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viernes, 21 de septiembre de 2012

ELLA, Fernando Trías de Bes




ELLA
        
   Érase una vez ella, que se enojó por algo que había comentado él. Ella se resistía a indicárselo, pues deseaba que él se diese cuenta por sí mismo. Así que se mostró esquiva, abrupta y arisca. Y como él no entendía por qué se comportaba así, se lo preguntó sin más. Eso la contrarió doblemente, porque además de no ser lo que ella esperaba, confiaba en que él tuviera la sensibilidad suficiente para comprender qué Le sucedía. Y entonces él se enfadó y le dijo que era demasiado reservada; y los dos se pusieron a discutir acaloradamente por otros asuntos que nada tenían que ver y por los que ninguno estaba disgustado y nunca hubiera recriminado al otro. Y todo fue por ese algo que ella no recordaba cuando él la besó, que era de lo que se trataba.
        

FERNANDO TRÍAS DE BES, Relatos absurdos, Urano, Barcelona, 2006, p. 50.

jueves, 6 de septiembre de 2012

LOS NÚMEROS Y LAS LETRAS, Fernando Trías de Bes


LOS NÚMEROS Y LAS LETRAS
        
   Érase una que los Números, sabiéndose infinitos, se amotinaron contra las Letras. Era obvio que veintiocho letras poco podían hacer para defenderse ante tan numeroso ejército, nunca mejor dicho. Las Letras fueron devastadas por los Números con sangrienta crueldad y se extinguieron tal y como lo hicieron, tras eL diluvio universal, las incrédulas bestias que no se hicieron a la mar en la nao del patriarca.
   Desaparecidas las Letras, los Números jamás pudieron volver a ser pronunciados, por lo que pasaron a ser extraños signos que nadie pudo descifrar y que cayeron en el olvido.
        
FERNANDO TRÍAS DE BES, Relatos absurdos, Urano, Barcelona, 2006, p. 22.

sábado, 18 de agosto de 2012

EL DOLOR, Fernando Trías de Bes & Chema Madoz



EL DOLOR
        
   Érase una vez un faquir que se ejercitó durante meses para una importante actuación. En su debut, se tragó cinco espadas hasta la empuñadura, se comió unos trozos de vidrio como si fuesen mendrugos y se estiró sobre una alfombra de clavos mientras tres hombres saltaban repetidamente y sin piedad sobre su pecho y su abdomen.
   Al acabar la función, mientras hacía modestas reverencias y el público lo ovacionaba con admiración, le hicieron entrega del clásico ramo de flores con que se obsequia a los artistas al finalizar su actuación. Eran rosas. Al tomarlas, se pinchó con una espinita y exclamó:
   —¡Ay!— Apartó la mano, dejó caer el ramo sobre el escenario y se chupó el dedo.
   Todavía frente al atónito público, el presentador le preguntó:
   —¿Y eso?
   Y el faquir respondió:
   —Eso... no lo esperaba.
        
   FERNANDO TRÍAS DE BES, Relatos absurdos, Urano, Barcelona, 2006, p.19.

lunes, 28 de mayo de 2012

EL HILO, Fernando Trías de Bes


EL HILO

   Érase una vez un hombre cuya vida pendía de un hilo, que pendía de su propios dedos.


FERNANDO TRÍAS DE BES, Relatos absurdos, Urano, Barcelona, 2006,  p. 23.


Ilustración: Jacobo Bagué