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miércoles, 28 de diciembre de 2011

CUENTO DE NAVIDAD, José María Merino


CUENTO DE NAVIDAD

   En el cielo del amanecer brillaba con fuerza aquel insólito lucero que la gente común contemplaba con asombro, pero el capitán sabía que era uno de los satélites de comunicaciones que permitirían a su ejército mantener la supremacía en aquella guerra interminable.
   —Mi capitán —transmitió el cabo—. Aquí sólo hay varios civiles refugiaos, unos pastores que han perdido el rebaño por el impacto de un obús y una mujer a punto de dar a luz.
   El capitán, desde la torreta del carro, observaba el establo con los prismáticos.
   —Registradlo todo con cuidado.
   —Mi capitán —transmitió otra vez el cabo—, también hay un perturbado, vestido con una túnica blanca, que dice que va a nacer un salvador y otras cosas raras.
   —A ese me lo traéis bien sujeto.
   —Mi capitán —añadió el cabo, con la voz alterada—, la mujer se ha puesto de parto.
   —Bienvenido al infierno –murmuró el capitán, con lástima.
   A la luz del alba, aparecieron en la loma cercana las figuras de tres camellos cargados de bultos y el capitán los observaba acercarse, indeciso.
   —Abrid fuego —ordenó al fin—. No quiero sorpresas.


JUAN PEDRO APARICIO, LUIS MATEO DÍEZ & JOSÉ MARÍA MERINO, Palabras en la nieve [Un filandón], Rey Lear, Madrid, 2007, páginas 121-122.

martes, 27 de diciembre de 2011

REFORMAS, Juan José MIllás


REFORMAS
        
   En la oficina, mientras masticaba con pereza el bocadillo de media mañana, escuché unos crujidos procedentes del interior de la cabeza, como si una parte de mi calavera se estuviera astillando. Levanté los ojos del dibujo que formaban las migas de pan sobre la mesa y observé a mis compañeros, pero no advertí en ellos ningún signo de extrañeza. Permanecí atento y noté crecer un alboroto de tabiques caídos y muebles arrastrados en el interior del cráneo. Al rato, estaba haciendo unas anotaciones en el libro mayor cuando me empezó a salir de las narices un polvo fino, como de cemento. Pensé que quizá estaban ya desescombrando, porque también de los oídos caían virutas y desperdicios sólidos que se depositaban con suavidad sobre los hombros, produciendo un efecto como de caspa. Me fui a llorar al servicio, y       comprobé que en el agua de las lágrimas navegaban limaduras y despojos de ideas fijas u obsesiones que envolví con cuidado en un trozo de papel higiénico.
   Regresé al despacho disimulando mi turbación, y mientras saltaba del haber al debe con la punta del lápiz, imitando el picoteo nervioso de un pájaro, comprobé que el estrépito anterior había dado paso a un golpeteo rítmico: deduje que habían empezado a alicatar o a colgar cuadros.
   Hacia el mediodía cesaron los ruidos y me marché a casa alegando un malestar indefinido. Me encerré en el dormitorio y saqué del armario una caja de zapatos donde conservo el recordatorio de la primera comunión, una partida de nacimiento caducada, dos dientes de leche y cosas así. Desenvolví los restos que había guardado en el papel higiénico y les hice un hueco entre todos aquellos escombros de mi existencia. Luego me metí en la cama y llamé al médico, que dijo que terna gripe.

JUAN JOSÉ MILLÁS, Algo que te concierne, El País Aguilar, Madrid, 1995.

