sábado, 7 de mayo de 2011

SI SE PIERDEN LAS FORMAS ESTAMOS PERDIDOS, Alberto Escudero


SI SE PIERDEN LAS FORMAS ESTAMOS PERDIDOS 

Me despedí de mi chófer con la deferencia habitual.
A un caballero no debe importarle la igualdad social, ni oponerse ni contribuir a ella. Estamos muy al margen de esta cuestión; hasta podemos llegar a incurrir en la ficción de que tal igualdad ha sobrevenido, y tratar a todo el mundo como si fueran nuestros iguales.
Pasé por la biblioteca, y con el segundo tomo de Madame Sévigné bajo el brazo me encaminé al piso superior.
Entré en el dormitorio. Clara Esther dormía; la luz de la lámpara de la mesilla bañaba sus hermosas y nobles facciones. Así dormida tenía un aire de familia, los Rougert Descons, antigua nobleza, aunque de su antigüedad yo siempre guardé alguna duda.
La belleza de Clara Esther hacía resaltar la del sobrio mobiliario, de caoba de Port-Fleury. Me pareció que estaba un poco cargado el ambiente; atravesé la espaciosa estancia y abrí el balcón de par en par. Respiré hondamente y contemplé el aspecto fantasmal que la luz de la luna conferia a los enebros del parque.
Un leve rumor vino a interrumpir mis meditaciones; volví la cabeza y descubrí tras las cortinas a un caballero.
Parecía estar muy nervioso, pero yo no tenía nada contra él.
La obligación de todo caballero es tratar de conseguir las mujeres de los demás caballeros, al igual que la de todo prisionero es fugarse. La obligación de toda señora es guardar el honor de su matrimonio. No era aquel el mejor momento para intentar resolver esta aparente contradicción.
Hay una sola manera de recuperar el honor. Me dirigí a la mesilla; allí, quería recordar, guardaba un arma de fuego.
Abrí silenciosamente el cajón superior; no la encontré. Me arrodillé para buscar en los otros cajones. En ese momento vi el pie de un caballero que yacía bajo la cama.
No hice ningún ademán de extrañeza; no son gestos propios de caballeros, y, por otra parte, no sabía si el caballero de la cortina conocía la existencia de este otro o viceversa. Tratándose de asuntos tan delicados toda discreción es poca.
Decididamente, el arma no estaba en la mesilla; quizás en el armario. Abrí cuidadosamente una de sus puertas y, tal como me temía, había allí otro caballero. Desistí de seguir buscando el arma; dado lo concurrido que parecía estar el dormitorio aquella noche, me pareció que los estampidos podrían causar innecesarios sobresaltos. Las manifestaciones ruidosas, por otra parte, suelen desvirtuar y hasta hacer desaparecer el dramatismo que muchas situaciones encierran.
Lo mejor para todos, concluí, era el estrangulamiento de aquella desdichada. Resuelto a ello avancé hacia la cama.
Clara Esther advirtió mi decisión, bien porque se despertara en ese momento o, más probablemente, porque había estado todo el rato fingiendo que dormía. Introdujo los dedos índices de ambas manos en su boca y emitió un corto y penetrante silbido.
La verdad es que, objetivamente, aquel gesto era bastante vulgar, pero uno siempre está dispuesto a disculpar las actividades incursas en la ordinariez de aquellas personas que le están muy allegadas; tal vez para disculpar nuestra ceguera cuando elegimos su compañía, o para desvincularnos del proceso de su degeneración posterior.
El silbido fue una señal; me vi aferrado por incontables manos y levantado del suelo.
Si hay algo que es innato en un caballero y que se revela espontáneamente sea mucha o poca la práctica en ello es el saber perder.


