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lunes, 18 de noviembre de 2013

LAS PINZAS DE MADERA, Jane Kenyon


LAS PINZAS DE MADERA

Cuánto mejor es
echar leña al fuego
que quejarse de la vida.
Cuánto mejor es
tirar la basura
en el estiércol o prender la sábana
limpia en el tendedero
con unas viejas pinzas de madera.


JANE KENYON, De otra manera, Pre-Textos, Valencia, 2007, p. 37.
&

lunes, 28 de octubre de 2013

LA PERA, Jane Kenyon

LA PERA

Hay un momento en la madurez
en que te aburres, encolerizado
por tu mente mediocre,
aterrorizado.

Ese día el sol
deslumbrante te quema
y te hace sentir más desolado.

Pasa sutilmente como cuando una pera
se pudre de dentro afuera
y tú tal vez no lo adviertes
hasta que es demasiado tarde.

JANE KENYON, De otra manera, Pre-Textos, Valencia, 2007, p. 83.
&
Eduardo Úrculo

martes, 30 de julio de 2013

AL ENCONTRAR UNA CANA, Jane Kenyon



AL ENCONTRAR UNA CANA

Friego las largas tablas del suelo
en la cocina, repitiendo
los movimientos de otras mujeres
que han vivido en esta casa.
Y cuando encuentro una cana
flotando en el cubo

siento que mi vida se une a la de ellas.

JANE KENYON, De otra manera, Pre-Textos, Valencia, 2007, p. 33.

sábado, 27 de julio de 2013

ABRIGOS, Jane Kenyon


ABRIGOS

Le vi salir del hospital
con un abrigo de mujer sobre el brazo.
Evidentemente ella no lo iba ya a necesitar.
Las gafas de sol que llevaba no podían
ocultar su cara húmeda y su desconcierto.

Como una burla el día era brillante
y suave el aire para ser diciembre. Aun así
se subió la cremallera de su abrigo y se ató
la capucha bajo la barbilla, preparándose
para un frío irremediable.




JANE KENYON, De otra manera, Pre-Textos, Valencia, 2007, p. 107.

Ilustración: Amy Friend

jueves, 18 de julio de 2013

CÓMO VAN LAS COSAS POR FRANKLIN, Jane Kenyon


CÓMO VAN LAS COSAS POR FRANKLIN

Hasta la funeraria va a quebrar.
Y desde que cerraron la tienda de baratijas
ya no podemos comprar periquitos en la calle mayor,
ni batas de vichy sin mangas
para proteger de las tartas del bazar parroquial
las amplias delanteras de las fuertes y locuaces esposas
de fontaneros y peones camineros.
La ferretería cerró también.
Ayer
domingo, vi a los propietarios desmontando
la tienda, la mujer luchando con medía
docena de llantas de bicicletas en cada brazo,
como pulseras, el hombre balanceando
cajas llenas de sartenes de teflón. Los escaparates
habían sido blanqueados con yeso para frustrar la curiosidad
o la compasión, o esa triste alegría
que a veces sentimos cuando otros fracasan.



JANE KENYON, De otra manera, Pre-Textos, Valencia, 2007, p. 143.

domingo, 14 de julio de 2013

HOMBRE DORMIDO, Jane Kenyon


HOMBRE DORMIDO


Grandes copos de nieve caen despacio,
muy espaciadas, como ballenas que no pueden encontrar pareja
en las vastas latitudes azules.
¿Por qué pienso en aquel hombre dormido
en el ribazo herboso del jardín del Museo
Sackler en Washington?
Era una tarde
Fría. Estaba tendido. sin duda. sobre todas sus
posesiones.
boca abajo, la cabeza
torpemente torcida a la derecha, la boca abierta
en abandono.
Parecía
un niño que se ha quedado dormido
antes de desnudarse encima de la colcha.
o Abel roto, a los pies  de su hermano.

JANE KENYON, De otra manera, Pre-Textos, Valencia, 2007, p. 127.

Olivier Daaram Jollan

domingo, 7 de julio de 2013

HOMBRE COMIENDO, Jane Kenyon



HOMBRE COMIENDO

El hombre en la mesa frente a la mía
está comiendo yogurt. Sus ojos. siguiendo
el curso de la cuchara, bizquean ligeramente
cada vez que ésta se acerca a su cara. El tiempo,

y el mundo con todos sus principados,
pueden llegar a su fin como profetizó
el apóstol Juan, pero
¿y este hombre tan ensimismado

en el pequeño envase con su alimento fresco,
dulce, que no ha causado sufrimiento
a ningún animal, y que él está comiendo
con una nacarada cuchara de plástico?

JANE KENYON, De otra manera, Pre-Textos, Valencia, 2007, p. 123.

jueves, 4 de julio de 2013

LA ESPOSA ENFERMA, Jane Kenyon


LA ESPOSA ENFERMA

La esposa enferma permaneció en el coche
mientras él hacía la compra.
Sin tener aún cincuenta años
ha aprendido lo que es no poder
abotonar un botón.

Era mediodía,
así que sólo madres con niños pequeños
y parejas jubiladas
caminaban por el enlodado aparcamiento.

Ropa de la tintorería colgaba en perchas
en los coches de los acomodados.
Con qué facilidad se movían,
con cuánta libertad,
incluso los ancianos y los relativamente débiles.

Las ventanas empezaron a empañarse.
Los coches aparcados a su lado
salieron tan deprisa
que entristecieron su corazón.

JANE KENYON, De otra manera, Pre-Textos, Valencia, 2007, p. 151.

Ilustración: Bernard Bieling