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viernes, 4 de enero de 2019

[MIENTRAS DURA LA VIDA...], Francisca Aguirre

Mientras dura la vida, ¿dónde se esconderá la muerte? Debe de haber un error en algún sitio, una equivocación, algo descolocado. ¡Ay, la insistencia del desorden! ¡La terca obstinación pautada dentro del caos! ¡Ay, la persecución de una rara armonía mientras la muerte horada con sus dientes el antiguo rescoldo de la vida! Algo late con ritmo acelerado y la muerte se esconde avergonzada como si recordase que una vez tuvo madre. Y corre hacia ninguna parte a decirle a mamá que la perdone, que ha sido sin querer que todo es un descuido pero que esta sera la última vez, que ha sido sin mala intención. Y se va de puntillas con la cabeza gacha murmurando que la culpa no es suya.

FRANCISCA AGUIRRE, Ensayo general, Calambur, Madrid, 2018, página 581.
&
Erwin Olaf

sábado, 18 de junio de 2016

[CULTIVO EN MI JARDÍN...], Juan Antonio González Fuentes

Cultivo en mi jardín la muerte a la que no me rindo, y le muestro mi amor extremo. Tan sólo espero que el viento le susurre auroras de letargo, para dejar su herida abierta al acecho de mi bala inexperta.
JUAN ANTONIO GONZÁLEZ FUENTES, Atlas de perplejidad, Icaria, Madrid, 2004, p. 21.
&
Isao Tomoda

miércoles, 18 de mayo de 2016

POEMA PARA CAZAR UN OSO DE PELUCHE, Jesús Aguado

POEMA PARA CAZAR UN OSO DE PELUCHE

   Deja las escopetas, las cananas y los machetes de doble filo. A un oso de peluche no se le caza por la fuerza. Basta encontrarlo y son­reír para tenerlo. Pero esto es lo difícil: encontrado. Un oso de peluche no suele dormir solo: lo hace debajo del brazo de una niña, con muñecos y caballos de cartón en el fondo de una ces­ta de mimbre o con unos ratoncitos blancos en un baúl que casi nadie abre. Los más tiernos son aquellos a los que se les ha caí­do el cristal de sus ojos; estos sueñan hacia adentro y a veces se encienden como si fueran osos de verdad: osos pandas, osos blan­cos, osos marinos, osos hormigueros, osos colmeneros, osos marsupiales... Son tiernos pero también son peligrosos: cuando des­piertan estallan silenciosamente y dejan un germen de locura en mano furtiva de quien se los llevaba. En ocasiones un oso de peluche afila sus garras en la piel de una mujer que ya no tiene edad para dormir con osos de peluche. Entonces la mujer se convierte en un oso de peluche y el oso de peluche desaparece. Intentar cazar un oso de peluche en cuyo interior acecha una mujer requie­re algo más que valentía, paciencia y buen sentido para seguir el rastro; requiere olvidarse de uno mismo.

Jesús Aguado

MARTA AGUADO & CARLOS JIMÉNEZ ARRIBAS, Campo abierto. Antología del poema en prosa en España (1990-2005), DVD, Barcelona, 2005, pp. 53-54.
&
Man Ray

sábado, 15 de febrero de 2014

EL LENTO DESPLAZARSE DE LAS CONSTELACIONES POR TU PIEL, Julio Cortázar



EL LENTO DESPLAZARSE DE LAS CONSTELACIONES POR TU PIEL

   Después de tanta espera, de no saber cuándo ni cómo entrar en esto que no es más que un deseo puro y sin forma, bruscamente veo una puerta. En la tumba de La Osita, hablándole de tantas cosas, de que estoy empezando a traducir sus cuentos, de golpe pienso en los centenares de textos sueltos y fragmentarios de ella que aún no he leído. Me digo si la fusión de esos textos con el mío (sin mezclar los discursos, claro) no sería la manera de llevarlos a un libro, cosa imposible de otro modo, y que ese libro sea, como el París Marsella, otra vez nuestro libro.
   Ahora voy a leer todos los textos, y elegir. Ojalá lo mío vaya naciendo, sea llamado por ellos. Cuánto quisiera que escribiésemos de nuevo juntos muchas páginas, Osita. Creo que lo haremos, quiero que lo hagamos. Estaremos de nuevo tan juntos, Osita.

JULIO CORTÁZAR, Papeles inesperadosAlfaguara, Madrid, 2009,  437.
&

viernes, 31 de mayo de 2013

[TIENE MIEDO LA LLUVIA..], Carlos Skliar




Tiene miedo la lluvia. Miedo a no dejar encontrarnos. Miedo al desplante de los árboles.  Miedo a la soledad de los perros. Miedo a los niños que huyen. Miedo a los vagabundos, a  las persianas y a las azucenas. Miedo al golpe sobre la punta de los paraguas negros. Y ya  no cae.