domingo, 25 de diciembre de 2011

TRAMPANTOJOS, Saúl Yurkiewich



TRAMPANTOJOS

   La Virgen viste un manto de brocato aun negro; debajo de la toca, un velo tenue nieva su castaña cabellera. El halo se ha solidificado en diadema de oro y lucientes gemas. Sobre la frente, un collar con una esfera de rubí. Tiene la cabeza levemente inclinada, neto el óvalo del rostro, boca menuda y cejas apenas marcadas, grandes ojos entornados. Sus longilíneos dedos, con delicadeza suma, sostienen al rubicundo infante. El niño también lleva aureola maciza, pero con una cruz engarzada. Está sentado sobre un cojín rosado, el cojín reposa sobre un baldaquino color azafrán, el baldaquino sobre el antepecho de un balcón. Al fondo, un dosel liláceo y, más lejos, un paisaje boscoso. Madre e hijo miran una inmensa mosca posada sobre el mármol claro de la barandilla. Ambos, estáticos cual figurines de porcelana, miran la mosca negra. Sólo la mosca tiene tamaño natural. El veneciano Cario Crivelli pintó esta madona en 1480.
   En ese mismo año, Jacobo Cornelisz, maestro de Amsterdam, se autorretrata en la cámara nupcial con su joven esposa. La pareja brinda por la boda que acaban de celebrar y se deleita con un plato de agridulces grosellas. Ambos visten ropas oscuras. El porta un sombrero negro y ella, una cofia blanca. Sobre la mesa y sobre la cofia: dos moscas de grandor natural.
   Boda y maternidad son acontecimientos venturosos: floral el uno (la novia tiene en su mano un nomeolvides), el otro frutal (una calabaza y tres manzanas casi maduras se ofrendan a la Virgen). Las moscas turban esas glorias, maculan su limpidez, vuelven huero el parabién. Mensajeras del morbo, aluden a pudridero, sugieren que cualquier esplendor caduca y que en toda rubicundez mora lo macilento, que en lo óptimo está también lo rancio. Las moscas presagian al niño futuro tormento y a la lozana novia vaya a saber qué ruina, qué desazón. Las moscas, en proporción mayores que las otras figuraciones, dicen que el resto es ilusorio. Las moscas dicen que quien las mire querrá espantarlas. Como si fuesen ajenas al cuadro, como si representasen otro trampantojo menos quimera, menos fantasma que el de las fingidas efigies. O por designio del pintor, dicen: he aquí mi máximo poder de engaño, el que me permite remedar sobre el lienzo cualesquiera cosas, con la misma presencia que en el mundo de los cuerpos tangibles. Las moscas dicen que una ilusión es menos ilusa que las otras. Las moscas dicen que esa ilusión busca arteramente abolir las otras.

SAÚL YURKIEVICH, Trampantojos, Alfagura, Madrid, 1987, páginas 21-22.

sábado, 24 de diciembre de 2011

DESCUBRIMIENTO, David Lagmanovich



DESCUBRIMIENTO

   Un microrrelato pequeño lloraba porque se había enterado de que los géneros no existen, sino que son una invención de esa especie de padres, los autores. Pensé en las desilusiones que aguardan a los que aún tienen que crecer. "No llores, pequeñín", le dije. Tampoco existe Papá Noel, pero prometo regalarte un hermoso texto para Navidad".

DAVID LAGMANOVICH, Memorias de un microrrelato, Macedonia, Morón, 2010, página 55.

viernes, 23 de diciembre de 2011

CUENTO DE NAVIDAD, Ana María Shua


CUENTO DE NAVIDAD

   El mundo está lleno de tipos así. Usa el pelo largo y canoso como un hippy viejo o un mendigo. No tiene familia. Le faltan dientes. Si Jesús hubiera llegado soltero a los cincuenta, se parecería a él. De vez en cuando los muchachos le pagan un Vino para escucharlo hablar en Arameo. El problema es el barrio, la solidaridad de esquina. El día de Nochebuena se esconde para evitar que le festejen el cumpleaños en vez de crucificarlo decentemente, como a otros más afortunados.


jueves, 22 de diciembre de 2011

CUENTO DE NAVIDAD, Pepe Maestro




CUENTO DE NAVIDAD
     
   Papá Noel y el lobo se encontraron en la chimenea.
   —Usted primero, —dijo el lobo.
   El anciano abrió el fardo. Sacó los palillos, la espumadera, y después de desearle una feliz navidad, le ofreció una reciente masa de churros. El aceite estaba en su punto.
   Los tres cerdos, ni se enteraron.


PEPE MAESTRO

PAULA CARBALLEIRA, PABLO AMO, PEP BRUNO, PEPE MAESTRO & FÉLIX ALBO, 101 pulgas, Palabras del candil, Guadalajara, 2011, página 86.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

EL UNICORNIO, Javier Tomeo


EL UNICORNIO

   Soy un animal que jamás existió. Todo lo que les diga a partir de este momento, por lo tanto, les llega desde una dimensión mágica en la que a pesar de todo, deberían ustedes creer.
   Me llamo Unicornio. Me describen como un animal pequeño, semejante al macho cabrío, con un solo cuerno en medio de la frente. Dicen que tengo la virtud de purificar el agua de las fuentes. Mi fiereza es proverbial y los cazadores, temerosos, me rehuyen. Cuando descubro una doncella virgen, sin embargo, pierdo toda mi ferocidad. Me aproximo a ella, salto a su regazo y la dulce muchacha me acaricia, me alimenta y me conduce a su palacio.
   Estas dos circunstancias (el temor que inspiro a los cazadores y la mansedumbre que demuestro ante las doncellas) hacen, de cualquier modo, que de vez en cuando me formule algunas preguntas de difícil respuesta:
   Primera pregunta: ¿ Y si los cazadores no se nos acercasen, no por el temor que podamos inspirarles, sino, simplemente, porque saben que somos una entelequia?
   Segunda pregunta: ¿ Es que acaso hay cazadores tan entusiastas que persigan quimeras?
   Tercera pregunta: los libros dicen que, al ser apresados por una doncella, el demonio que hay encerrado dentro de nosotros es vencido por la castidad. Eso estaría muy bien , pero ¿ y si fuese precisamente al revés? ¿ Y si fuésemos nosotros los que, atraídos por el raro perfume de las doncellas, nos acercásemos a ellas para seducirlas?
   Cuarta pregunta: ¿ Y si ellas, enardecidas por nuestras ardientes miradas, nos condujesen a sus palacios para consumar amores sin nombre, que los hombres nacidos de mujer ni siquiera son capaces de imaginar?

