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lunes, 26 de diciembre de 2022

[LA FLOR QUE EMPEZAMOS A OLER...], Emilio Gavilanes




La flor que empezamos a oler en la infancia acabamos de olerla con la nariz de nuestros hijos, cuando ya no estamos.

EMILIO GAVILANES, Bazar, La Discreta, Alpedrete. 2020, p. 110. 

&

Ugne Pouwell



miércoles, 20 de abril de 2016

[PEQUEÑO NIDO...], Emilio Gavilanes

Pequeño nido.
Hojas, ramas y barro:
el campo entero.


EMILIO GAVILANES, El gran silencio, Comares, Granada, 2013, p. 11.
&
Vlada Vladochka

domingo, 27 de diciembre de 2015

CAMINO DE LA GUERRA, Emilio Gavilanes

CAMINO DE LA GUERRA

   En el verano de 1808 la Grande Armée sufre su primera derrota en campo abierto. Es la batalla de Bailén. Pocos meses después Bonaparte entra en la Península con un nuevo ejército, dispuesto a vengarse. Las tropas españolas se repliegan hacia León para unirse con las británicas de Moore. Los franceses los persiguen. El 31 de diciembre Napoleón entra en Astorga. Al instante su ejército comienza a saquearla. La ciudad está casi despoblada. Ha habido una epidemia de tifus. Fusilan a todos los hombres que encuentran. A los enfermos no los sacan de la cama. La apoyan contra una pared para que el prisionero pueda recibir el plomo casi en pie.
   Por todos los alrededores se difunde la noticia. Los antiguos alcaldes de los pueblos de la región piden a los hombres que acudan con sus armas de caza para hostigar al francés.
   El joven Tomás Morais tarda varios días en salir de La Carballa. La mujer estaba de parto y no quería dejarla sola.
   En media jornada alcanza el camino por el que ha llegado el enemigo. El frente de avance es enorme. Hay pisadas en el suelo embarrado del campo hasta donde alcanza la vista.
   Pasada La Bañeza ve que un cañonazo ha roto un granado y ha sacado la copa del cercado en el que se encontraba el árbol. Por primera vez ve esa fruta desconocida. La muerde, con curiosidad y quedan al descubierto los rojos granos en sus pálidas celdillas. Después de probarlos, guarda algunas frutas en el morral.
   Pasa una codorniz. La dispara. El barro que vuela explota y se abre en el aire una flor roja. Queda tan deshecha que no la puede recoger.
   Más allá una liebre corre trazando vueltas y revueltas, cambiando continuamente de dirección. A pocos metros un perro la persigue haciendo las mismas vueltas y revueltas. El perro se guía solamente por el olor. Parece ciego. Hay momentos en que, en una de esas curvas, la liebre queda a unos centímetros del perro. Si acortase por ahí la atraparía enseguida. Pero es esclavo del olor y no abandona el rastro, recorriendo los torturados metros que le separan de la liebre.
   Un gallo canta a lo lejos. Resuena como en otra realidad. Alerta un perro lejano. El pequeño bosque que Tomás Morais atraviesa ahora parece que está en el más allá. Piensa en su casa, en el llanto del recién nacido. Ya siente nostalgia de la vida que ha dejado.
   De pronto se topa con un jabalí vivo, tendido de espaldas, con las cuatro patas hacia arriba, rotas. Las cuatro hacen una línea quebrada. El animal está inmóvil. Solo se mueven los ojos, que miran con alarma cómo el hombre se acerca. Tomás Morais le hunde la navaja por debajo de la barbilla y tira hacia abajo. El vientre se abre como la mañana y queda a la vista el sol del corazón. Le corta los conductos que lo riegan. Los intestinos se desparraman. Parecen nubes de tormenta. Los ojos del jabalí intentan ver lo que está ocurriendo ahí abajo. No se espanta. Aún no sabe que se está muriendo. Morais espera que el corazón se pare. Entonces, sin saber por qué lo hace, lo corta y se lo guarda, envuelto en una camiseta limpia que lleva de repuesto. También le arranca los riñones, después de hundir la mano en las entrañas y de rebuscar entre las vísceras, calientes.
   Todas las cosas muestran otra cara. Parece que está viendo el envés del mundo. Cerca ya de Astorga ve una carga de caballería contra un grupo de paisanos mal armados. Los caballos no son los animales mansos que él conoce. Son indistinguibles de sus jinetes. Parece que los propios caballos blanden las espadas con las que descargan golpes sin cesar al enemigo que avanza a pie. Se oye fuego de fusilería.
   Antes de echar a correr hacia el combate, se asegura de que aún lleva colgada del cuello la cajita que encierra el papel en el que el señor cura le ha escrito la salvación de su vida: “Detente bala”.

