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lunes, 25 de abril de 2016
APASIONADA, José de la Colina
Tan intensas noches de total amor estaba pasando Madame D que hasta sus pezones estaban ojerosos.
JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 87.
&
Emilie Charmy
Labels: JOSÉ DE LA COLINA, MICRORRELATO
viernes, 22 de abril de 2016
LA INFINITA SHEHEREZADA, José de la Colina
LA INFINITA SHEHEREZADA
En la noche mil y una Sheherezada contó al sultán el cuento de una muchacha llamada Sheherezada
que durante mil y una noches contaba al sultán un cuento en el que una muchacha llamada Sheherezada contaba en mil y una noches un cuento en el que...
Y así sucesivamente.
Y, en fin, en la noche mil y una el sultán preguntó:
—¿Entonces, podría ser que nosotros también sólo seamos los personajes de un cuento?
Y Sheherezada dijo:
—Sí.
Y el sultán volvió a preguntar:
—¿Luego no somos reales ni tú ni yo ni este palacio?
Y ella volvió a responder:
—En efecto, no somos reales ni el palacio ni su inmenso jardín ni esta ciudad ni el desierto que nos rodea.
Y él parpadeó y dijo:
—¿No hay nada, pues, que sea de verdad?
Y respondió ella:
—Sí: la noche.
En la noche mil y una Sheherezada contó al sultán el cuento de una muchacha llamada Sheherezada
que durante mil y una noches contaba al sultán un cuento en el que una muchacha llamada Sheherezada contaba en mil y una noches un cuento en el que...
Y así sucesivamente.
Y, en fin, en la noche mil y una el sultán preguntó:
—¿Entonces, podría ser que nosotros también sólo seamos los personajes de un cuento?
Y Sheherezada dijo:
—Sí.
Y el sultán volvió a preguntar:
—¿Luego no somos reales ni tú ni yo ni este palacio?
Y ella volvió a responder:
—En efecto, no somos reales ni el palacio ni su inmenso jardín ni esta ciudad ni el desierto que nos rodea.
Y él parpadeó y dijo:
—¿No hay nada, pues, que sea de verdad?
Y respondió ella:
—Sí: la noche.
JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, p. 7.
&
Salvador Dalí
Labels: JOSÉ DE LA COLINA, MICRORRELATO
lunes, 21 de diciembre de 2015
LA ÚLTIMA MÚSICA DEL TITANIC, José de la Colina
LA ÚLTIMA MÚSICA DEL TITANIC
A Gerardo Deniz
Je sens vibrer en moi toutes les passions
d’un vaisseau qui souffre
Baudelaire.
Poco antes de la medianoche, entre el 14 y el 15 de abril de 1912, en su primer viaje y en el quinto día de navegar por el Atlántico desde Southampton Inglaterra a Nueva York Estados Unidos de Norteamérica, el RMS Titanic, de la compañía británica White Star, el mayor y más lujoso de los buques de pasajeros de todos los tiempos, un babilónico gran hotel sobre agua, inhundible según los expertos, cargado de dos mil doscientas personas (aristócratas, multimillonarios, gente de clase media, obreros emigrantes, marinos, maquinistas, personal de servicio, fogoneros), recibió un lateral y deslizado impacto de un iceberg súbitamente aparecido que antes de alejarse le desgarró las planchas metálicas del costado de estribor con un ruido que los tripulantes y pasajeros describirían como un débil rechinar o el rodar de un millar de canicas o el rasgarse de una pieza de seda o el roce de un dedo gigantesco por el recubrimiento metálico del barco, pero que los maquinistas y fogoneros sintieron como la explosión de una inmensa arma de fuego, como el rugido del trueno o el zumbido de un potente chorro de agua helada, y, tras una sacudida que despertó a unos pocos pasajeros,
el barco se detuvo en el que sería el último punto de su trayecto horizontal y sobreacuático, 41º 46’N, 50º 14’O, e inmediatamente el capitán Edward J. Smith, que había gozado esa misma noche de una fiesta dada en su honor por algunos de los más distinguidos viajeros, en la cual bailó tal vez un vals con la bella y parlanchina condesa de Rothes,
