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lunes, 1 de julio de 2013

MIEDO AL PADRE, Juan Pedro Aparicio


MIEDO AL PADRE

   Los asaltantes eran dos y parecían muy jóvenes. Iban cubiertos con pasamontañas. El guarda jurado les sorprendió por la espalda y les dio el alto. Uno de ellos se revolvió contra él e intentó dispararle pero su pistola se encasquilló. «¡Dispara!», conminó entonces a su compañero, que parecía incapaz de reaccionar. Había reconocido en el guarda a su propio padre, que, a su vez, lo apuntaba sin decidirse a disparar. El hijo, pasado ese primer instante, sí disparó, un tiro mortal. Convencido de que su padre lo había identificado se había sentido incapaz de soportar la bronca que le esperaba al volver a casa.



JUAN PEDRO APARICIO, El juego del diábolo, Páginas de Espuma, Madrid, 2008.

Ilustración: Carlos Medel

martes, 20 de marzo de 2012

AMOR EXPRIMIDO, Juan Pedro Aparicio


AMOR EXPRIMIDO

   Mientras la acariciaba y le decía dulces palabras al oído mi novia se iba licuando entre mis brazos como un zumo. Entonces, siguiendo el manual de instrucciones de un poeta, la bebí sorbo a sorbo toda entera. Luego me tomé un par de tabletas de Alka Seltzer, por si acaso.


JUAN PEDRO APARICIO, El juego del diábolo, Páginas de Espuma, Madrid, 2008, p. 48.

martes, 18 de octubre de 2011

LA FUERZA DE LA COSTUMBRE, Juan Pedro Aparicio

 LA FUERZA DE LA COSTUMBRE

   De niño le gustaba conducir por la izquierda con su coche de juguete en el pasillo de su casa. Al cumplir la edad sacó fácilmente el carné de conducir pero enseguida se mató en un accidente. La policía y la prensa lo calificaron de piloto suicida puesto que circulaba en sentido contrario. Los padres lo negaron. "Sólo era un chiquillo", dijeron.




JUAN PEDRO APARICIO, El juego del diábolo, Páginas de Espuma, Madrid, 2008.

domingo, 24 de julio de 2011

LAS VÍAS DEL TREN, Juan Pedro Aparicio


LAS VÍAS DEL TREN

   Mirándose siempre la una a la otra sólo practican el amor cuando un tren las hace vibrar pasándolas por encima. A veces no es suficiente y se produce un descarrilamiento.

JUAN PEDRO APARICIO, Asuntos de amor, Everest, León, 2010, página 166.

lunes, 6 de junio de 2011

LA SOMBRA DE LA DICHA, Juan Pedro Aparicio

LA SOMBRA DE LA DICHA

Era un autor demasiado celebrado. Envidiosos de su éxito, sus personajes lo mataron a puñetazos.

Juan Pedro Aparicio, El juego del diábolo, Páginas de Espuma, Madrid, 2008, página 10.

martes, 31 de mayo de 2011

LA TENTACIÓN, Juan Pedro Aparicio

LA TENTACIÓN

El astronauta, que por mera coincidencia se llamaba Adán, sintió a mucha distancia de la Tierra que él mismo parecía haberse convertido en la propia máquina que lo contenía. Tenía hambre y miró hacia atrás. Allí estaba la Tierra del tamaño de una manzana. Alargó la mano, se la llevó a la boca y de unos cuantos mordiscos acabó con ella.


JUAN PEDRO APARICIO, El juego del diábolo, Páginas de Espuma, Madrid, 2008.

domingo, 20 de febrero de 2011

EL AIRE QUE RESPIRAMOS, Juan Pedro Aparicio

EL AIRE QUE RESPIRAMOS


Dije: “Los árboles son columnas para sostener el aire”. Ellos se rieron y talaron los árboles. El cielo se cayó,


JUAN PEDRO APARICIO, El juego del diábolo, Páginas de Espuma, Madrid, 2008, página 18.

CUADRO: EGON SCHIELE

miércoles, 16 de febrero de 2011

EL HIJO PRÓDIGO, Juan Pedro Aparicio

EL HIJO PRÓDIGO


A la casa de su padre llegaron rumores de que, su hermano, que había desaparecido diez años atrás, seguía vivo y pretendía regresar. Él, que hasta entonces había sido un excelente administrador, comenzó a dilapidar el patrimonio familiar. "Quiero que se encuentre las cosas como estaban", dijo.

JUAN PEDRO APARICIO, La mitad del diablo, Páginas de Espuma, Madrid, 2006, página 140.

martes, 25 de enero de 2011

FELICIDAD, Juan Pedro Aparicio

FELICIDAD


-Serás feliz, pero nunca lo sabrás -le dijo la vidente.


Juan Pedro Aparicio, El juego del diábolo, Páginas de Espuma, Madrid, 2008, página 10.

miércoles, 19 de enero de 2011

AMOR ETERNO, Juan Pedro Aparicio

AMOR ETERNO


-Yo no me divorcio-comentó Blas. Creo en el amor eterno.
-¿Y si es ella la que se divorcia de ti?-le preguntaron.
-¡La mato!-contestó sin dudarlo.


Juan Pedro Aparicio, El juego del diábolo, Páginas de Espuma, Madrid, 2008, página 29.

domingo, 14 de febrero de 2010

DIMISIÓN, Juan Pedro Aparicio


DIMISIÓN


Hubo un día en que el último hombre que todavía creía dejo de creer, y Dios, decepcionado, se desvaneció en el éter y borró toda huella de sí, como si jamás hubiese existido.