ALBERTO ESCUDERO, La Piedra Simpson, Alfaguara, Madrid, 1987, páginas 113-115.

viernes, 6 de mayo de 2011

DIAGNÓSTICO, Juan Gracia Armendáriz


DIAGNÓSTICO

Nada anunció lo que habría de suceder. O eso creyó. Si hubiera estado atento a sus mínimas deflagraciones internas, quizá hubiese advertido el significado de los síntomas: el decaimiento a media tarde, la acedia nerviosa, la sudoración nocturna... Pero ignoró los informes de inteligencia corporal. No supo prever que en su interior se preparaba un estallido revolucionario. Todo comenzó con un amago de manifestación a la altura del esófago que fue reprimido por una brigada de glóbulos blancos. No se hicieron prisioneros. A los dos días, se confirmó que una célula suicida había tratado de obstruir el páncreas. Aumentó el número de toxinas y hasta el sistema inmunológico llegaron los rumores de la revuelta. Golpe de mano se sucedieron en distintas áreas del cuerpo; lo mismo se declaraba una hemorragia en la nariz con su escándalo de banderas manchando la almohada, como se desataba la turbamulta de una jaqueca a golpe de tambor. Se declaró el estado de excepción desde es esternón hasta las extremidades inferiores. Las fuerzas rebeldes plantaron cara a los hematíes en la llanura abdominal. Las bajas fueron numerosas en ambos lados, y tras el combate el hígado adquirió un tono vino clareado por la luz carmesí del atardecer. Se hizo la calma en el campo de batalla, pero el estado de la postración sólo fue el preludio de la última y definitiva ofensiva multiorgánica. Amparados bajo la cobertura de una noche febril y de malos presagios, los rebeldes tomaron al asalto el torrente sanguíneo. Se hicieron fuertes en la arboleda pulmonar y allí formaron un gobierno provisional. Declararon los nuevos principios revolucionarios e iniciaron una larga marcha desde el esófago a las circunvalaciones cerebrales. El genocidio neuronal fue sistemático. Cuando la temperatura corporal descendió bruscamente, colapsado y cerúleo como una momia soviética sobre la camilla de la sala de urgencias, comprendió que era el momento de partir al exilio.


JUAN GRACIA ARMENDÁRIZ, Cuentos del jíbaro, Demipage, Madrid, 2008, pp. 155-156.

jueves, 5 de mayo de 2011

LA METAMORFOSIS, SEGÚN SAMUEL BECKETT, José de la Colina

LA METAMORFOSIS, SEGÚN SAMUEL BECKETT


puf puf puf no llegando puf arrastrándome puf quién soy agh puf tantas patas puf lo terrible es haber despertado oh yo no Gregorio agh yo escarabajo puf maldito Godot que me hizo puf mierda agh

JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 89.
ILUSTRACIÓN: Pepe Casals

miércoles, 4 de mayo de 2011

BREVERISMOS III, Joaquín Collantes


VIVIR DEL CUENTO
A los hermanos Grimm les molestaba que dijeran que vivían del cuento.
BOXEADOR POETA
El boxeador resultó ser un sensible poeta, aunque reconocía que era dificilísimo escribir con los guantes puestos.
SUEÑOS BAJO EL ASFALTO
Al leer en una pintada que aparecía en una pared en París, en el mes de mayo de 1968, que bajo los adoquines estaba la playa, el poeta soñador se puso a cavar. Pero solamente encontró tuberías, conductos oxidados, capas de asfalto, alcantarillas apestosas y, ahondando un poco mis, el túnel del metro.
PLUMAS Y PISTOLAS
El escritor aseguraba que su pluma era un arma más contundente que la pistola de un militar. Se dio cuenta de su error cuando el militar le rompió la pluma de un disparo de su contundente Parabellum.
LEER A FLAUBERT
—Eso te pasa por no leer a Flaubert —le dijo a su hijo adolescente, cuando ya no sabía qué decirle.
DIDEROT VENDEDOR
—¡He vendido una enciclopedia! —gritó entusiasmado el vendedor de libros, en el año 2010... lo mismo que gritó Diderot en el año 1772.
POETA Y LOCO
Cuando le preguntaron quién era, contestó: Un poeta amigo del mar y de las nubes. Y nadie lo tomó por poeta, pero sí por loco.
DESCARTES DESCARTADO
Compré en el quiosco, una vez más, las Obras Completas de Descartes, por 7,75 euros.Y una vez mas, no las leí.
NO LEÍDOS
Seleccionó de su biblioteca los libros que, un verano más, no iba a leer en vacaciones.


