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viernes, 7 de abril de 2017

[EL AUTOBÚS ARRANCA...], José Ángel Cilleruelo




El autobús arranca y, detrás de su miscelánea de estrépitos, no deja a nadie en la parada donde estoy aún esperándolo.


JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO, Lunáticos, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2017.
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Stefan Fransson

miércoles, 30 de diciembre de 2015

PEQUEÑO CUENTO DE AÑO NUEVO, José Ángel Cilleruelo

PEQUEÑO CUENTO DE AÑO NUEVO

   Se levanta temprano para mirar el cielo. El día amanece nublado, metálico. No hay mañana más solitaria que la de Año Nuevo, piensa Ziza. Cree intuir —antes que ver— un pálido reflejo dorado entre las nubes. El sol que se abrirá paso en su vida; esas cursilerías la reconfortan. En la casa familiar le espera comilona y aburrimiento. Después quedará con las amigas del taller. Al cine. "Qué asco—redacta en su blog— igualito que si fuera el año pasado". Entre sus piernas pasa caracoleando un pececillo de plata. Reacciona rápido, lo aplasta con la zapatilla: Feliz año, bicho.

JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO, Galería de charcos, Polibea, Madrid, 2009, p. 40.

martes, 29 de diciembre de 2015

PEQUEÑO CUENTO DE AÑO NUEVO, José Ángel Cilleruelo

PEQUEÑO CUENTO DE AÑO NUEVO

   La brigadilla llega a la plaza con las primeras gotas de leche sobre el café de la noche. Les aguarda un horizonte de vasos de plástico, botellas rotas, colillas, guirnaldas de papel y papelillos de colores náufragos en los charcos de bebidas oscuras. Entre los desperdicios, duermen quienes se quedaron atascados en el sumidero de la fiesta y no pudieron correr hacia un destino más abrigado. Los barrenderos les zarandean con el palo de los escobones y, a diferencia de otras inmundicias, se yerguen aturdidos, con frío, y enseguida toman el camino incógnito por donde desapareció el año horas antes.

JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO, Galería de charcos, Polibea, Madrid, 2009, p. 59.
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Sergio R Velázquez

jueves, 12 de marzo de 2015

SUMMERTIME (GERSHWIN, 1935), José Ángel Cilleruelo

SUMMERTIME (GERSHWIN, 1935)


   El verano que abre las ventanas y que entorna las puertas me impedirá verla. El verano que brinca entre las piernas de las muchachas alzándoles las fal­das y que descubre el torso sudoroso de los reparti­dores la ocultará. El verano que distribuye su gelati­na por los cuartos y que inunda las calles con una luz caprichosa que parece no gastarse nunca le devolve­rá a mis manos la condición inútil de la utilidad. El verano se erguirá sobre la pira para que arda, melan­colía, tu peso de manta antigua y el chapoteo cons­tante de la lluvia en los canalones de hojalata.

JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO, Vitrina de charcos, Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2011, página 41.
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Berenice Abbott