el blanquibarbado y digno capitán Smith, cuyo imponente porte no respondía a la trivialidad de su apellido, y que llegado a los 62 años de edad tenía ya decidido coronar su larga y eficiente carrera en la compañía marítima White Star retirándose tras ese afamado viaje en el suntuoso barco que consideraba tan invulnerable como para haber desdeñado a lo largo del día no menos de siete mensajes telegráficos de otros barcos acerca de la abundancia de icebergs en la zona, comprendió que el Titanic no tardaría en hundirse sino dos horas cuando mucho, de modo que había que mantenerlo a flote el mayor tiempo posible, disponer la evacuación ordenada de los pasajeros en botes salvavidas que, en conjunto, sólo eran capaces para poco más de la mitad de quienes iban a bordo, enviar hacia el entorno del vasto mar y la vasta noche el mensaje telegráfico de petición de socorro, inaugurando el uso de esa señal compuesta de tres letras Morse: tres puntos, tres rayas, tres puntos, S.O.S. (que lo mismo puede querer decir Save our sailors que Save our souls), ordenar que se lancen andanadas de cohetes luminosos, y resignarse a perecer con su embarcación según la tradición de la marina, la marina señora de los mares, la del cantado lema Rule Britannia, Britannia Rule the seas, oigan ustedes esa canción dentro del cráneo del capitán Smith, si ese cráneo está en alguna parte, oigan luego al capitán Smith ordenar a telegrafistas y coheteros la emisión de mensajes en petición de socorro, aconsejar a la tripulación: “Comportaros como súbditos de Su Majestad Británica”, y
entre otras medidas rápidamente tomadas para evitar el pánico de los pasajeros que empezaban a subir a cubierta, la mayoría arrancados al sueño, muchos sin poder creer o entender lo que sucedía, algunos todavía con la copa en la mano porque habían alargado los toasts en el salón parisién, otros más jugando a arrojarse los trozos de hielo que dejó el taimado iceberg antes de seguir su ignoto destino en la noche, unos pocos temblando ya ante el silbar y rugir del vapor desde la sección de calderas, y ante la paulatina inclinación de la proa, el capitán Smith hizo llamar a los miembros de la banda musical del Titanic, que esa misma noche habían tocado valses, polkas, romanzas, tangos, cakewalks, ragtimes, en la fiesta dada al capitán, y que, conocedores ahora de la situación, recomenzaron la música, quince minutos después de medianoche, en el mismo salón de primera clase, y luego pasaron a la entrada de la cubierta de botes y cerca de la escalera principal, así que mientras los demás pasajeros corrían, se amontonaban, tropezaban, se abrazaban, se ponían los chalecos salvavidas en aquella cubierta, e intentaban meterse a los insuficientes botes de salvamento, allí estaban aquellos siete músicos de los que, lo siento, sólo puedo dar el nombre de su director, Wallace Hartley, porque el único documento gráfico que de ellos he visto es un conjunto de ovales fotos que un libro reproduce en tamaño tan mezquino que, si bien los rostros pueden distinguirse, dos con bigotes, dos con sombrero (de copa uno de ellos), ninguno viejo e incluso uno con aspecto de muchacho, en cambio quedan minúsculos e ilegibles sus nombres y la especificación de los instrumentos que tocaban, y únicamente en una de las imágenes la mano del retratado descansa sobre el mástil y las cuerdas de un violonchelo, por lo cual queda suponer, hasta nuevos datos, que la orquesta estaba formada como cualquiera de su tipo y época, digamos con unpequeño piano trasladable, un saxofón, o flauta, o clarinete, un violín o un cello, más acaso un banjo o ukelele para el ragtime, no sé si una batería de percusión, no sé, lo único que habría sobrevivido a la disolución y la corrosión en el fondo del mar sería algún instrumento metálico, y cuando los esparcidos restos del Titanic y el barco mismo fueron hallados por el equipo de Robert D. Ballard en 1985, setenta y tres años después, no se halló nada parecido a un instrumento musical, aunque sí se encontraran muchas botellas de vino y champagne milagrosamente intactas y aun con corcho, y una cabeza de muñeca y hasta zapatos y botas,
