocturnos, Tusquets, Barcelona, 1996, p. 95.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

LA CULTA DAMA, José de la Colina


La culta dama

Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado "El dinosaurio".
-Ah, es una delicia- me respondió- ya estoy leyéndolo.


JOSÉ DE LA COLINA


Velas al viento. Los microrrelatos de La nave de los locos, Cuadernos del Vigía, Granada, 2010, p. 64.

CUADRO: EVA GONZALES