lunes, 19 de septiembre de 2022

PLAYLIST EN KARAOKE DE BARRIO MIENTRAS ESTAMOS MUERTOS

 

 

 

PLAYLIST EN KARAOKE DE BARRIO MIENTRAS ESTAMOS MUERTOS

 

Ayer a Las 19:30 José Ovejero comparecía en la Fundación Luis Seoane en compañía de Javier Pintor y Andrés Seoane.

Yo debiera haber ido, no tanto con el afán de escuchar como por el afán de ver si, por fin, José Ovejero calzaba Unas botas de 350 pavos.

Pero no fui.  

Fui con los amigotes al karaoke.

Hay gente que se reúne con los amigos de la infancia para jugar al pádel, al fútbol sala, para cenar...

Lo nuestro es ir al karaoke de Visi. Entendedme. Las cañas y las copas ahí son más baratas porque, todo el mundo lo sabe, ya solo los colgaos van al karaoke. No somos muchos, pero sí somos fieles, porque compartimos apuestas desde siempre. Sellamos quinielas. Empezamos con la de fútbol y ahora no nos falta a qué apostar. Desde siempre, es desde la adolescencia. Somos los del barrio. Una precisión: los del polígono y Juanjo y yo, que vivíamos en una calle próxima al polígono.

Caña va caña viene hablamos más de lo humano que de lo divino.

Manel siempre está dando el coñazo con cualquier cosa sobre lo listo que es su buldog francés. Un trauma lo de no haber tenido perro, porque en nuestra infancia nosotros no teníamos más perros que los palleiros que paseaban su orfandad famélica por entre las huertas y los solares baldíos pendientes de construcción.

A Carlos le jode un huevo que su hermano no se haya divorciado aún. Tampoco le ayuda sospechar que su Pili (aún la llama así) ande en tratos con el segurata del súper en el que trabaja de cajera… Por eso o por todo, lleva muy mal lo de la custodia compartida, aunque tampoco se mata mucho por compartir. Ayer mismo dejó a su hija en casa tiktokeando para venir a esta reunión ineludible.

Con lo buen padre que yo soy…. No como mis padres que nos mandaron a vivir a casa de mi abuela. Yo siempre he estado ahí, ¡eh!...—dice.

Cuando Juanjo le recuerda que su padre tenía dos trabajos y él ninguno, se mosquea.

¿Y qué tiene eso que ver? —dice.

Pues que tu padre te sigue ganando por dos a cero.

Cuando Juanjo replica eso, Carlos se mosquea aún más.

Carlos lleva demasiado tiempo en el paro. Tres años es demasiado tiempo para cualquier tipo que, como nosotros, haya superado los cincuenta.

Miro hacia atrás y veo que, salvo los de Manel, nuestros padres fueron niños nacidos en la guerra. Embrutecidos por la escasez, la cartilla de racionamiento y el Auxilio Social, se convirtieron en padres con sabañones en orejas y manos, de copa de coñac y siesta, con la sutileza mínima para decirnos cuando nos habíamos caído: «anda..., ven aquí que te levanto…».

Cuando Visi ve que el ambiente se caldea, nos anima a quitarle las telarañas al karaoke y nos lanzamos a cantar. Primero celebramos que Eva María se haya ido y, después nos indignamos preguntándole por qué te vas. Juanjo se pone intenso cantando libre como el sol cuando amanece y como el mar. Esa la canta muy bien. Y Lolo clava si te dijera, amor mío, que temo la madrugada… Y cuando Carlos canta si me das a elegir entre tú y ese cielo donde, libre, es el vuelo para ir a otros nidos, Ay, amor, me quedo contigo acaba llorando, porque sabe que canta por cantar.

Lo mío no es cantar. 

Por eso cuando me tocó cantar Algo de mí… se me quebró la voz.  

Y no por lo difícil que sea llegar a los agudos de la canción de Camilo Sesto, sino porque, esta vez, me dio como un cotocroc y, de repente, me vi solo ante Visi, que me miraba con la misma cara de asco que cuando le pedí para el karaoke una canción de Nike Cave: Do you love me? (Like I love you)

Visi no acabó la EGB. Vamos, que no sabe inglés, pero va sobrada de intuición.

Y no sé por qué creo que me pasó lo que a Carme en «Mientras estamos muertos»: que me encontré solo, hablando con unos cuantos nadies que me rodeaban como esos ectoplasmas que, en cuanto te acompañan, te alejan de las cosas, porque sí: algo de mí se está muriendo. 

Y cuando te alejas de las cosas, lo leí en un libro muy bueno cuyo título ahora no recuerdo, viene a ser como estar muerto.

Todo esto (lo difícil que es hablar sobre uno mismo) lo explica muy bien José Ovejero en su último libro de cuentos, un libro denso, perfectamente construido por un hombre melancólico que hubiera querido comprar unas botas de 350 pavos. Un hombre que, cualquier día que se lo proponga, podrá volver a visitar el escaparate de esa zapatería de Bolonia, pero que nunca podrá volver a aquel momento dubitativo del pasado.

Porque nos pasamos la vida reviviendo

Porque no nos es posible desvivir...

Francisco Rodríguez Coloma

 

 

domingo, 19 de junio de 2022

[LA NIEVE DEL POEMA...], Juan de Beatriz


La nieve del poema sólo prende, 

según dicen, si el verso 

—hachazo de paciencia en el vacío— 

araña el justo centro del delirio. 

 

Igual que una navaja toca en hueso 

después de abrirse paso entre la carne. 

 

JUAN DE BEATRIZ, Cantar qué, Pre-Textos, Valencia, 2020, p. 18. 