CARLOS SKLIAR, No tienen prisa las palabras, Candaya, Barcelona, 2012, p. 137.


martes, 22 de noviembre de 2011

CLEOPATRA EN LA SECCIÓN DE BAÑO DE EL CORTE INGLÉS, Almudena Guzmán


 CLEOPATRA EN LA SECCIÓN DE BAÑO DE EL CORTE INGLÉS


Todos los veranos la misma historia.
        
La luz áspera del probador,
el biquini sobre la braga.
los pelos en las piernas.
        
Estás hecha un cuadro.
        
De Munch.


ALMUDENA GUZMÁN, Zonas comunes, Visor, Madrid, 2011, página 72.

jueves, 29 de septiembre de 2011

[HISTORIAS DE FANTASMAS...], Charles Simic

   Historias de fantasmas escritas en ecuaciones algebraicas. Ante la pizarra, la pequeña Emily está aterrorizada. Las X parecen un cementerio de noche. El maestro quiere que hurgue entre ellas con un trozo de tiza. Todos los niños aguantan la respiración. La tiza blanca chirría una vez entre los signos de más y menos, y luego se calla de nuevo.


CHARLES SIMIC, El mundo no se acaba y otros poemas, DVD, Barcelona, 1999, p. 31.

viernes, 23 de septiembre de 2011

[ÉRAMOS TAN POBRES...], Charles Simic


   Éramos tan pobres que en la ratonera yo tenía que ocupar el lugar del cebo. Totalmente solo en la bodega, podía oírles arriba ir de aquí para allá, agitándose y dando vueltas en la cama. Estos son días sombríos y endemoniados , me decía el ratón mordisqueándome la oreja. Pasaron los años. Mi madre llevaba una estola de piel de gato que sacudía hasta que las chispas iluminaban la bodega.


CHARLES SIMIC, El mundo no se acaba y otros poemas, DVD, Barcelona, 1999, p. 26.

lunes, 11 de abril de 2011

DESPUÉS DEL DILUVIO, Arthur Rimbaud

DESPUÉS DEL DILUVIO

En cuanto la idea del Diluvio se sosegó,
Una liebre se detuvo entre los pipirigallos y las campanillas móviles, y dijo su plegaria al arco iris, a través de la tela de araña.
¡Oh! Las piedras preciosa que se ocultaban, — las flores que miraban ya.
En la ancha calle sucia, se establecieron las carnicerías, y fueron haladas las barcas hacia el mar en alto, como en los grabados.
La sangre corrió, en casa de Barba Azul, — en los mataderos, — en los circos, donde el sello de Dios hizo palidecer las ventanas. La sangre y la leche corrieron.
Los castores edificaron. Los "mazagrans" humearon en los mostradores.
En la gran casa de vidrios, todavia chorreantes, los niños de luto miraron las maravillosas imágenes.
Una puerta crujió, y, en la plaza de la aldea, el niño hizo girar sus brazos, comprendido por todas las veletas y gallos de campanario, bajo el deslumbrante aguacero.
Madame*** instaló un piano en los Alpes. La misa y las primeras comuniones se celebraron en los cien mil altares de la catedral.
Las caravanas partieron. Y el Splendide—Hotel fue construido en el caos de hielos y noche del polo.
Desde entonces, la Luna oyó a los chacales gimoteando en los desiertos de tomillo —y a las églogas en zuecos gruñendo en el vergel. Después, en la arboleda violeta, llena de retoños, Eucaris me dijo que era la primavera.
Salta, estanque; — Espuma, rueda sobre el puente y pasa por encima de los bosques; —paños negros y órganos, relámpagos y truenos, subid y rodad; — Agua y tristezas, ascended y reanimad los Diluvios.
Pues desde que se disiparon, — Oh ¡las piedras preciosas hundiéndose, y las flores abiertas! — ¡es un tedio! Y la Reina, la maga que alumbra su brasa en la vasija de barro, no querrá jamás contarnos lo que ella sabe, y nosotros ignoramos.


ARTHUR RIMBAUD, Iluminaciones, Visor, Madrid, 1974, pp. 37-38.

VERSIÓN: Cintio Vitier

jueves, 31 de marzo de 2011

[YA NO TIENES PADRE, NI MADRE, NI MEMORIA.], Andrés Barba & Pablo Angulo

LIBRO PRIMERO [ 2 ]