y tampoco sé ni nadie sabe, porque los testimonios de los sobrevivientes no concuerdan, qué género de piezas tocaban los siete músicos, se habla sólo de “melodías animadas”, “miscelánea musical alegre”, “ritmos vivaces y muy sincopados”, “ragtime”, en fin, yo sólo me atrevo a suponer que hacia el final, que les llegó hacia las dos horas y quince minutos de la madrugada del lunes 15 de abril, ya sumergida la proa, el puente barrido y hundido por el agua, apretujados en la popa la mayor parte de los 1 500 pasajeros que no tuvieron lugar en los botes, y cuando el capitán Smith hubo dicho que desde ese momento cada uno debía valerse por sí mismo, cuando el sacerdote Thomas Byles estaba apresuradamente oyendo confesiones y dando absoluciones, tal vez los siete valientes músicos tocaron alguna pieza religiosa o el God Save the King o alguna de las solemnes cuatro marchas militares escritas entre 1901 y 1907 por Edward Elgar bajo el título Pomp and Circunstance, casi escucho esa música, casi veo a los siete hombres de pie, vestidos de etiqueta, muy juntos, en estrecho círculo, tratando de diluir su miedo y aplicándose concentrada, amorosa, profesionalmente, a emitir su música, casi se diría aislados del caos, del tumulto, el griterío de la gente que pasa corriendo, empujándose, atropellándose, llorando, gritando, gimiendo, rezando, en torno a ellos, esos siete aparentemente impasibles anglosajones que, sabiendo ya inútil cualquier esfuerzo por salvar el barco, por intentar salvarse ellos mismos, ponen su pundonor técnico, su orgullo de artistas, cualquiera que sea su categoría musical, en dar un sonido perfecto, llevar bien el tiempo, no soltar notas falsas, en lograr en fin lo que seguramente, aunque nadie sino ellos lo advierta, es la mejor performance de sus vidas, quizá cada uno permitiéndose una parte de solo entre partes de tutti, mientras el agua ya les moja los pies y es difícil mantener el equilibrio pues la cubierta ya tiene una inclinación de casi cuarenta y cinco grados, y de pronto
los interrumpe y silencia el gran estruendo de calderas que estallan, y luego el parpadeo y súbito apagarse de todas las luces, y la sacudida de la popa al partirse por el estallido de las calderas, y el desprenderse del resto del buque, y finalmente sueltan los instrumentos o se aferran a ellos, todo se abalanza verticalmente, todo se sumerge en las ávidas, frías, oscuras, feroces aguas, y nuestros siete (in)mortales músicos se ahogan y son arrastrados al fondo del océano, allá abajo, a cuatro kilómetros de profundidad, de silencio, de no música, donde yacieron desde entonces convirtiéndose como diría Shakespeare en something rich and strange antes de que el silencioso fondo del mar corrompa y disuelva sus esqueletos.
JOSÉ DE LA COLINA, Traer a cuento,FCE, México, 2014.
&
Valentin Gubarev
Labels: JOSÉ DE LA COLINA, NARRATIVA
lunes, 1 de junio de 2015
BUMERANG, José de la Colina
BUMERANG
Señor Presidente emite de viva voz instrucciones precisas a Secretario de Estado que por escrito da orden urgente a Oficial Mayor que por escrito da orden urgente a Oficial Segundo que por escrito da orden urgente a Director de Departamentos que por escrito da orden urgente a Jefe de Departamento A que por escrito da orden urgente
a licenciado Pérez
que días después por escrito pregunta a Jefe de Departamento A que por escrito pregunta a Director de Departamentos que por escrito pregunta a Oficial Mayor que por escrito pregunta a Secretario de Estado que si tendrá a bien preguntar a Señor Presidente si haría el favor de repetir y precisar instrucciones.
Labels: JOSÉ DE LA COLINA, MICRORRELATO
miércoles, 10 de diciembre de 2014
ROSA DE TOKIO, José de la Colina
ROSA DE TOKIO
En el corazón de la selva de las Filipinas, avanzando penosamente por las sendas fangosas y culebreantes, los soldados norteamericanos oían en la radio portátil esa hermosa voz femenina, que, llegada del enemigo Tokio y entre piezas de swing y blues, les predecía en un perfecto inglés la derrota y el final de la gran potencia de los Estados Unidos.
