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jueves, 14 de octubre de 2010

BLANCO, José Luis Jover, Ricardo Menéndez Salmón, Kasimir Malévich



BLANCO


Papel vacío que lo blanco defiende.
¿Lo blanco defiende el vacío papel?
¿El papel vacío defiende lo blanco?


JOSÉ LUIS JOVER, A esta baraja le faltan corazones, Pre-Textos, Valencia, 1993, página 15.

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Hay días en que no sucede nada. Es decir: nada que adopte la forma de una escritura sensata. Mucha gente, en realidad, pasa por la vida sin hacer nada, sin decir nada, nadeando de forma constante, pero quizá no sea consciente de ello, o no le importe, o, sencillamente, lo ignore. La nada es a menudo una condición invisible, inaudible, insípida. Se vive en ella como se respira: de modo mecánico. Al escritor, sin embargo, lo sobresalta la nada, lo abruma, lo devora como un cáncer secreto. Sentado ante su tarea, intentando poner orden en lo que sucede, interrogándose brutalmente, apremiando a los hechos para que los hechos hablen, de pronto descubre que no tiene nada que decir, nada de lo que hablar, nada que escribir.


RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN, La luz es más antigua que el amor, Seix Barral, Barcelona, 2010, p. 112.


MALÉVICH, Cuadro blanco sobre fondo blanco (1918)

martes, 12 de octubre de 2010

DOBLE, José Luis Jover

DOBLE


Faltó un amanecer
y un sol que rompiese
contra la nieve
que te envuelve
y te heló.

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(Amanecer que te nieve
y que rompiese un faltó
te heló la contra
y envuelve un sol.)


JOSÉ LUIS JOVER, A esta baraja le faltan corazones, Pre-Textos, Valencia, 1993, página 67.

miércoles, 6 de octubre de 2010

PRÉLUDE DE LA PORTE HÉROÏQUE DU CIEL, José Luis Jover

PRÉLUDE DE LA PORTE HÉROÏQUE DU CIEL
(Erik Satie)


De muy niño, cuando tenía un año, y menos, se dormía con una música que su madre hacía sonar en el gramófono. Era un piano. Luego pasó el tiempo, y hubo un momento en el que ya no volvió a escuchar aquella música. Después olvidó qué música era. Y al final ni siquiera recordaba que hubiera habido alguna vez una música con la que de niño se dormía. Anciano ya y enfermo, una noche soñó escuchar aquel piano y aquella música, que reconoció enseguida, en el sueño. Y ya no despertó.


JOSÉ LUIS JOVER, A esta baraja le faltan corazones, Pre-Textos, Valencia, 1993, página 27