JOAQUÍN COLLANTES, Breverismos, Clarín, Oviedo, may-jun 2010, pp. 42-43.

martes, 3 de mayo de 2011

LA METAMORFOSIS, SEGÚN LA SECCIÓN DE AVISOS DE UN PERIÓDICO, José de la Colina


LA METAMORFOSIS, SEGÚN LA SECCIÓN DE AVISOS DE UN PERIÓDICO
       
Hombre de 28 años, mediocre, con mediano sueldo de viajante de comercio, con aspecto y hábitos de escarabajo, busca escarabaja joven, bonita y hacendosa pero sin grandes ambiciones. Escribir a Gregorio Samsa, calle Kafka número 19, apartamento 301, Praga.


JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 86.

lunes, 2 de mayo de 2011

BREVERISMOS II, Joaquín Collantes


JENOFONTE
Jenofonte decía que a un caballo hay que domarlo con cariño, no con un látigo. Por supuesto no consiguió domar ninguno, que una cosa es la teoría...
RESACA INTELECTUAL
Jean Paul Sartre escribió La náusea víctima de la resaca.
TERTULIANO
Cuando el escritor se dio cuenta de que no tenía nada que decir reaccionó... para convertirse en dicharachero tertuliano radiofónico.
MUSAS
Las Musas lo pillaron trabajando. Y al comprender que el poeta no las necesitaba, comprensivas, se fueron.
PÉRDIDA
El escritor desmemoriado perdió sus Memorias en un taxi.
DIFERENTE
—Habrá que aceptar que es diferente le dijo el famoso futbolista a su mujer, anonadados ambos al sorprender a su hijo leyendo a escondidas El Quijote.
DETECTOR DE BASURA
El Detector de Basura le fue muy útil en la librería a la que entró en busca de una buena novela.
RARO
Tildaban de raro al escritor de Logroño que, sin ser árabe ni chino, escribía de derecha a izquierda y de arriba abajo.
ESOS SÍ QUE ERAN ESCRITORES
Cervantes y Shakespearer escribieron sus obras con plumas de ave y tinta tóxica sobre papel de estraza... y a mi, con mi superordenador y mi impresora, no se me ocurre nada. ¡Qué injusticia!
INCLASIFICABLE
El Poeta Inclasificable, al llegar a la vejez, se dedicó a clasificar toda su obra.
CONJETURAS
Conjeturando conjeturas el filósofo llegó a la conclusión de que estaba en un callejón sin salida. Así que decidió conclusionar conclusiones, a ver si así...

JOAQUÍN COLLANTES, Breverismos, Clarín, Oviedo, may-jun 2010, pp. 42-43.

domingo, 1 de mayo de 2011

LA METAMORFOSIS, SEGÚN UNA DECLARANTE ANTE LA LEY, José de la Colina



LA METAMORFOSIS, SEGÚN UNA DECLARANTE ANTE LA LEY

La de la voz desea hacer constar ante el señor juez y el señor secretario y el señor mecanógrafo y el señor abogado defensor de oficio y los señores licenciados y los señores periodistas aquí presentes, a quienes agradece de todo corazón el interés que demuestran por su humilde persona, que efectivamente reconoce que ella pisoteó hasta matarlo a su esposo Gregorio Samsa, por mal apodo Goyo el Salsa, pero no lo hizo por tener instintos asesinos ni sucios intereses, sino porque la de la voz ya francamente estaba cansada de los malos tratos que él le daba, puros jaloneos y moquetes y hasta patadas a todas horas del día, y encima se burlaba de una, es decir la de la voz, y todos los fines de semana el tal Goyo llegaba muy tarde en la noche y bien tomado y nomás como por continuar la diversión, así como por puro gusto del relajo, le volvía a dar una paliza a la de la voz que aquí habla, que es mujer que, la mera verdad aunque otra cosa digan estos moretones, no nació para ser mujer sufrida, y que ya el colmo fue cuando una noche el tal Goyo, o séase el hoy occiso, llegó ebrio hasta las manitas y se tumbó en la cama y se notaba que estaba sufriendo de eso que llaman el delirium tremens, o algo así, y empezó gritar todo espantado diciendo que se estaba volviendo escarabajo, y que entonces, una, perdón, la de la voz, aprovechó la ocasión que la pintan calva y agarró un periódico y lo enrolló y entonces, ¡zas!, que Dios perdone a la de la voz, pero sí,  eso hizo: de una vez aplastó al escarabajo del tal Goyo para que el canijo hijo de su escarabaja madre no sea desconsiderado ni abusivo y de una vez aprenda a respetar a una, ¡ay, este!, quiero decir a la de la voz.
JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 82-83.