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sábado, 17 de septiembre de 2016

[HA VENIDO EL TIEMPO...], Eloy Tizón

   Ha venido el tiempo de hacer legible lo ilegible, de tornar claro lo opaco, mí deseo delirante, mí amor innecesario. Te veo colgada de los días dudando en la balaustrada, llorando lápidas incoloras y selva antigua, llorando miedo. Te veo salvajemente destrozada, con las piernas carcomidas por el hambre de los bosques y el hacha de mis silencios, no te veo. Adivino una boca donde debiera haber un verano, las maderas de tu vientre en lugar de la primavera. Rompo tu imagen, mí imagen. Ha llegado el tiempo de ser luz en la tiniebla.

ELOY [GARCÍA] TIZÓN, La página amenazada, Arnao, Madrid, 1984, p. 41.
&
Bill Brandt

jueves, 28 de noviembre de 2013

[...LO QUE UNE DE VERDAD A DOS PERSONAS...], Eloy Tizón


...lo que une de verdad a dos personas, [...], lo que espesa un vínculo, no es tanto haber compartido las mismas aventuras exóticas en tierras lejanas, sino el hecho de haberse aburrido juntas, en el sofá del salón, un domingo por la tarde.


ELOY TIZÓN, Técnicas de iluminación, Páginas de Espuma, Madrid, 2013, p. 129.
&
Edward Hopper

jueves, 21 de noviembre de 2013

[QUE ESCRIBIR ES...], Eloy Tizón


   Que escribir es, en sí mismo (tiene que serlo), lo contrario del hogar: un lugar inhóspito, manicomial, un sótano con poca luz y humedad excesiva. Desde entonces dejé de buscar, me conformé con lo que tenía, me relajé. Asumí que escribir no es ese espacio apropiado para instalarse en él durante largas temporadas, sino solo para hacer visitas breves, entrar y salir, y el resto del tiempo pasarlo fuera y a ser posible lejos, cuanto más lejos mejor. Y en esto —pero solo en esto— se parece un poco a la felicidad.

ELOY TIZÓN, Técnicas de iluminación, Páginas de Espuma, Madrid, 2013, p. 73.
&
Fátima Montero

viernes, 15 de noviembre de 2013

[CUANDO UNO NACE...], Eloy Tizón


Cuando uno nace el mundo está a medio hacer y cuando uno lo abandone seguirá poco más o menos lo mismo.


ELOY TIZÓN, Técnicas de iluminación, Páginas de Espuma, Madrid, 2013, p. 12.
&
Michael Bach

lunes, 11 de noviembre de 2013

DISOLUCIÓN, Eloy Tizón


DISOLUCIÓN

   Viajar a través del Yo. Una mirada hacia dentro de los ojos, caer en lo profundo de abismos interiores. Sin límite. Una estatua de sal es devorada por las bestias amarillas de planetas transparentes. Dentro de toda canción se hospeda un niño. Dentro de cualquier frase —de esta frase— duerme la llave verde y tenaz de una pregunta tan falsa como imposible de dar respuesta. Si abro los ojos será mañana. Si miro lo que escribo se destruirá al instante. Acodado tras mi máquina de piedra, dejo pasar los siglos y los animales pero no los miro. Dejo que me mojen las playas más inmediatas para no caer en la espejada vanidad de la escritura, en la falsa utilidad de los poemas. No sirven, no. Cuando relea esto que torpemente ahora he escrito, irán las palabras borrándose al tiempo que yo las miro; cada trazo volverá a ser sol, cada línea el salitre de una tarde destrozada, cada página reverso de sí misma, y hasta siempre.

   Cuando relea, temblando, esto que he escrito, no quedará de mí sino un folio en blanco, una nada, un hermosísimo vacío. Quedaré yo blanco sobre el blanco; seré un verbo.

   No me leáis.


ELOY [GARCÍA] TIZÓN, La página amenazada, Arnao, Madrid, 1984, pp. 51-52.
&
Scott Bergey

sábado, 9 de noviembre de 2013

[...LAS PALABRAS...], Benjamín Prado & Eloy Tizón


   Yo no la creí en ninguna de las dos cosas; por un lado, tuve la impresión de que buscaba justo aquello de lo que decía escapar, otra pareja estable; y por otro, intuía que estaba mucho peor de lo que trataba de aparentar, como mínimo igual de abatida que yo. Y si no les gusta ese adjetivo llámenlo como quieran: vapuleada, rota, hecha trizas, fuera de combate... Debería existir alguna palabra que definiera con exactitud esa forma en que nuestra vida retrocede en ocasiones, nos da la espalda y nos fuerza a partir una vez más de cero; pero no la hay. Hablamos tanto, quizás por miedo a no tener nada que decir, que no nos damos cuenta de que todavía quedan muchas cosas que todavía no tienen nombre, entre ellas algunas de las más importantes.

BENJAMÍN PRADO, Qué escondes en la mano, Alfaguara, Madrid, 2013, pp.  36-37.

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   Yo seguía sin encontrar la Palabra. La Palabra era importante y yo no sabía encontrarla o se me escurría entre los labios. Me faltaba práctica, en suma. La Palabra tenía sabor pero había que saber morderla y extraer todo su jugo, y no era fácil, no era fácil, yo no sabía.

ELOY TIZÓN, Técnicas de iluminación, Páginas de Espuma, Madrid, 2013, p. 27.

&
Jie Zelf