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martes, 7 de febrero de 2017

[EN LOS EXÁMENES DE LITERATURA...], Eduardo Chirinos

   En los exámenes de literatura el profesor desparramaba sobre su escritorio cuarenta fichas de bingo. Luego las volteaba meticulosamente y llamaba a un alumno. El alumno debía elegir una ficha y —de acuerdo al número que le tocaba en suerte— recitar de memoria una de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. Si podía recitarla de corrido, tenía el cincuenta por ciento de la nota, el otro cincuenta dependía de su capacidad para engolar la voz y de mover los brazos como aspas de molino. Alguien marcó con su navaja la ficha 34. Fue la única que me aprendí de memoria. La única que me visitó cuando murió mi padre.

EDUARDO CHIRINOS, Anuario mínimo (1960-2010), Luces de Gálibo, Barcelona, 2012, p. 43.
&
Cameron Robbins

viernes, 19 de febrero de 2016

[LA PALABRA DELIRIO...], Eduardo Chirinos

   La palabra delirio, que hoy pertenece al vocabulario de las conductas patológicas, significaba originalmente «salirse del surco, sembrar de mañera incorrecta». El origen agrario de esta palabra es compartido con verso, que para los labradores
de la antigua Roma era el surco que araban los bueyes. Los tratadistas medievales identificaron el final del verso con el momento en que los bueyes se volvían al terminar un surco. ¿Por qué sancionaron a aquellos que se atrevían a sembrar fuera del surco? Tal vez porque advirtieron en ese desvío una mancha en la blancura que rodeaba al verso. Tal vez porque abominaron la disonancia que los apartaba de la música y los arrojaba a los brazos del silencio. No hay poema, por recto que sea, que no nos enseñe a delirar, a sembrar mal, a salimos una y otra vez del surco.

EDUARDO CHIRINOS, Anuario mínimo (1960-2010), Luces de Gálibo, Barcelona, 2012,p. 76.
&
Piet Mondrian

domingo, 29 de agosto de 2010

A LA MAÑANA SIGUIENTE, Eduardo Chirinos


A LA MAÑANA SIGUIENTE


Desde que nos casamos hasta ahora
he reducido a dos las cucharadas de azúcar
que le echo al café. ¿Antes cuántas eran?
Tonta pregunta. Como cualquiera
que invoque aquellos años que vuelven
sin piedad para cobrar lo suyo. La diabetes
es cosa de familia, sí, pero hay que cuidarse.
Con el colesterol igual, y el pobre corazón
que de tan grande falló a quienes más quería.
Los poemas que escribí para ti los repiten
jóvenes que llegaron a la edad de nuestros
hijos. Los colores, que antaño daban forma
a los crepúsculos sirven ahora para identificar
pastillas, las marcas imborrables que nos deja
el tiempo. Por suerte las mañanas insisten
en el gozo de mostrarte: te bañas, te secas el
pelo, eliges la ropa que usarás durante el día
y te miro con el rabillo del ojo (que cede
cada vez más a la presbicia). Y el tiempo pasa
sin hacernos más sabios. Pronto cumpliremos
la edad de nuestros padres. Pronto nos
convertiremos en nuestros propios hijos.



EDUARDO CHIRINOS, Mientras el lobo duerme, Visor, Madrid, 2010, página 29.

martes, 24 de agosto de 2010

OTRO POEMA DOMÉSTICO, Eduardo Chirinos


OTRO POEMA DOMÉSTICO


Y bien, aquí estamos de nuevo. Yo, sentado
frente al ordenador, sin bañarme. Tú,
como siempre, detrás de la pantalla, haciéndome
gestos en la música, nadando en el café ya frío.
Por la ventana veo caer la nieve. No le presto
atención, hace tiempo dejó de ser metáfora.
Pronto volverá Jannine de la universidad.
Si en diez minutos no apareces
me iré a tender la cama, a darme una ducha,
a calentar el almuerzo. Tal vez entonces
te vea dormida entre las sábanas, en las gotas
que resbalan en la cortina del baño, dejando
mensajes en la borra del café. Ya lo sabes:
si te escondes, bien; si vienes, bien. La paciencia
es una virtud que se gana con los años. Cuando
llegue Jannine le diré que he perdido la mañana.
Me dirá sonriendo que no importa, y será suficiente
para volver a empezar. Lo malo de la poesía
—dijo Billy Collins— es que anima a escribir más poesía.


EDUARDO CHIRINOS, Mientras el lobo duerme, Visor, Madrid, 2010, página 11