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Abbas Kiarostami

sábado, 11 de junio de 2022

[YO DEBÍA TENER UNOS NUEVE AÑOS...], Jorge Volpi


   Yo debía tener unos nueve años, más o menos la edad de Britney, y, como ella, era tímida e insegura. De inmediato vino a mi memoria la cara mofletuda de Dorita, una niña de Guerrero que llegó a mitad del curso, simplona y regordeta, aquejada de labio leporino. Fui yo quien la apodó Feto y fui yo quien no dejó de molestarla, hoy diríamos bulearla, a lo largo de todo ese semestre. Feto esto, Feto aquello, no pasaba ni un segundo sin que la llamara Feto o no instara a los demás a reírse de ella con el mismo apelativo, Feto. Incluso le compuse una canción, de la que ahora ya solo me cimbra la tonadita, para carcajearme a sus expensas.

   Dorita no se enojaba ni lloraba, eso me daba más coraje, redoblé mis bromas de mal gusto, mis chistes y mis burlas, la pobre me suplicó que la dejara en paz, luego intentó pelearse conmigo hasta que le di un buen sopapo, por alguna razón nunca me acusó con la maestra. Le prometí dejar de molestarla si me entregaba su lunch diario, una caja de zucaritas y un plátano que yo tiraba, con un gesto de asco, al basurero. Cuando me cansé, obligué a Dorita a darme otras cosas, le arrebaté una Barbie aunque no me gustaran, también un horroroso reloj de plástico, unas tiritas doradas para el pelo, sus lápices de colores y su sacapuntas de Snoopy, sin que nada me impidiera seguirle diciendo Feto ni cantarle la ridicula canción cada vez que salíamos al patio.

   ¿Por qué me deleitaba torturarla? Porque los demás me celebraban, de repente yo era la mala y la ocurrente así fuera a costa de esa pobre niña de Guerrero. Ultrajarla me hacía sentir importante, ya no era la tonta, la débil, la indeseable, el mecanismo de todos los bulis, encontrar una víctima para dejar de ser víctima, hallar a alguien aún más deficiente para ocultar las propias deficiencias, señalar un chivo expiatorio para que el acoso no te achicharre el corazón. A la vuelta del verano, Dorita no regresó a la escuela, nunca volví a saber de ella. 

   Los adultos nunca fuimos niños. 

   Y, si lo fuimos, lo olvidamos. 

JORGE VOLPI, Partes de guerra, Alfaguara, Barcelona, 2022, pp. 149-150.

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Thu Nguyen

 

viernes, 10 de junio de 2022

[VIVIR ES...], Juan de Beatriz





Vivir es irse hundiendo en lo invisible.


Amamos cuanto existe porque desaparece.


JUAN DE BEATRIZ, Cantar qué, Pre-Textos, Valencia, 2020, p. 20.

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Colin Hunt

martes, 7 de junio de 2022

MI ABUELA Y HOLOFERNES, Abraham Guerrero Tenorio


MI ABUELA Y HOLOFERNES 

 

Cuando hablo de violencia, pienso 

en Judit y Holofernes, de Caravaggio: 

el tenebrismo al fondo, 

la luz entera nace del pecho de Judit, 

la vieja con la piel rugosa, tensa la sien, 

aguarda la cabeza de Holofernes, 

la cabeza que agarra la mano de Judit, 

la cabeza que grita. 

 

Aunque cuando hablo de violencia 

también pienso en mi abuela, 

su respingo desconfiado 

cuando una silla arrastra las uñas por el suelo, 

porque piensa en Alfonso, su marido 

que fue la silla y no el respingo. 

Mi abuela, que aún coge 

el rosario que descansa en su pecho 

por si algún Dios piadoso 

pudiera mitigar los golpes recibidos. 

 

Pero ni Caravaggio ni los rezos 

han sabido ofrecerle la rabia de Judit 

o una vieja de piel rugosa 

que aguarde la cabeza de Alfonso, su marido, 

la cabeza que ahora 

junto a ella respira 

por una mascarilla de oxígeno. 

 

ABRAHAM GUERRERO TENORIO, Toda la violencia, Rialp, Madrid, 2021, pp. 15-16.

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Caravaggio

domingo, 5 de junio de 2022

MUJERES CANSADAS, Abraham Guerrero Tenorio

MUJERES CANSADAS 

 

Las vemos en las plazas, en el supermercado, 

en las aceras, en los hospitales. 

Arrastran en los ojos 

el zumo avinagrado de los años, 

el peso insoportable del silencio. 

Son mujeres cansadas 

de ser tan solo madres, de cremas antiarrugas, 

de anuncios de compresas, de maridos que roncan, 

de partidos de fútbol, de la pornografía, 

de fumar ciegamente, de tomar ansiolíticos, 

de pensar en secreto, de llorar en secreto, 

de temer a lo osc uro, de luces a deshoras, 

de que Amor signifique 

que les tapen la boca 

unas manos violentas. 

 

ABRAHAM GUERRERO TENORIO, Toda la violencia, Rialp, Madrid, 2021, p. 27.

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Helga Paris

miércoles, 1 de junio de 2022

[EL AYUNO ES UNA DROGA PODEROSA Y BARATA...], Delphine de Vigan


   El ayuno es una droga poderosa y barata, a menudo se olvida mencionarlo. El estado de desnutrición anestesia el dolor, las emociones, los sentimientos, y funciona, en un primer momento, como una protección. La anorexia restrictiva es una adicción que hace creer en el control cuando en realidad conduce al cuerpo a su destrucción. 

DELPHINE DE VIGAN, Nada se opone a la noche, Anagrama, Barcelona, 2012. 

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Alex Katz