El comandante norteamericano prohibió que se escucharan las emisiones de Tokio, pero el soldado encargado de la radio, enamorado de la voz, la escuchaba a escondidas.
Y, siendo muy patriota, al final de la contienda solicitó un consejo de guerra y se acusó él mismo de alta traición.
El comandante norteamericano prohibió que se escucharan las emisiones de Tokio, pero el soldado encargado de la radio, enamorado de la voz, la escuchaba a escondidas.
Y, siendo muy patriota, al final de la contienda solicitó un consejo de guerra y se acusó él mismo de alta traición.
JOSÉ DE LA COLINA, Tren de historias, Editorial Aldus, México, 1998, página 60.
Labels: JOSÉ DE LA COLINA, MICRORRELATO
sábado, 12 de noviembre de 2011
ACTRIZ, José de la Colina
ACTRIZ
Nuestro director escénico pidió a la novel actriz una prueba de sus capacidades y ella recitó las tablas de multiplicar del 6, del 7 y el ocho, y antes de que llegara a la del 9 ya estábamos ardiendo de excitación erótica por todo lo que su voz y su gesto ponían en nuestra imaginación, así que fue inmediatamente contratada para el papel y de este modo comenzó su triunfal carrera en los escenarios, el cine, la televisión: en el mundo.
JOSÉ DE LA COLINA, Álbum de Lilith, México, Daga, 2000, p. 25.
jueves, 5 de mayo de 2011
LA METAMORFOSIS, SEGÚN SAMUEL BECKETT, José de la Colina
LA METAMORFOSIS, SEGÚN SAMUEL BECKETT
puf puf puf no llegando puf arrastrándome puf quién soy agh puf tantas patas puf lo terrible es haber despertado oh yo no Gregorio agh yo escarabajo puf maldito Godot que me hizo puf mierda agh
puf puf puf no llegando puf arrastrándome puf quién soy agh puf tantas patas puf lo terrible es haber despertado oh yo no Gregorio agh yo escarabajo puf maldito Godot que me hizo puf mierda agh
JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 89.
ILUSTRACIÓN: Pepe Casals
martes, 3 de mayo de 2011
LA METAMORFOSIS, SEGÚN LA SECCIÓN DE AVISOS DE UN PERIÓDICO, José de la Colina
LA METAMORFOSIS, SEGÚN LA SECCIÓN DE AVISOS DE UN PERIÓDICO
Hombre de 28 años, mediocre, con mediano sueldo de viajante de comercio, con aspecto y hábitos de escarabajo, busca escarabaja joven, bonita y hacendosa pero sin grandes ambiciones. Escribir a Gregorio Samsa, calle Kafka número 19, apartamento 301, Praga.
domingo, 1 de mayo de 2011
LA METAMORFOSIS, SEGÚN UNA DECLARANTE ANTE LA LEY, José de la Colina
LA METAMORFOSIS, SEGÚN UNA DECLARANTE ANTE LA LEY
La de la voz desea hacer constar ante el señor juez y el señor secretario y el señor mecanógrafo y el señor abogado defensor de oficio y los señores licenciados y los señores periodistas aquí presentes, a quienes agradece de todo corazón el interés que demuestran por su humilde persona, que efectivamente reconoce que ella pisoteó hasta matarlo a su esposo Gregorio Samsa, por mal apodo Goyo el Salsa, pero no lo hizo por tener instintos asesinos ni sucios intereses, sino porque la de la voz ya francamente estaba cansada de los malos tratos que él le daba, puros jaloneos y moquetes y hasta patadas a todas horas del día, y encima se burlaba de una, es decir la de la voz, y todos los fines de semana el tal Goyo llegaba muy tarde en la noche y bien tomado y nomás como por continuar la diversión, así como por puro gusto del relajo, le volvía a dar una paliza a la de la voz que aquí habla, que es mujer que, la mera verdad aunque otra cosa digan estos moretones, no nació para ser mujer sufrida, y que ya el colmo fue cuando una noche el tal Goyo, o séase el hoy occiso, llegó ebrio hasta las manitas y se tumbó en la cama y se notaba que estaba sufriendo de eso que llaman el delirium tremens, o algo así, y empezó gritar todo espantado diciendo que se estaba volviendo escarabajo, y que entonces, una, perdón, la de la voz, aprovechó la ocasión que la pintan calva y agarró un periódico y lo enrolló y entonces, ¡zas!, que Dios perdone a la de la voz, pero sí, eso hizo: de una vez aplastó al escarabajo del tal Goyo para que el canijo hijo de su escarabaja madre no sea desconsiderado ni abusivo y de una vez aprenda a respetar a una, ¡ay, este!, quiero decir a la de la voz.
JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 82-83.
viernes, 29 de abril de 2011
LA METAMORFOSIS CONTADA EN EL SOFÁ DEL PSICOANLISTA, José de la Colina
LA METAMORFOSIS, CONTADA EN EL SOFÁ DEL PSICOANALISTA
Gracias, doctor por ofrecerme el diván, que es bien acogedor y además con su exquisita blandura incita a que uno afloje al subconsciente, tiene usted razón, para un psicótico como yo no hay nada como regalarse con una buena sesión de psicoanálisis, ah, perdone usted la excesiva agitación de mis muchas patas, es que estoy nervioso, y bueno, creo que lo mejor es que ya de una vez le diga cuál es problema, resulta doctor que yo que soy un escarabajo muy racional y decente a cada rato tengo la pesadilla de que, horror, me he convertido en un monstruoso señor que es viajante de comercio y dice llamarse Gregorio Samsa, y ¡ay doctor!, ¿no será que sufro de complejo de inferioridad?
JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 78.
miércoles, 27 de abril de 2011
LA METAMORFOSIS, SEGÚN LAUTRÉAMONT, José de la Colina
LA METAMORFOSIS, SEGÚN LAUTRÉAMONT
No es un hombre, ni una piedra, ni una planta, sino un insecto coleóptero, quien inicia este canto. Lector de ojos puros y de frente aún no surcada por las uñas de la crueldad, esto te digo: no será sin peligro de tu alma, que supones inmortal (yo reiría si no tuviera los labios partidos), que te adentrarás en estas líneas impregnadas de execración, escritas sobre la piel tierna de un incauto infante por el joven de mirada azufrosa y frente estrecha, proscrito de todas las familias por él envenenadas con la literatura, pero puesto que osas avanzar en estas páginas pantanosas, no abandones a la almohada tu cabeza inflada por los vapores del tedio, no sea que despiertes, como yo, transformado en rampante escarabajo cuyas patas, difíciles de contar como los granos de sal del insomne océano, se agitan inconsistentemente, como las yerbas malignas en las noches de viento ululante. ¿No has oído la atroz carcajada del viajante de infame comercio al recorrerte la columna vertebral hueso a hueso?
Y así finalizó Gregorio Samsa su enésimo canto.
Y así finalizó Gregorio Samsa su enésimo canto.
JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 62.
IMAGEN: REEZ
lunes, 25 de abril de 2011
LA METAMORFOSIS, SEGÚN LEWIS CARROLL, José de la Colina
LA METAMORFOSIS, SEGÚN LEWIS CARROLL
Entonces Alicia llegó a una habitación donde el señor K, que había despertado convertido en escarabajo, movía incesante y alegremente las patas.
—Oh, es terrible dijo Alicia—. ¿No te sientes mal, acaso?
El insecto se atusó el bigote, que era lo único que le quedaba del señor K, y dijo:
—Me alegra que hayas venido, niña. Así podremos celebrar juntos mis 29 o 30 o 31 o quién sabe cuántos nocumpleaños de este mes.
—No es de personas bien educadas cambiar de Conversación replicó Alicia—. Eres un grosero.
—Niña tonta contrarreplicó el escarabajo—, lo importante no es cambiar de conversación sino cambiar de interlocutor.
—Oh, es terrible dijo Alicia—. ¿No te sientes mal, acaso?
El insecto se atusó el bigote, que era lo único que le quedaba del señor K, y dijo:
—Me alegra que hayas venido, niña. Así podremos celebrar juntos mis 29 o 30 o 31 o quién sabe cuántos nocumpleaños de este mes.