Juan Pedro Aparicio



Juan Jacinto Muñoz Rengel (editor)
Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual.
Madrid, Salto de página, 2009, página 47.

jueves, 17 de abril de 2008

HIPERBREVES LEONESES, Aparicio, Mateo & Merino

El presentimiento

La familia rodeaba al moribundo.
El moribundo habló con lentitud:
—Siempre creí que yo no viviría mucho.
Los niños clavaban en él sus conmovidos ojos. El moribundo continuó tras un suspiro:
—Siempre tuve el presentimiento de que me iba a morir muy pronto.
El reloj del comedor tocó la media y el moribundo tragó saliva.
—Luego, a medida que he ido viviendo, llegué a creer que mi presentimiento era falso.
El moribundo concluyó juntando las manos:
—Ahora, ya veis: con ochenta y seis años bien cumpli­dos comprendo que ese presentimiento ha sido la mayor ver­dad de mi vida

Juan Pedro Aparicio
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El pozo

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años des­pués, mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en su interior. Este un mundo como otro cualquiera, decía el mensaje.

Luis Mateo Díez


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Ecosisterna

El día de mi cumpleaños, mi sobrina me regaló un bonsái y un libro de instrucciones para cuidarlo. Coloqué el bonsái en la galería, con los demás tiestos, y conseguí que floreciese. En otoño aparecieron entre la tierra unos diminutos insectos blancos, pero no parecían perjudicar al bonsái. En primavera, una mañana, a la hora de regar, me pareció vislumbrar algo que revoloteaba entre las hojitas. Con paciencia y una lupa, acabé descubriendo que se trataba de un pájaro minúsculo. En poco tiempo el bonsái se llenó de pájaros, que se alimentaban de los insectos. A finales de verano, escondida cutre las raíces del bonsái, encontré una mujercita desnuda. Espián­dolla con sigilo, supe que comía los huevos de los nidos. Ahora ­vivo con ella, y hemos ideado el modo de cazar a los pájaros­. Al parecer, nadie en casa sabe dónde estoy. Mi sobrina, muy triste por mi ausencia, cuida mis plantas como un homenaje ­al desaparecido. En uno de los otros tiestos, a lo lejos, me ha parecido ver la figura de un mamut

José Mª Merino


MANGUEL y RETANA, Bestiario, Editorial Casariego, Madrid, 2005.

Grabados: Salvador Retana

miércoles, 14 de noviembre de 2007

CARTAS DE AMOR SIN RESPUESTA, Vainica Doble / Juan Pedro Aparicio

CARTA SIN RESPUESTA


UNA AMIGA HABÍA COMENTADO ante el espejo: «Na­die me llama, así que yo me lo digo muchas veces a mi misma para animarme». A Sofía, que nun­ca había recibido una carta de amor, se le ocurrió enviarse una, escrita por ella misma, pero firmada por un inventado Roberto Sastre que vivía en Villalba. Para más verismo tomó el tren de cercanías y echó la carta en un buzón de esa localidad. Y de esa manera recibió muchas cartas casi una a la semana. Había que ver con qué ilusión abría el sobre y leía las dos o tres cuartillas manuscritas con una letra recta, firme que no se doblegaba a derecha ni a izquierda.
A veces, Roberto y ella tenían discusiones y has­ta pequeños enfados, como pasa con todas las parejas de enamorados Roberto se empeñaba en que fueran a Marbella una semana y ella le ponía excusas, por más que lo estuviera deseando. Le decía que no esta­ba segura de que compartir habitación durante siete días fuese una buena idea. Procuraba no obstante ser muy suave y persuasiva porque no quería perderle ni que se enfadara pero Roberto tenía que comprender que llevaban muy poco tiempo de relación como para convivir así una semana.
En esas estaba cuando la última carta de Roberto no llegó. Esperó una semana diez días, un mes, reclamó a Correos pero definitivamente la carta no llegó. Se sintió muy ofendida por el silencio. «¿Qué se habrá creído éste? », —le llegó a decir a una amiga. Y nunca más le volvió a escribir, que ella no se iba a rebajar.

Juan Pedro Aparicio

Palabras en la nieve [Un filandón], Rey Lear, 2007, pp. 35-36.


CARTAS DE AMOR


Escribo a diario una carta de amor, amor imaginario, inocente amor: unas hojas secas de guisante de olor, un perfume de Dior, bellos y varios sellos de diferente color. Cartas de amor sin destino, cartas de amor sin dirección: qué aberración, que desatino, que sinrazón. Y ¿qué haría yo? si respondieras —del susto y de la impresión… —si me escribieras — me estallaría el corazón. Escribo a diario una carta de amor sin destinatario y la echo en el buzón. Siempre espero al cartero con ilusión, a la misma hora y con la misma fe… siempre la misma historia: “no hay nada para usted”. Cartas de amor sin destino, cartas de amor sin dirección: qué aberración, que desatino, que sinrazón Y sin solución sigo inasistiendo con mi rojo rotulador, sigo escribiendo cartas de amor. Cartas de amor sin destino, cartas de amor sin dirección: qué aberración, que desatino, que sinrazón.

VAINICA DOBLE, “Cartas de amor”, El tigre del Guadarrama, 1981.