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miércoles, 26 de octubre de 2011

PESCA, Federico Fuertes Guzmán



PESCA

   ¡Otra vez mi mujer me ha dejado destapado! Ella tira y tira, y la madrugada me encuentra aterido y en posición fetal. Son las seis y todavía quedan un par de horas de cama, así que intentaré recuperar el tapado. Primero llega una colcha estampada de flores, después una primera manta de color celeste y una segunda amarilla (colores patrios para nosotros). Siguen llegando mantas y yo sigo tirando: mantas de lana, edredones, colchas estampadas, sábanas de franela y, ¡oh sorpresa!, después de mucho esfuerzo, aparece un gran banco de boquerones que dan sus últimos saltos sobre el lugar que hasta ese momento ha correspondido a mi cónyuge en el lecho nupcial.

FEDERICO FUERTES GUZMÁN, Los 400 golpes, e.d.a.,Benalmádena, 2008, p. 118.

martes, 11 de octubre de 2011

PESO PERFECTO, Federico Fuertes Guzmán


PESO PERFECTO

   Una noche de junio tuve sueños intranquilos: era un gordo irresponsable, tocado con una bufanda de color marfil. Yo, que siempre he tenido el peso perfecto, me atiborraba de cajas de donuts de chocolate y litros de yogurt líquido. Era una vida difícil, asediado por los triglicéridos y el colesterol. Una noche me acostaba sudoroso y soñaba que era un hombre ínfimo, algo menos de metro y medio. Mis costillas y mis huesos parecían más numerosos que los del resto de los bañistas. Para el almuerzo me conformaba con una lata de atún y por la noche me bastaba con fumarme varios cigarros. Dormía poco y casi siempre el alba llegaba antes de la primera cabezada. En ella soñaba que era inmensamente gordo y que pasaba la vida dormitando en un sillón, soñando que era inmensamente flaco y me agarraba a las farolas para no ser vilipendiado por el viento y llegaba exhausto a casa para soñar que me aproximaba a las dos centenas de kilos y me traían a la cama las cajas de comida italiana y las tabletas de chocolate. Y al dormir me veía en otra cama, rodeado de tubos de plástico, incapaz de mover un hueso y respirando lo menos posible. Un sueño tras otro fui tensando la cuerda por uno y otro extremo, más y más...
   Hasta que desperté.
   De nuevo tengo el peso perfecto, el índice de mi mano adelantado hacia los paseantes y una novia con peluca rubia, embellecida con mechas. Vestimos a la moda y somos felices, sólo que, a veces, el calor de las tardes veraniegas choca contra el escaparate y recalienta demasiado nuestros cuerpos de plástico y látex.

FEDERICO FUERTES GUZMÁN, Los 400 golpes, e.d.a., Benalmádena, 2008, p. 134.

martes, 27 de septiembre de 2011

EL TIEMPO VUELA, Federico Fuertes Guzmán


EL TIEMPO VUELA

   Lidia, su anciana madre y yo estamos sentadas en una cafetería y hablamos del tiempo: del tiempo con mayúsculas, del tiempo que nos lleva y nos trae, del tiempo imperial del cosmos. Está hermosa hoy mi princesa Lidia. Da un sorbo de su taza de té y gira la cabeza. Algo atrae su mirada tras el gran ventanal junto al que merendamos. «¡Mirad allí arriba!» dice de pronto. La madre y yo miramos al cielo. Como un grupo de flechas de oro, impecables y obedientes, diez años pasan volando sobre nuestras cabezas.
   Me vuelvo hacia Lidia. Ahora tiene gafas y el pulso le tiembla ligeramente, como a su difunta madre.

FEDERICO FUERTES GUZMÁN, Los 400 golpes, e.d.a., Benalmádena, 2008, p. 76.
Ilustración: Kathy Hare