—No es de personas bien educadas cambiar de Conversación replicó Alicia—. Eres un grosero.
—Niña tonta contrarreplicó el escarabajo—, lo importante no es cambiar de conversación sino cambiar de interlocutor.
JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 58.
sábado, 23 de abril de 2011
LA METAMORFOSIS, SEGÚN PASCAL, José de la Colina
LA METAMORFOSIS, SEGÚN PASCAL
El hombre es sólo un escarabajo, pero (aunque para su desgracia) un escarabajo pensante.
El hombre es sólo un escarabajo, pero (aunque para su desgracia) un escarabajo pensante.
jueves, 21 de abril de 2011
LA METAMORFOSIS, SEGÚN SAMUEL BUTLER, José de la Colina
LA METAMORFOSIS, SEGÚN SAMUEL BUTLER
Nunca Gregorio Samsa se sintió con mejor salud y más entonado como la mañana en que despertó convertido en un monstruoso escarabajo. Se dice que la señora Samsa, la madre, comentó la circunstancia con una señora vecina: Gregorio se había acostado tranquilo, con muy buen ánimo, etcétera. Cuando le conté esto a Borges, lamentó que ese rasgo no figurase en Kafka. Lo miré y le dije: “Yo también soy Kafka”.
martes, 19 de abril de 2011
LA METAMORFOSIS, SEGÚN CERVANTES, José de la Colina
LA METAMORFOSIS, SEGÚN MIGUEL DE CERVANTES
En un barrio de Praga de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un joven viajante de comercio de los de camisa semanaria, corbata manchada de sopa y zapatos polvorientos. Es pues de saberse que este sobredicho viajante, en los ratos en que no andaba vendiendo, que eran los más del año, se daba a leer libros de entomologia, ciencia que trata de los insectos, con tanta afición y gusto que olvido de todo punto su trabajo y leyendo se le pasaban las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio. Y, rematado ya su juicio con tales lecturas, vino a dar en el más extraño pensamiento en que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, para escapar al fisco y a los acreedores, convertirse en un escarabajo...
JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 43.
domingo, 17 de abril de 2011
LA METAMORFOSIS, SEGÚN HAMLET, José de la Colina
LA METAMORFOSIS, SEGÚN HAMLET
Ser o no ser. Ser escarabajo feliz o ser Gregorio Samsa infeliz: he ahí el dilema.
Ser o no ser. Ser escarabajo feliz o ser Gregorio Samsa infeliz: he ahí el dilema.
JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 31.
viernes, 15 de abril de 2011
LA METAMORFOSIS, SEGÚN CHUANG ZU, José de la Colina
LA METAMORFOSIS, SEGÚN CHUANG ZU
FOTOGRAFÍA: Pedro J. Moyano
Gregorio Samsa soñó que era un escarabajo y no sabía al despertar si era Gregorio Samsa que había soñado ser un escarabajo o un escarabajo que había soñado ser Gregorio Samsa.
JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 24.
FOTOGRAFÍA: Pedro J. Moyano
miércoles, 13 de abril de 2011
LA METAMORFOSIS, SEGÚN LA OTRA BIBLIA, José de la Colina
LA METAMORFOSIS, SEGÚN LA OTRA BIBLIA
En uno de los momentos del principio, Dios inventó al hombre. Y vio Dios que eso no era bueno. Y Dijo Dios: "Hágase la metamorfosis." Y despertó el hombre convertido en escarabajo. Y se dijo Dios: "Tal vez esto tampoco sea bueno, pero es más divertido."
JOSÉ DE LA COLINA, Portarrelatos, Ficticia, México, 2007, página 8.
ILUSTRACIÓN: Damián Felitte
miércoles, 1 de diciembre de 2010
LA CULTA DAMA, José de la Colina

La culta dama
Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado "El dinosaurio".
-Ah, es una delicia- me respondió- ya estoy leyéndolo.
JOSÉ DE LA COLINA
Velas al viento. Los microrrelatos de La nave de los locos, Cuadernos del Vigía, Granada, 2010, p. 64.
CUADRO: EVA GONZALES
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