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miércoles, 6 de abril de 2011

[DESAPARECERÁS POCO A POCO.], Andrés Barba & Pablo Angulo

LIBRO 2 [ 23 ]

Desaparecerás poco a poco. De la barbilla a los ojos esa arruga que formaban tus labios al sonreír se desdibujará hasta tomar el aspecto de una máscara. Tus ojos se velarán con una pátina semitransparente, y aunque eran verdes, aunque fueron siempre verdes, al borde de tu salto un extraño juego de la luz sobre la enfermedad los volverá azuies. Dirán tu lado: “Tienes los ojos azules, pero no sabrás que hablan de ti. Tus piernas y tus brazos se volverán pesados y lentos, se conformarán a un nuevo movimiento, contenido en el de ahora, que aún no percibes. No sabrán qué hacer contigo aunque te quieran. Buscarán ocupaciones que te entretengan y, si te agradan, responderán con alivio: "qué contento está”, antes de dejarte solo, y la mentira de ese pensamiento les hará leves durante días enteros, el tiempo que tarden en volver a ti. La lentitud de tus manos te provocará irritación al principio, igual que tu torpeza, pero también a eso terminarás por acostumbrarte. Una noche tendrás tanto miedo que te orinarás en la cama y esperarás sentado el resto de la noche en la butaca a que alguien limpie las sábanas. Otra noche te caerás sin querer y desde entonces tendrás pánico a esos seres minúsculos; las escaleras. Y todo parecerá tan estúpido, tan obvio, tan innecesario.


ANDRÉS BARBA & PABLO ANGULO, Libro de las caídas, Sexto Piso, México, 2008.

jueves, 31 de marzo de 2011

[YA NO TIENES PADRE, NI MADRE, NI MEMORIA.], Andrés Barba & Pablo Angulo

LIBRO PRIMERO [ 2 ]

Ya no tienes padre, ni madre, ni memoria. Nadie te ha mentido. No han pasado por ti las largas horas del aburrimiento infantil, ni el rencor, ni la cebada de las vísperas, ni el poder. No ha habido juez, ni mujer que haya amanecido a tu lado oliendo a sueño. No has estado allí, donde creíste sufrir. Esas cosas tuyas que con tanto afán has alimentado y vestido no las reconoces ya, ni esas cosechas. No te ha requerido nadie para ser consolado ni has buscado tú a nadie ya nunca. No percibes la alegría de los cuerpos, ni su tristeza. Ni la enfermedad. Ni la carga. Ni el ansia. Ni los cráneos minúsculos de los pájaros, ni los fluidos. La cucaracha murió al borde del fregadero encogida de veneno en polvo. Murieron las hormigas y el perro. ¿Lo recuerdas? Di. ¿Lo recuerdas? Murió la tarde y la pequeña de los vecinos de una pena redonda en el estómago amarilla y risueña de sedantes, como el amanecer de un teatro, y tu hermano murió, y las manchas de la servilleta murieron y el placer de la arena caliente de la playa y las cerillas murieron también. Ya nunca has estado allí donde se echan al fuego los excrementos olorosos de las vacas, ni has acariciado más nada. Tampoco eso es cierto: ni siquiera has dudado. Aquella tarde no te sentaste en aquella puerta. Aquel sol no era verdad. Aquellos labios no eran verdad. No te has detenido a despedirte, no has buscado arbitrar el frescor del mundo en las manos de otro, no has aprendido, no has admirado, no has visto, no has danzado, no has hablado, no has alabado en ningún templo, no has reído. Recuerda. Ya no tienes padre, ni madre, ni memoria.


ANDRÉS BARBA & PABLO ANGULO, Libro de las caídas, Sexto Piso, México, 2008.

viernes, 14 de enero de 2011

[PARA LA MAYORÍA DE LA GENTE...], Andrés Barba


«Para la mayoría de la gente —continuó Manuel, alentado—, el amor no se da, sino que se exige. Todo el mundo se siente digno de amor, pero nadie sabe por qué, les han hecho creer que de verdad se lo merecen, que les es debido el amor; cuando les llega no lo toman como un regalo, como sobreabundancia, sino como algo que reciben en justicia. Por eso muchos de aquellos que dicen querer en realidad siguen ciegos, y en vez de tratar de comprender se limitan a desear que las personas a las que quieren se conviertan en aquello que necesitan. El mismo querer del que tan orgullosos y tan dignos se sienten es algo que nace pervertido, sin alegría, y que muere por necedad. —Manuel calló un instante y, como desmintiéndose, añadió—: A pesar de todo existe el amor.»

ANDRÉS BARBA, Versiones de Teresa, Anagrama, 2006, página 135.

lunes, 10 de enero de 2011

AGOSTO, OCTUBRE / LAS MANOS PEQUEÑAS / VERSIONES DE TERESA, Andrés Barba

Sigo la recomendación de una buena lectora amiga y atravieso la desasosegante historia de Tomás, un adolescente que cometerá un terrible error del que un espíritu sensible no puede salir sin la más lacerante expiación. Agosto, octubre (Anagrama, 2010) es la última novela de Andrés Barba (Madrid, 1975), un joven narrador al que la revista Granta incluye entre los que considera mejores narradores jóvenes en español.


Busco otras novelas suyas y salto al 2008: Las manos pequeñas.
Es innegable el talento de este autor para diseccionar el mal. Sus historias terribles se proponen como indagaciones sobre la bestia (Lord of the flies) que a cada uno de nosotros toca doblegar. Magnífico el arranque con el que el narrador anuncia la orfandad de Marina, la chiquilla que sufrirá de sus nuevas compañeras el ostracismo, luego la más terrible ejecución. Otra muñeca despedazada en el juego cruel: la vida.
Dos pasitos hacia atrás: 2006. Versiones de Teresa (Premio Torrente Ballester). De nuevo, la historia (la historia de un trastorno en el que se percibe un eco de Bernhard) y el retrato de unos personajes a los que cuesta considerar humanos, y, a la vez, encierran una notable sensibilidad almohadillada entre sus monstruosas excrecencias.
Otra vez el mal (la perversión, las bajezas, la envidia, la desesperación, los celos...) empuja al asesinato.