Mostrando entradas con la etiqueta DAVID MENA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DAVID MENA. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de septiembre de 2011

A DESTIEMPO, David Mena



A DESTIEMPO

   Cambiaban de motel cada dos días. Sabían que el marido había pagado a un tipo para que los encontrara, de modo que tenían que tener los ojos bien abiertos. Aunque aquello no podía durar mucho, ella sentía algo parecido a lo que la gente suele llamar felicidad. Pensaba que siempre iban a estar huyendo y amándose en moteles de veinte dólares, que aquella furia con la que se entregaban nunca se extinguiría, que el amor era como esas rosas de plástico que no envejecen nunca en la recepción de los moteles; que ninguna encargada de la limpieza del tres al cuarto acabaría limpiando su sangre de las cortinas con su nuevo anillo de prometida prendido del dedo.


DAVID MENA, La novia de King Kong, Berenice, Córdoba, 2011, página 102.

lunes, 18 de julio de 2011

LOS TIPOS QUE SE CREEN T.S. ELIOT, David Mena


LOS TIPOS QUE SE CREEN T.S. ELIOT

   Lo vi llegar de lejos, se aproximó a mí, y echando su cuerpo sobre la barra del bar me dijo que era T. S. Eliot, pero que no corriera el rumor, que quedara entre nosotros. Y así fue como empezó a explicarme la simbología que, según él, había querido plasmar en La tierra baldía. Esa vez no pude contenerme, de modo que lo agarré del cuello de la chaqueta y lo eché del bar, no estaba dispuesto a discutir nada con ningún borracho más que asegurara ser T. S. Eliot. No sé qué carajo pasará que tienen que venir a este bar todos los locos de la ciudad que se piensan que son nada más y nada menos que T. S. Eliot. ¿Y por qué precisamente T. S. Eliot?, ¿y de dónde esa afición a la poesía?
   Aunque en realidad eso no es lo que más me molesta, ni siquiera su charla densa y desordenada, sino esa mirada de soberbia y seguridad que les da el sentirse T. S. Eliot. Tratando de aparentar, odio esa forma de mirarme, como si no supieran que en realidad yo soy T. S. Eliot.

DAVID MENA, La novia de King Kong, Berenice, Córdoba, página 39.

miércoles, 6 de julio de 2011

A LOVE SUPREME (JOHN COLTRANE), David Mena


A LOVE SUPREME (JOHN COLTRANE)

Vuelven a quedarse las oraciones pegadas al papel pintado de la pared. Y la noche es una ribera y un animal salvaje, y un cáncer aún más negro devorando la ciudad entera desde las afueras.
Las palabras ya no se hacen fuertes, retroceden, no aguantan su combate y caen como pájaros de ceniza sobre las alfombras de los hospitales. Crepita la energía estática en las pantallas de los viejos televisores, y si miras al otro lado de la ventana verás que el mundo endurece su corazón y sigue adelante. Es como oír ruido de calderas —dice un tipo que se pierde tras una puerta—. Vuelve el sudor antiguo a los hombres, nuevamente las mujeres muerden la carne en lo oscuro de las habitaciones como fruta madura y tiemblan los espejos sobre un eco lejano.
En alguna parte Coltrane está tocando de nuevo, Dios elige su disfraz de costumbre y entre el público se sienta a escuchar.

DAVID MENA, La novia de King Kong, Berenice, Córdoba, 2011, página 51.