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martes, 7 de mayo de 2013

PRECOGNICIÓN, Woody Allen


PRECOGNICIÓN

   El señor Fenton Allentuck describe el siguiente sueño precognoscitivo: «Me fui a dormir a medianoche y soñé que estaba jugando al whist con una bandeja de cebollinos. De repente el sueño cambió, y vi a mi abuelo a punto de ser arrollado por un camión de la calle, donde estaba bailando un vals con un maniquí. Traté de gritar, pero cuando abrí la boca el único sonido que salió de ella fueron unas campanadas, y mi abuelo había sido ya atropellado.
   «Me desperté bañado en sudor y corrí a casa de mi abuelo para preguntarle si tenía planes de bailar un vals con un maniquí. Me dijo que no, por supuesto, aunque había considerado la posibilidad de posar vestido de pastor para darle un chasco a sus enemigos. Aliviado, regresé a casa, pero supe más tarde que el viejo había resbalado en un sandwich de pollo y ensalada y se había caído del Edificio Chrysler.»
   Los sueños, precognoscitivos resultan tan comunes que difícilmente pueden considerarse como simple coincidencia. En este caso concreto, un hombre sueña con la muerte de un pariente, y ésta se produce. No todos tienen tanta suerte. J. Martínez, de Kennebunkport, Mainne, soñó que hacía saltar la banca en Las Vegas. Cuando despertó, su cama se hallaba flotando en el mar.

WOODY ALLEN, Sin plumas, Tusquets, Barcelona, 1979 (1976).

jueves, 28 de febrero de 2013

SOBRE LA FRUGALIDAD, Woody Allen


SOBRE LA FRUGALIDAD

   Mientras uno pasa por la vida, es extremadamente importante conservar el capital, y no se debe gastar el dinero en simplezas, como licor de pera o un sombrero de oro macizo. El dinero no lo es todo, pero es mejor que la salud. A fin de cuentas, no se puede ir a la carnicería y decirle al carnicero: «Mira qué moreno estoy, y además no me resfrío nunca», y suponer que va a regalarte su mercancía. (A menos, naturalmente, que el carnicero sea un idiota.) El dinero es mejor que la pobreza, aunque sólo sea por razones financieras. No es que con él se pueda comprar la felicidad. Tomad el caso de la hormiga y la cigarra: la cigarra se divirtió todo el verano, mientras la hormiga trabajaba y ahorraba. Cuando llegó el invierno, la cigarra no tenía nada, pero la hormiga se quejaba de dolores en el pecho. La vida es dura para los insectos. Y no creáis que los ratones se lo pasan muy bien tampoco. La cuestión es que todos necesitamos un nido en el que refugiamos, pero no mientras se lleve un traje bueno.
   Para terminar, tengamos presente que es más fácil gastar dos dólares que ahorrar uno. Y por el amor de Dios no invirtáis dinero con ninguna agencia de bolsa en la que uno de los socios se llame Casanova.

WOODY ALLEN, Sin plumas, Tusquets, Barcelona, 1979 (1976), p. 103.

sábado, 9 de febrero de 2013

SOBRE EL AMOR, Woody Allen



SOBRE EL AMOR

   ¿Es mejor ser el amante que el amado? Ninguna de las dos cosas, si tu índice de colesterol sobrepasa de 6(K). Por amor, naturalmente, entiendo el amor romántico… el amor entre el hombre y la mujer, antes que el que existe entre madre e hijo, o entre un niño y su perro, o entre dos jefes de personal.
   Lo asombroso es que cuando uno está enamorado experimente un impulso de cantar. Hay que resistirlo a toda costa, y debe procurarse también que el macho ardiente no «recite» las letras de las canciones. Ser amado, ciertamente, es distinto de ser admirado, como se puede admirar a uno de lejos, pero para amar realmente a alguien resulta esencial estar en la misma habitación con la persona, abrazándose debajo de las sábanas.
   Para ser un amante realmente bueno, por lo tanto, uno tiene que ser fuerte y, sin embargo, suave. ¿Fuerte hasta qué punto? Supongo que con ser capaz de levantar veinte kilos basta. Téngase presente también que para el amante la amada es siempre el más bello objeto imaginable, si bien para un extraño resultará indistinguible de cualquier variedad de salmónidos. La belleza está en el ojo del observador. En el caso de que el observador sea corto de vista, deberá preguntar a la persona más cercana qué chicas son bien parecidas. (De hecho, las más lindas resultan casi siempre las más aburridas, y ese es el porqué de que ciertas personas no crean en Kos.)
   «Las alegrías del amor sólo un instante duran». Cantó el trovador, «pero las penas del amor siempre perduran». Esta fue casi una canción del verano, pero la melodía se parece demasiado a la de «Yankee Doodle Dandy».

WOODY ALLEN, Sin plumas, Tusquets, Barcelona, 1979 (1976), p.104.