Mostrando entradas con la etiqueta IOLANDA ZÚÑIGA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta IOLANDA ZÚÑIGA. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de septiembre de 2011

...STETTO MOLTO... , Iolanda Zúñiga


...STETTO MOLTO...

   El nuevo plan que reordena, circunvala y enlaza la ciudad, y sus alrededores, va a arrasar las viñas de uva treixadura que heredé de la familia. Ya sabía yo que esto de las herencias en tiempos de involución no me iba a hacer rica. A cambio me van dar un dinero con el que compraré pastillas. Pastillas anticoagulantes, antiansiedad, anticolesterol, antiengorde, antiglobalización, antirresfriados y desamores, antipastillas. Y sueros. Me compraré sueros provida, projuventud, proenergía, proteínicos, prosaicos, con los que idear un texto para luchar contra el nuevo plan que reordena, circunvala y enlaza la ciudad.
   La vida en espiral.
       
    

IOLANDA ZÚÑIGA, Vidas Post-it, Pulp Books, Cangas do Morrazo, 2011 (2007), páginas. 61.

jueves, 25 de agosto de 2011

...TEMPO DI VALSE..., Iolanda Zúñiga



...TEMPO DI VALSE...

   Inevitable para mí la concordancia de los marcos de fotos en la pared con los tofos de las cortinas y del sofá; microondas, la campana, la tostadora y el gancho de colgar el paño de cocina en acero perenne; los accesorios del baño en cristal, como la mampara y las figuritas Swarovski que colecciono; y mi edredón de plumas, generoso en abrigo, complementando mis biorritmos nocturnos destemplados. Interpreto bien el papel de la Perfección. Acudí a la master class de arte dramático que impartió la Sra. Apariencia en Cambridge. Únicamente por la noche me ahoga este ser imperfecto y dudoso que alimento a escondidas, porque soy acuario, ascendente en capricornio, y mi obstinación me impide cambiar y convertirme en lo que educadores, padres y amigos de maletín en mano  esperaron una vez de mí, para así engordar su círculo de éxitos ajenos que los aupen al podio. Recojo cada anochecer, en mi regazo, a la Imperfección desaliñada, y la acuno pensándole una nana, sin más deseo que fortalecerla para, quizás en octubre, poder vestirme con ella sin vergüenza. Se acuesta a mi lado, como marido sabedor de una infidelidad que no pregunta por miedo a acertar. Y acepta el trío que formamos luchando por cada día. La Perfección, la Imperfección y yo.
        
IOLANDA ZÚÑIGA, Vidas Post-it, Pulp Books, Cangas do Morrazo, 2011 (2007), p. 69.