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lunes, 25 de julio de 2016

EL GANADOR, Lêdo Ivo

EL GANADOR

Cuanto gané se deshizo en el aire como una metáfora.
Ahora guardo sólo aquello que perdí:
el viento que soplaba en la colina,
la nieve que caía en el aeropuerto
y tu pubis dorado, tu pubis dorado.

LÊDO IVO, Rumor nocturno, Vaso roto, Barcelona, 2009, p. 79.
& 
Laura Makabresku



lunes, 18 de julio de 2016

LOS POEMAS, Lêdo Ivo

LOS POEMAS

Es mi cuerpo quien escribe mis poemas.
Mi alma es una sucursal de mi mano.
Las palabras me buscan en el silencio.
Las palabras son estrellas que reclaman
un papel en blanco: cielo, constelación.



LÊDO IVO, Rumor nocturno, Vaso roto, Barcelona, 2009, p. 107.
&
Keith Gaskin

lunes, 11 de enero de 2016

EL DÍA FUGITIVO, Lêdo Ivo

EL DÍA FUGITIVO

Una llave escarlata abre la puerta del día.
Un pétalo cae en la cuneta.
Los hombres pasan por la tierra.
Por el mar pasan las nubes y los barcos.

Una vida perdida es una vida encontrada.
El fuego que se propaga por la hierba seca
reclama la luz de los astros
posada en la mañana desamparada.

El sol que rige las lluvias de verano
rige las sombras de los seres tendidos
en las largas quillas de la evasión.

Y la lluvia cae, la lluvia, agua evadida
del cielo embriagado que celebra
la victoria de la tiniebla y el trueno.


LÊDO IVO, Rumor nocturno, Vaso roto, Barcelona, 2009, p. 203.
&
Kym Scott

viernes, 14 de junio de 2013

QUIÉN, Lêdo Ivo



QUIÉN

Quién enjuaga la ropa
quién barre la escalera
quién lava la vidriera
quién encera la casa
Quién devuelve a la letrina
el color inmaculado
quién pule los muebles
quién va al basurero
En la mañana se mueve
una mano doméstica
que limpia en silencio
las manchas del mundo.


LÊDO IVO, El silencio de las constelaciones, Monte Ávila, Caracas, 2010,  p. 145.

miércoles, 12 de junio de 2013

EL DON DE LA TRAVESÍA, Lêdo Ivo


EL DON DE LA TRAVESÍA


Un camino que no me lleve a ninguna parte
y sea sólo camino, sin comienzo ni fin,
es lo que pido al día, y el día me concede
el don de la travesía, para que yo avance
bajo las estrellas y soles, rodeado de mí,
sin jamás alcanzar la puerta buscada
o la llave perdida en una duna pálida.
Y avanzo como el día, como el día suspendido
entre la nube caída y la lluvia de verano,
sin dejar ningún rastro o sombra en el suelo.

LÊDO IVO, El silencio de las constelaciones, Monte Ávila, Caracas, 2010,  p. 183.

Fotografía: Luis Calvente

viernes, 11 de enero de 2013

EL GIRASOL, Lêdo Ivo



EL GIRASOL

En mi mano cerrada cabe el día,
el fuego aleatorio de los instantes
y el silencio que esparcen los amantes
cuando termina la fiesta y nada queda

de la luz petrificada entre las montañas.
En mi mano abierta cabe la sombra
abandonada por la vida que me espera
lejos del invierno, cuando la primavera

devuelve al tallo la rosa fenecida
y lo que fue vuelve a ser, y toda pérdida
regresa como un lucro inmerecido.

Mi mano sostiene un girasol.
Soy la sobra y el exceso, como el viento
o como la luz incómoda del sol.

LÊDO IVO, El silencio de las constelaciones, Monte Ávila, Caracas, 2010,  p.125.

jueves, 27 de diciembre de 2012

LOS POBRES EN LA ESTACIÓN DE AUTOBUSES, Lêdo Ivo




LOS POBRES EN LA ESTACIÓN DE AUTOBUSES


Los pobres viajan. En la estación de autobuses
levantan los pescuezos como gansos para mirar
los letreros del autobús. Sus miradas
son de quien teme perder alguna cosa:
la maleta que guarda un radio de pilas y una chaqueta
que tiene el color del frío en un día sin sueños,
el sandwich de mortadela en el fondo de la mochila,
y el sol del suburbio y polvo más allá de los viaductos.
Entre el rumor de los alto-parlantes y el traqueteo de los autobuses
temen perder su propio viaje
escondido en la neblina de los horarios.
Los que dormitan en las bancas despiertan asustados,
aunque las pesadillas sean un privilegio
de los que abastecen los oídos y el tedio de los psicoanalistas
en consultorios asépticos como el algodón que tapa
la nariz de los muertos.
En las filas los pobres asumen un aire grave
que une temor, impaciencia y sumisión.
¡Qué grotesco son los pobres! ¡Y cómo molestan sus olores
aun a la distancia!
No tienen la noción de los conveniente,
no saben portarse en público.
El dedo sucio de nicotina restriega el ojo irritado
que del sueño retuvo apenas la legaña.
Del seno caído e hinchado un hilillo de leche
escurre hacia la pequeña boca habituada al lloriqueo.
En los andenes van y vienen, saltan y
aseguran maletas y paquetes,
hacen preguntas impertinentes en las ventanillas,
susurran palabras misteriosas
y contemplan las portadas de las revistas con aire espantado
de quien no sabe el camino del salón de la vida.
¿Por qué ese ir y venir? ¿Y esas ropas extravagantes,
esos amarillos de aceite de dendé que lastiman la vista delicada
del viajero obligado a soportar tantos olores incómodos,
y esos rojos chillantes de feria y parque de diversiones?
Los pobres no saben viajar ni saben vestirse.
Tampoco saben vivir: no tienen noción del confort
aunque algunos de ellos tengan hasta televisión.
Verdaderamente los pobres no saben ni morir.
(Tienen casi siempre una muerte fea y de mal  gusto)
Y en cualquier lugar del mundo molestan,
viajeros inoportunos que ocupan nuestros lugares
aun cuando vayamos sentados y ellos viajen de pie.

Lêdo Ivo 

Ilustración: Rosaura Rodríguez

lunes, 24 de diciembre de 2012

PARTIDA DE NACIMIENTO, Lêdo Ivo


PARTIDA DE NACIMIENTO

El nacimiento del día es nuestro nacimiento.
Nacemos con la aurora y nuestras manos se alzan
para ahuyentar la oscuridad que recubre el mundo
y oculta los navíos.
En la borda que nos separa del océano
somos los primeros que oyen el grito agudo de las gaviotas
que sobrevuelan los remolcadores. Y bajo el sol que avanza
como un insecto por la hoja verde de un almendro
buscamos en las aceras las primeras sombras
que anticipan la procesión silenciosa de los hombres
en las escaleras mecánicas del metro.
En el amanecer de pan y marejada, los autobuses pasan
trayendo de los suburbios los últimos restos de la noche.
Los aeropuertos se abren lentamente como las corolas.
En la maternidad de fachada ennegrecida por las lluvias
nace un niño. Y su llanto inaugural
sube por el aire de la mañana como una segunda aurora.

LÊDO IVO, El silencio de las constelaciones, Monte Ávila, Caracas, 2010, p. 179.

Traducción: Nidia Hernández