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martes, 7 de julio de 2015

CUANDO NO EXISTEN LAS PALABRAS, Sergio del Molino


   Este libro es un diccionario de una sola entrada, la búsqueda de una palabra que no existe en mi idioma: la que nombra a los padres que han visto morir a sus hijos. Los hijos que se quedan sin padres Son huérfanos, y los cónyuges que cierran los ojos del cadáver de su pareja son viudos. Pero los padres que firmamos los papeles de los funerales de nuestros hijos no tenemos nombre ni estado civil. Somos padres por siempre. Padres de un fantasma que no crece, que no se hace mayor, al que nunca vamos a recoger al colegio, que no conocerá jamás a una chica, que no irá a la universidad y no se marchará de casa. Un hijo que nunca nos dará un disgusto y a quien nunca tendremos que abroncar. Un hijo que jamás leerá los libros que le dedicamos.
   Que nadie haya inventado una palabra para nombramos nos condena a vivir siempre en una hora violeta. Nuestros relojes no están parados, pero marcan la misma hora una y otra vez. Cuando parece que el segundero va a forzar a la manija horaria a saltara la siguiente hora, ésta vuelve a la anterior. Vivimos atascados en ese no-man's time, en un pleonasmo de nosotros mismos, y en él evocamos aquel relato fantástico e inverosímil, aquella tragedia barata llena de artificios de guionista zafio, que nos encerró aquí. Yo la evoco por escrito. Recuerdo este año de mi vida con la esperanza de fijar su relato y no convertirlo nunca en un lugar común.
   Mi hijo Pablo tenia diez meses cuando ingresó en el hospital y estaba a punto de cumplir dos años cuando arrojamos sus cenizas. Ése es el tiempo que cabe en nuestra hora violeta. Ése es el tiempo que cabe en este libro, que contiene todas las palabras que hacen falta para nombrar mi condición.

SERGIO DEL MOLINO, La hora violeta, Mondadori, Barcelona, 20013, p. 11.

viernes, 13 de marzo de 2015

[LOS CADÁVERES...], Sergio del Molino

   Los cadáveres se niegan a cerrar los ojos, como se niegan a moverse y a desaparecer de nuestra vista. Los cadáveres se niegan a todo. Hay que obligarles a hacer cosas. A que dejen de mirarnos, a que cierren la boca, a que se vayan del lecho, a vestirse y a enterrarse o a quemarse hasta caber en una cajita de cenizas. El cadáver es desobediente y terco. Torcer su última voluntad cuesta mucho trabajo.


SERGIO DEL MOLINO, Lo que a nadie le importa, Random House, Barcelona, 2014, p. 236.
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Jeremy Lipking

lunes, 2 de marzo de 2015

[LA MUERTE...], Sergio Del Molino

   La muerte pasó distraída y soltó una vena del cerebro como quien desabrocha un sostén.

SERGIO DEL MOLINO, Lo que a nadie le importa, Random House, Barcelona, 2014, p. 204.
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Man Ray

lunes, 16 de febrero de 2015

[LOS MORIBUNDOS...], Sergio del Molino

   Los moribundos que alargan su muerte como un invitado pegajoso que no se entera de que sobra en la casa bajan un escalafón en el rango de agonizantes.

SERGIO DEL MOLINO, Lo que a nadie le importa, Random House, Barcelona, 2014, p. 231.
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Shomei Tomatsu

jueves, 12 de febrero de 2015

[LA CARRETERA...], Sergio del Molino

   ...la carretera vieja llena de grietas y grava, como una diva del cine mudo que llevara mucho tiempo sin recibir muestras gratuitas de cremas y maquillaje.

SERGIO DEL MOLINO, Lo que a nadie le importa, Random House, Barcelona, 2014, p. 174.
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Manuel Villena

sábado, 7 de febrero de 2015

[SI NOMBRAR ES POSEER...], Sergio del Molino

   
   Si nombrar es poseer, negarse a nombrar es una forma de abandono.

SERGIO DEL MOLINO, Lo que a nadie le importa, Random House, Barcelona, 2014, p. 175.
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Pow

domingo, 11 de enero de 2015

[LA LITERATURA SE PARECE MÁS A UN ACCIDENTE GEOLÓGICO...], Sergio del Molino

   La literatura se parece más a un accidente geológico que a un oficio artesano. Los libros son estalactitas maduradas letra a letra, hasta que la acumulación de sedimentos fabrica una roca. Un escritor está hecho sólo de paciencia, su trabajo consiste en preservar la cueva que gotea. Un fotógrafo, en cambio, sabe lo que va a contar su foto antes de dispararla. Sólo tiene que preparar la escena y combinar los elementos que confirmen el mundo que desea ser confirmado. Año tras año, la fotografía halaga los prejuicios de quienes la miran. Observad, les dice, así es el mundo, tal y como pensabais que era, en copia mate de diez por quince. Es un orden que preexiste al disparo, diseñado en una cabeza lógica que cree que la vida tiene razones que pueden revelarse. Un buen fotógrafo no busca sorpresas, sino confirmaciones. Y, de todas las formas posibles de divulgación de prejuicios, la fotografía bélica es de las más zafias.

SERGIO DEL MOLINO, Lo que a nadie importa, Mondadori, Barcelona, 2014, p. 58.

viernes, 9 de enero de 2015

[LA CERCANÍA DE LA MUERTE...], Sergio del Molino

   La cercanía de la muerte infantiliza al moribundo.

SERGIO DEL MOLINO, Lo que a nadie importa, Mondadori, Barcelona, 2014, p. 48.
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Man Ray