EMILIO GAVILANES, Autorretrato, Punto de vista, Madrid, 2015.
&
Åsa

miércoles, 28 de octubre de 2015

LA POESÍA VIAJA AL NOROESTE , Emilio Gavilanes

LA POESÍA VIAJA AL NOROESTE

   Hoy se encuentra débil. Piensa que la última noche de luna llena bebió demasiado. El anciano Matsuo Basho avanza lentamente por un camino solitario. Es el primer día de otoño en que hace frío.
   Siente pinchazos en el vientre.  Se aparta del camino y en un borde defeca. Solo cuando siente alivio se da cuenta de que se ha agachado sobre una pequeña mata de flores, las flores con las que las jóvenes de la región hacen guirnaldas que dejan en los templos como ofrendas.
   "El primer haiku del día" dice para sus adentros.


EMILIO GAVILANES, Historia secreta del mundo, Ediciones de La Discreta, Alpedrete, 2015, página 81.
&
Masao Yamamoto

jueves, 20 de agosto de 2015

LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL POR EL FÚTBOL, Emilio Gavilanes

LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL POR EL FÚTBOL

   Entonces yo no sabía que por aquella época a papá, que había encadenado una serie de diez casos perdidos, le habían echado del bufete de abogados, que llevaba diez años escribiendo un libro de poesías que no le aceptaba ninguna editorial y que mamá ya le había dicho que quería separarse de él.
   Un día llegué del colegio y, con toda mi ignorancia, le pregunté que por qué éramos de un equipo que lo ganaba todo. Que nuestro sitio era estar con los que perdían, con los fracasados, como mis amigos. Que perder es más romántico. Todo eso.
   Entonces él me dijo que no me fiara de los perdedores. Que si todos prefieren la derrota es porque es superior y que por tanto los perdedores son ganadores. Los que ganamos somos inferiores, los realmente derrotados.
   Por complacerme renunció a la única victoria que le quedaba.

Emilio Gavilanes: Autorretrato. Punto de Vista Editores.
&
Henri Rousseau

viernes, 26 de septiembre de 2014

[NOCHE ESTRELLADA...], Emilio Gavilanes

Noche estrellada.
El prado con luciérnagas
parece un charco.


EMILIO GAVILANES, Salta del agua un pez, Comares, Granada, 2011, p. 21.
&
Chema Madoz

martes, 9 de septiembre de 2014

[LA MISMA LUNA...], Emilio Gavilanes



La misma luna
ilumina el jardín
y el basurero.


EMILIO GAVILANES, El gran silencio, Comares, Granada, 2013, página 34.
&
Linda Adlestein

lunes, 28 de julio de 2014

UN PADRE ES UN NIÑO ASUSTADO CUIDANDO DE OTRO NIÑO ASUSTADO, Emilio Gavilanes

   Creemos que conocemos a nuestros padres porque siempre han estado con nosotros. Por eso no hay nada que conocer. Son una parte de nosotros. Pero tuvieron una vida sin nosotros, antes de nosotros. Estuvieron solos. Y fueron jóvenes. Y niños. Ahora pienso mucho en mi padre de niño. Creo que nunca se deja de ser un niño asustado. Un padre es un niño asustado cuidando de otro niño asustado.

EMILIO GAVILANES, Breve enciclopedia de la infancia, Edhasa Castalia, Barcelona, 2014, p. 123.
&
Leonardo Da Vinci

viernes, 20 de junio de 2014

[SOBRE LA ACERA...], Emilio Gavilanes


Sobre la acera,
a la puerta del insti,
manchas de chicle.

EMILIO GAVILANES, El gran silencio, Comares, Granada, 2013, página 10.

sábado, 17 de mayo de 2014

[CAMINA Y PIENSA...], Emilio Gavilanes

Camina y piensa
el viejo en su niñez.
Nadie lo nota.

EMILIO GAVILANES, El gran silencio, Comares, Granada, 2013, página 53.
&
Martha Mosquera Arias

sábado, 10 de mayo de 2014

[NUESTRAS DOS SOMBRAS...], Emilio Gavilanes

Nuestras dos sombras
—la joven me adelanta—
se dan la mano.


EMILIO GAVILANES, El gran silencio, Comares, Granada, 2013, página 13.
&
Julio Ojea


sábado, 12 de abril de 2014

[SOBRE LA ALFROMBRA...], Emilio Gavilanes

Sobre la alfombra,
al volver de la clínica,
sus zapatitos.

EMILIO GAVILANES, Salta del agua un pez, Comares, Granada, 2011, p. 20.

lunes, 7 de abril de 2014

[CAE UNA HOJA...], Emilio Gavilanes


Cae una hoja.
Su sombra cruza el suelo.
Corre a su encuentro.


EMILIO GAVILANES, Salta del agua un pez, Comares, Granada, 2011, p. 40.
&
Annabel Crocker-Mellor

jueves, 13 de marzo de 2014

[LA NIÑA COJA...], Emilio Gavilanes



La niña coja  
—aún no sabe que es coja—
juega y se ríe.                                                   

EMILIO GAVILANES, Salta del agua un pez, Comares, Granada, 2011.