 
JAVIER TOMEO, Bestiario, Las Tres Sorores, Zaragoza, 2000, pp. 106-107.

lunes, 19 de diciembre de 2011

[ESTA ERA UNA GARZA...], Pinto & Chinto

   Esta era una garza que tenía las patas muy largas. Todas las garzas tienen las patas muy largas, pero ésta más que ninguna. Un día la garza puso un huevo, y antes de llegar el huevo al suelo ya había nacido el pollito.

PINTO & CHINTO, Minimalario, Kalandraka, Sevilla, 2011, página 80.

domingo, 18 de diciembre de 2011

IMPEDIMENTOS, Leandro Hidalgo


IMPEDIMENTOS

   Los grandes peces multicolores que aparecieron en bikini sobre la arena no nos dejaban ver a las muchachas que nadaban desnudas tan cerca de la costa.

LEANDRO HIDALGO, Capacho, Macedonia, Morón, 2010, página 152.

jueves, 15 de diciembre de 2011

MODA RETRO, Juan Rogmanoli

MODA RETRO

   Un reloj cuyas agujas caminan hacia atrás: ¿es para preocuparse?, me pregunto mientras recupero el cabello, doy mi primer beso, comienzo a olvidar cómo se lee la hora, desordeno mis juguetes, digo "ajó".

miércoles, 14 de diciembre de 2011

TÉ O CAFÉ, Harry Mulish



TÉ O CAFÉ

   En cierta ocasión, mi madre puso agua a hervir para hacer té, pero casi de inmediato mi padre dijo que, pensándolo bien, prefería tomar café.
   —Está bien— aceptó mi madre, y arrojó el agua que ya estaba hirviendo en la pava para poner en el fuego agua nueva. Yo, al verlo, me desternillé de risa, pero mi padre dijo que él reconocía una gran diferencia entre el agua para hacer té y el agua para hacer café.
   —Puede ocurrir que, si no se cambia el agua, el café sepa un poco a té.


HARRY MULISCH, Dos mujeres
EDUARDO BERTI (Editor), Historias encontradas, Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2009, p. 23.

domingo, 11 de diciembre de 2011

FICCIÓN, Juan José MIllás


FICCIÓN
        
   Como el mundo no se entera de lo que te pasa a ti, procuras enterarte de lo que le pasa al mundo. Así, cada mañana te despierta la radio y entre sueños retomas el argumento de la vida en el punto donde se   detuvo ayer. Luego, en el coche, escuchas el primer informativo, que complementarás con la lectura de la prensa. La cruenta realidad internacional, las miserias de la vida nacional, los acontecimientos culturales, la cartelera cinematográfica, todo, en fin, lo dominas como dominas una novela que has leído cien veces y por cuyo interior te puedes aventurar a ciegas como por el pasillo de tu casa. Además, todavía te quedan dos telediarios y acabas de comprar la revista semanal, que te ofrece un poco más de lo mismo pero con fotos en color. Excepto en las tramas secundarias, con frecuencia imprevisibles, la realidad se comporta como una novela por entregas: siempre se suspende en el punto  más alto, cuando en la cama te narcotizas con las noticias.
   Manejas, pues, la realidad como si de la ficción se tratara. La reunificación de las dos Alemanias, el hambre en Etiopía, la muerte en Suráfrica, etcétera, forman los hilos de un argumento que te apasiona, pero que a lo mejor no te concierne porque su evolución no depende de ti. Tu realidad real, la que de verdad puede hacerte feliz o desdichado, es mucho más cercana, más doméstica, y se puede medir en estabilidad económica y cantidades de amor.
   Ahora estás empezando el día y un 25% de tu alma está ocupada ya por la publicidad y por las noticias. Esta noche, cuando te acuestes, toda tu vida personal se habrá borrado, diluida en la ficción de acontecimientos externos cuyo conocimiento no te habrá hecho mejor. Aunque tal vez, mientras se te cierran los ojos escuchando el último informativo, puedas pensar unos segundos en ti mismo o en quienes te rodean, y adviertas, como en una revelación, que el precio de saber todo lo que le pasa al mundo es el de no saber lo que te pasa a ti.

