jueves, 7 de abril de 2011

CABELLERA, Guillermo de Torre

GUILLERMO DE TORRE, Hélices, Centro Cultural de la Generación del 27, Málaga, 2000, páginas 55.

miércoles, 6 de abril de 2011

[DESAPARECERÁS POCO A POCO.], Andrés Barba & Pablo Angulo

LIBRO 2 [ 23 ]

Desaparecerás poco a poco. De la barbilla a los ojos esa arruga que formaban tus labios al sonreír se desdibujará hasta tomar el aspecto de una máscara. Tus ojos se velarán con una pátina semitransparente, y aunque eran verdes, aunque fueron siempre verdes, al borde de tu salto un extraño juego de la luz sobre la enfermedad los volverá azuies. Dirán tu lado: “Tienes los ojos azules, pero no sabrás que hablan de ti. Tus piernas y tus brazos se volverán pesados y lentos, se conformarán a un nuevo movimiento, contenido en el de ahora, que aún no percibes. No sabrán qué hacer contigo aunque te quieran. Buscarán ocupaciones que te entretengan y, si te agradan, responderán con alivio: "qué contento está”, antes de dejarte solo, y la mentira de ese pensamiento les hará leves durante días enteros, el tiempo que tarden en volver a ti. La lentitud de tus manos te provocará irritación al principio, igual que tu torpeza, pero también a eso terminarás por acostumbrarte. Una noche tendrás tanto miedo que te orinarás en la cama y esperarás sentado el resto de la noche en la butaca a que alguien limpie las sábanas. Otra noche te caerás sin querer y desde entonces tendrás pánico a esos seres minúsculos; las escaleras. Y todo parecerá tan estúpido, tan obvio, tan innecesario.


ANDRÉS BARBA & PABLO ANGULO, Libro de las caídas, Sexto Piso, México, 2008.

martes, 5 de abril de 2011

EL PADRE Y EL HIJO, Lafcadio Hearn


EL PADRE Y EL HIJO

En un pueblo de la provincia de Izumo vivía un campesino tan pobre que cada vez que su mujer daba a luz a un hijo, lo arrojaba al río.
Seis veces renovó el sacrificio. Al séptimo alumbramiento, consideróse ya suficientemente rico como para conservar al niño y educarlo.
Poco a poco, con gran sorpresa suya, fue encariñándose con el pequeño.
Una noche de verano encaminóse a su jardín con el infante en brazos. Este tenía cinco meses.
La noche, iluminada por una luna inmensa, era tan resplandeciente que el campesino exclamó:
—¡Ah, qué noche tan maravillosamente hermosa! Entonces el niño, mirándolo fijamente y expresándose como persona mayor, dijo:
—¡Oh, padre, la última vez que me arrojaste al agua, la noche era tan hermosa como ésta, y la luna nos miraba como ahora ...!      


Lafcadio Hearn

EDMUNDO VALADÉS, El libro de la imaginación, FCE, México, 1976, 256 páginas.

FOTOGRAFÍA: ENZO DE BERNARDINI

lunes, 4 de abril de 2011

CARDS ONLY, Pedro Caridad Cauti


CARDS ONLY

Cuando le asalta la mano mugrienta de un mendigo, el cincel del asco labra una sonrisa artificial en su rostro.
Tan artificial como los árboles de plástico que flanquean las puertas del hotel, al que acude en busca del solaz de mujeres de plástico, a las que abona sus servicios con tarjeta.
Él, que no tiene hueco, en las elegantes entretelas de sus bolsillos, para unas míseras monedas. 
Pedro Caridad Cauti

ORIGEN DE LA FOTOGRAFÍA: WILFREDO MACHADO

domingo, 3 de abril de 2011

MAL HOMBRE, Ramón Gómez de la Serna & Laura González Flores

MAL HOMBRE

Sólo un mal hombre ha podido enseñar esas posturas a la contorsionista.

Ramón Gómez de la Serna

sábado, 2 de abril de 2011

[SI HOLDEN CAULFIED FUERA POETA...], Jean Murdock & José María Casanovas



Si Holden Caulfied
fuera poeta, escribiría esto

Si queréis saber la verdad, la familia no
existe o es un restaurante chino. No bromeo.
Pero no se lo digáis a nadie. Os explicaría por
qué, pero no me apetece.


JEAN MURDOCK & JOSÉ MARÍA CASANOVAS, Los poetas que no fueron, Thule, Barcelona, 2010, pp. 18-19.

DESVÍO POR OBRAS: Los poetas que no fueron

viernes, 1 de abril de 2011

TOMÁS O MARÍA, Pedro Caridad Cauti



TOMÁS O MARÍA

Aunque sé que entonces me dolerá verte ante mí, en el suelo, me alegra pensar que me acercaré y te levantaré.
Sacudiendo la tierra de tus lastimadas manos, encontrarás alivio, tal vez en alguno de mis besos de mamá boba, tal vez en la promesa de otro caramelo, que sustituya al caído de tu boca para festín de las hormigas.
Aunque sé que entonces me dolerá, qué júbilo ahora, vislumbrar en tus mofletes dos lagrimones de caballito de mar, cuando pronuncie tu nombre.

Pedro Caridad Cauti