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jueves, 30 de octubre de 2014

EL MELÓMANO, Eusebio Ruvalcaba

EL MELÓMANO
   Compra discos, lee biografías de músicos, colecciona programas de mano. Por sus venas circula música. Y muchas veces ama aún más la música que los propios músicos. Pero llora en vez de tocar.

Eusebio Ruvalcaba

LAURO ZAVALA, Relatos vertiginosos, Alfaguara, México, 2009 (2000), página 138.
&

Charlotte Moorman

domingo, 6 de julio de 2014

[TODO SE EXPLICA...], Carlos Edmundo de Ory

Todo se explica por las adivinanzas, no por las evidencias.

Carlos Edmundo de Ory
&
Rivane Neuenschwander

martes, 13 de mayo de 2014

LA MARIONETA, Javier Puche

LA MARIONETA

   Tras el accidente estrepitoso y fatal, la marioneta, que yacía inerte en mitad del asfalto, abrió los ojos y empezó a incorporarse con gran lentitud. Ya erguida, aun­que en precario equilibrio, avanzó unos metros por la carretera, sorteando cadáveres, hasta alcanzar la mano muerta de su dueño, donde entrelazó cuidadosamente sus hilos de nylon. Acto seguido, cayó desvencijada al suelo, cerrando los ojos para siempre.

Javier Puche


FERNANDO VALLS, Mar de pirañas, Menoscuarto, Palencia, 2012, p. 249.

jueves, 10 de octubre de 2013

GRAN FINAL, Adolfo Bioy Casares



GRAN FINAL

El viejo literato dijo a la muchacha que en el mo­mento de morir él quería tener un último recuer­do de lujuria.

ADOLFO BIOY CASARES
&
Harold_Cazneaux

sábado, 17 de agosto de 2013

[EL PAPA PIO IX...], Adolfo Bioy Casares



El papa Pío IX, prelado amable, inteligente y santo, tenía mal de ojo en abundancia. Recorriendo Roma después de su coronación lanzó una supuesta bendición a una niña que sostenía un bebé desde una ventana abierta. De inmediato el niño cayó a la calle y  murió. Desde entonces su reputación como jettarore de primer orden fue segura. Uno de sus contemporáneos dijo: «Si no tuviera la jettatura, sería muy extraño que todo lo que bendice fracase. Cuando bendijo nuestra causa contra Austria en 1848, íbamos ganando batalla tras batalla a las mil maravillas; repentinamente todo se hizo pedazos Los otros días fue a Santa Agnese a presenciar un gran festival: el piso se derrumbó, y la gente resultó aplastada. Después visita la columna erigida en honor a la Madonna en la Piazza di Spagna y bendice columna y obreros y por supuesto uno de los obreros cae del andamio ese mismo día y se mata. Nada es tan fatal como su bendición.


Anthony Burgess, «The maleficent beam», TLS,
4 de septiembre de 1981

.ADOLFO BIOY CASARES, De jardines ajenos, Tusquets, Barcelona, 1997, p.17.

viernes, 9 de agosto de 2013

EN UN CEMENTERIO, Adolfo Bioy Casares



EN UN CEMENTERIO

   Contaba Alfred Hitchcock que, en un cementerio de Londres, junto a la tumba de un compañero muerto en la Segunda Guerra Mundial, se reunieron varios actores. Uno de ellos preguntó al viejo Charlie Coborn, actor de music-hall.
   —¿Cuántos años tienes?
   —Ochenta y nueve.
   El otro le dijo:
   —Realmente, Charlie, ¿te vale la pena volver a casa?

ADOLFO BIOY CASARES, De jardines ajenos, Tusquets, Barcelona, 1997, p. 30.

sábado, 3 de agosto de 2013

UNA ÓPERA DE JORGE SAND, Adolfo Bioy Casares


UNA ÓPERA DE JORGE SAND

   Pocos saben que Jorge Sand es autora de una ópera. Verdad es que es la nunca ha sido representada, por el motivo siguiente: La autora de Indiana acababa de entrar en relación con un compositor alemán por el cual había sentido repentinamente una admiración sin límites. Escribió expresamente para él un libreto de ópera, encargándole la música. Desgraciadamente, el pobre compositor estaba poco familiarizado con la lengua francesa, de manera que desde la primera audición de la obra se comprendió que había puesto en música todo el manuscrito, incluyendo hasta las indicaciones de escena, al punto que al final del primer acto un coro de aldeanos que asisten a la partida de su señor cantaba: «Il sort par la porte du fond. Il sort par la porte du fond».

La Nación, 17 de septiembre de 1884

ADOLFO BIOY CASARES, De jardines ajenos, Tusquets, Barcelona, 1997, p. 12.