JUAN JOSÉ MILLÁS, Algo que te concierne, El País Aguilar, Madrid, 1995, pp. 67-68.


jueves, 8 de diciembre de 2011

BOUTIQUE, Manuel Moyano

BOUTIQUE

   Cada vez que alguien se detiene junto al escaparate, los maniquíes ponen la mirada en blanco y contienen la respiración.

MANUEL MOYANO, Teatro de ceniza, Menoscuarto, Palencia, 2011, página 48.

martes, 6 de diciembre de 2011

UN AFORISMO, David Lagmanovich


UN AFORISMO

   Un aforismo casi enano, por lo bajito y esmirriado, pretendió darme una bofetada encaramándose sobre no sé qué argumento crítico. Le di un coscorrrón para que aprendiera a no ser desvergonzado, y le advertí: "Cuidado con volver a meterte conmigo, ínfimo aforismo. Sigue hablándoles en obligatorio presente a tus pocos lectores, mientras yo cuento las historias que de verdad gustan a la gente".

DAVID LAGMANOVICH, Memorias de un microrrelato, Macedonia, Morón, 2010,  p. 47.

lunes, 5 de diciembre de 2011

ANCIANO, Manuel Moyano


ANCIANO
 
   Cuando empezaste a deletrear las primeras líneas creías que iba a ser una gran novela, pero ahora que ya te queda poco para concluir, has caído en la cuenta de que apenas estabas leyendo un microrrelato.

MANUEL MOYANO, Teatro de ceniza, Menoscuarto, Palencia, 2011, página 110.

sábado, 3 de diciembre de 2011

EVOLUCIÓN, Juan Romagnoli


EVOLUCIÓN

   Una célula se divide para reproducirse. Una medusa se posa en el lecho marino. Un molusco busca alimento. Un pez persigue a su presa, a su vez es perseguido. Una tortuga regresa pesadamente al mar luego de desovar. Una gaviota atrapa una cría de tortuga. Un lobo devora un ave. Un leopardo lucha ferozmente con un lobo. Un gorila devora un cachorro de felino. Un antropoide golpea con una misma piedra a un gorila, a una cebra, a un lobo, a un felino, a un ciervo. Un hombre asoma por la boca de un subterráneo y camina; hace calor y se afloja la corbata.

jueves, 1 de diciembre de 2011

CICATRIZ, Juan Salmerón & Chema Madoz


CICATRIZ
¿Por qué yo sólo tengo un ombligo?


Juan Salmerón
FOTOGRAFÍA: Chema Madoz

miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL HOMBRE LOBO, René Avilés Fabila & Le Brun



EL HOMBRE LOBO

   Damas y caballeros: están a punto de presenciar una de las más asombrosas metamorfosis: este terrible y feroz lobo, de aspecto innoble y aterrador, mediante efectos especiales que hemos conseguido llevar a cabo (en unos minutos parecerá que estamos en plena noche de luna), se transformará en un lastimoso e indefenso ser humano.

RENÉ AVILÉS FABILA

Grandes minicuentos fantásticos, Alfaguara, Madrid, 2004, p. 131.

sábado, 26 de noviembre de 2011

UN MUNDO PROPIO, Flavia Company



UN MUNDO PROPIO

   No puedo esulgarlo. Es más cuerzote que yo. Pero bueno, al fin y al cabo, me consta que no soy el fúnico. Lo que pasa es que yo lo filgo y otros no, porque les da margonza. Cojo el totón —el mío— con una mano y lo voy bamborneando hasta que se pone targo. Este momento es el más alsime, hasta tal punto que me sateo y empiezo a dongumar como cuando me lo bamborneaba Camila —¡qué sontos aquellos!—. Bueno, luego me rongo en la mesa más próxima y así, de pie, aparmo la punta del totón con la otra mano, mientras que a la primera, la que he arsado antes, la pongo a mangusear suavemente arriba y abajo, a ritmo de tonga. ¡Aldarios del Mátil! Nadie puede decotar el soldón que me parusta. Es como un talotán, como un morsón, como un crildavo. Increíble. A continuación, cuando ya no sordomo más, hago que la primera mano mangusee más deprisa, con más carza. Cierro los mejos muy fuerte y me concentro nicomente en el totón, que está más targo que nunca. Y entonces, antes de golarme, me acuerdo de Camila y renjo que estará tordando lo mismo. Y luego me golo hasta la última loya, me lo guardo con cuidado y espero lagamente a que me vuelvan las carzas, para poder repetir. Y así cada día desde hace salinientos ongos. Y en cualquier sitio: en la ralle, en el forcato, en la anandería... Por eso me han porsucado entre estas cuatro paredes. Pero a mí me da lo tusco. Yo, a lo míó. Al fin y al cabo, me han dejado las manos y el totón, que es lo que omburta.


DIAGNÓSTICO: Glosolalia (Enfermedad que afecta al lenguaje, consistente en que el enfermo crea palabras y las dota de significación).