domingo, 29 de junio de 2008

EL DOBLE, Roberto Lumbreras


EL DOBLE



A Cévar N. Sanz

Dime si no es para acojonarse, Pepe. Tú vas un domingo paseando tran­quilamente por la calle, y te encuentras con un tipo que es exactamente igual a ti. Porque, uno lleva cuarenta años mirándose en el espejo todas las mañanas, y te digo que como si me estuviera viendo en el espejo. No sé si te sitúas. Y el tipo ese me vio a mí también. Te puedes imaginar la cara que puso. Más o menos la que debí de poner yo. Y no es para menos, vamos. Figúrate. Llevo una semana sin pegar ojo. Porque, verás, que ahí no acaba la cosa. Al tipo ese le he vuelto a ver un par de veces, y el cacho desgraciado se ríe. Pero no «ja, ja, ja»; no. El tipo te echa una sonrisa retorcida, como de estar tramando algo, que te hiela la sangre. Porque la verdad es que tiene mala pinta. El tío tiene mala pinta. Conque se lo cuen­to a Ramos, ya sabes tú cómo es Ramos, y me dice que oído al parche, que ese tipo me puede meter en problemas: que ahora mismo le da por robar un banco, o se cepilla a un tío, y se me cae el pelo a mí. Qué te parece. A mí. Sin comerlo ni beberlo. Y le digo a Ramos que qué me aconseja, y me dice que está difícil, que como no me adelante yo y le haga la putada a él... Qué te parece. Así que estoy que no vivo, chico. Llevo dándole vueltas a la chocolatera desde el otro día, y no sé cómo va a acabar esto. ¡Y es que no quiero hacer un disparate!


ROBERTO LUMBRERAS

1 comentarios:

julián dijo...

Buen texto. Dan ganas de continuar la historia cada uno a su bola, como lo de hacer varios finales tipo Apocalipse Now ou Blade Runner.
Por cierto, tengo un chismófono de tu propiedad. ¿Como te lo hago llegar?