Ya no tienes padre, ni madre, ni memoria. Nadie te ha mentido. No han pasado por ti las largas horas del aburrimiento infantil, ni el rencor, ni la cebada de las vísperas, ni el poder. No ha habido juez, ni mujer que haya amanecido a tu lado oliendo a sueño. No has estado allí, donde creíste sufrir. Esas cosas tuyas que con tanto afán has alimentado y vestido no las reconoces ya, ni esas cosechas. No te ha requerido nadie para ser consolado ni has buscado tú a nadie ya nunca. No percibes la alegría de los cuerpos, ni su tristeza. Ni la enfermedad. Ni la carga. Ni el ansia. Ni los cráneos minúsculos de los pájaros, ni los fluidos. La cucaracha murió al borde del fregadero encogida de veneno en polvo. Murieron las hormigas y el perro. ¿Lo recuerdas? Di. ¿Lo recuerdas? Murió la tarde y la pequeña de los vecinos de una pena redonda en el estómago amarilla y risueña de sedantes, como el amanecer de un teatro, y tu hermano murió, y las manchas de la servilleta murieron y el placer de la arena caliente de la playa y las cerillas murieron también. Ya nunca has estado allí donde se echan al fuego los excrementos olorosos de las vacas, ni has acariciado más nada. Tampoco eso es cierto: ni siquiera has dudado. Aquella tarde no te sentaste en aquella puerta. Aquel sol no era verdad. Aquellos labios no eran verdad. No te has detenido a despedirte, no has buscado arbitrar el frescor del mundo en las manos de otro, no has aprendido, no has admirado, no has visto, no has danzado, no has hablado, no has alabado en ningún templo, no has reído. Recuerda. Ya no tienes padre, ni madre, ni memoria.


ANDRÉS BARBA & PABLO ANGULO, Libro de las caídas, Sexto Piso, México, 2008.

domingo, 16 de diciembre de 2007

MURIÓ LA VERDAD, Juan Carlos Marset







MURIÓ LA VERDAD

La verdad muerta centellea como recién nacida. Imposible distinguir, del montón de adoradores, a los vivos de los muertos. Todos llevan por cara una careta, un nombramiento por nombre, para protegerse de una dolorosa succión por dentro. Alimentan la lombriz de su vacío con la misma gana. Feliz sardina acorralada, yo te canto y te saludo. Una sombra ilumina a otra sombra, una luz oscurece a otra luz, y los espectros del horror qué traman. Yo retrato vuestro afán de regresar a las tinieblas. Desastrados antifaces de los dioses. Monstruos embozados. Os vigilo, larvas de la guerra.


JUAN CARLOS MARSET


KRAWIETZ, Alejandro y LEÓN, Francisco, La otra joven poesía española, Igitur, Tarragona, 2003, p. 54.

sábado, 17 de noviembre de 2007

ENCONTRÉ SOLO TELARAÑAS, Leopoldo María Panero

Leopoldo María Panero
Poesía 1970-1985
Visor
Madrid
1986
página 39












ENCONTRÉ SOLO TELARAÑAS

Encontré solo telarañas. Viejos valses caídos en los ricones.
Encontré sonrisas: de debutantes, de condesas arruinadas, de cazadores de dotes. También la sonrisa del Rey, feliz por el regreso de su hijo.

Las Damas de la Caridad se dedicaban a enjaular ruiseñores, para que dejaran de cantar, y una muerte lenta, y así hacerse collares con sus huesos brillantes.

lunes, 12 de noviembre de 2007

BORGES Y YO, Agustín Fernández Mallo

BORGES Y YO


[1] versión un % plagiada:

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo, AFM, cami­no por Isorope Micronation y me demoro, acaso ya mecánica­mente, para mirar e! arco de una cúpula hormigonada o el icono atrebolado que señala: Radioactive Zone. De Borges tengo noti­cias por el correo, y veo su nombre en una terna de ilustres de algunas web, o en un diccionario de aquellos biográficos que aún conservo y que usábamos antes de vivir en este laberinto bajo tie­rra. Me gusta la música de Esplendor Geométrico, los mapas pixe­lados, la tipografía de grano grueso, el sabor del Cola-Cao Turbo y la prosa nipona del Siglo 4; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo tan visionario que, aún después de muerto, lo convierten en el más ilustre personaje de aquella corriente estéti­ca que se dio en llamar apropiacionismo Sería exagerado afirmar que nuestra relación es amistosa u hostil, sólo es: Borges vive, se deja vivir, pata que yo pueda seguir tramando en él mi literatu­ra y esa literatura me justifica. No me importa admitir que he logrado varias páginas simpáticas o pasables, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera de él, sino del lenguaje y la tradición Por lo demás, yo estoy destinado a perderme definitivamente y sólo algún instan­te de mí podrá sobrevivir en él. Poco a poco voy cediéndole todo. Le consta mi perversa costumbre de falsear y magnificar; y no le importa. El Equipo-A entendió que todas las cosas quieren per­severar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra, un tigre un tigre, un isótopo un isótopo, un vikingo un vikingo. Yo he de quedar en Borges, no en mí [si es que alguien soy], y me reco­nozco más en sus libros que en el juego de mis pobres interpo­laciones. Hace años traté de librarme de él y pasé de las mitolo­gías de videojuego a los juegos con el tiempo y el infinito en este intestino de cemento, pero esos juegos siempre han sido de Borges y tendré que inventar otros. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o de él. No sé cuál de los dos escri­be esta página.


[2] versión iconográfica


o como el yo-yo que te compraron en tu 7º cumpleaños que rue­da sobre sí mismo a la vez que va y viene entre tu mano y la máxi­ma extensión de la cuerda. Bendito yo-yo, ego-ego, yo-yo.


Campo abierto. Antología del poema en prosa en España (1990-2005), DVD, Barcelona, 2005, pp. 182-183.