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martes, 1 de abril de 2014

[¡ARRIAD EL FOQUE...], Ana María Shua


  ¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique.



ANA MARÍA SHUA, Cazadores de letras, Páginas de espuma, Madrid, 2009, p. 127.

sábado, 2 de marzo de 2013

AIRE Y CARBÓN, Ana María Shua



AIRE Y CARBÓN
  
   El abuelo Salo tiene buenos motivos para recordar la llegada de la orquesta de Leopoldo Stokovski a la Argentina.
   —Fue hacia el año cuarenta —dice—. Stokovski era famoso sobre todo por ser el director de la Orquesta Filarmónica de Filadelfia, pero vino a la Argentina con una orquesta juvenil. En Buenos Aires igual fue todo un acontecimiento. Y para mi familia, fue más especial todavía. Porque uno de los violinistas de Stokovski era un pariente lejano de mi mamá, un polaco del mismo pueblo, que había emigrado a Estados Unidos, tal como mi mamá emigró a la Argentina. Bueno, este hombre quiso conocer a su familia argentina. Imagínate la emoción cuando llamó a casa ¡el primer violinista de Stokovski!
    —¿Y fue nomás de visita?
   —¡Por supuesto! Viajaba con su mujer, que también era violinista, de modo que la trajo. Invitamos a mi tía, la hermana de mi mamá. Fue una cena memorable. Lo más increíble de todo no fue que nos invitaran al Colón a escuchar la orquesta de Stokovski, ni las costumbres extrañas que traía esta pareja, sobre todo la mujer, nacida en Estados Unidos, la otra América, la de verdad. Todo nos llamaba la atención. La forma en que cambiaba de mano el tenedor después de cortar la carne, porque los yanquis manejan el tenedor con la mano derecha. La ropa, el peinado... Pero lo que nos dejó boquiabiertos fueron las medias que traía puestas la mujer del violinista. ¡Medias de nailon! Jamás se había visto semejante cosa en la Argentina.
    —¿Y qué usaban las señoras elegantes?
   —Aquí se usaban todavía medias de seda, que eran carísimas y se rompían y se corrían de nada. Era un tema fundamental para las mujeres de la época, sobre todo para las que no tenían mucho dinero. Claro, también existían las medias largas de algodón, generalmente de color carne, pero eran muy feas. Las chicas muy jóvenes, a veces, se dibujaban una costura sobre la piel, con carbonilla, desde el muslo hasta el talón, para dar la impresión de que tenían puesta una media. Salir sin medias era impensable, una locura; una mujer decente en sus cabales no hacía una cosa así. Era tan loco como que un hombre saliera a la calle sin sombrero: "en cabeza", se decía, y era casi como salir descalzo. Pensá que Roberto Arlt murió tratando de inventar unas medias engomadas de larga duración. Las medias de seda corridas, igual que pasó después con las de nailon, se llevaban a arreglar, con una maquinita zurcidora se levantaban los puntos. Pero no quedaban perfectas, el arreglo se notaba. ¡Ah, esas pobres medias de seda llenas de cicatrices de batalla!
     —Así que nunca habían visto medias como ésas...
   —Nunca. Las medias de nailon que tenía puestas la mujer del violinista eran más fuertes y también más transparentes. La señora hizo un par de demostraciones que nos dejaron con la boca abierta. Todos hubiéramos querido tocar ese material incomprensible. Yo era chico y estaba tan asombrado como los demás. ¿Qué era esa fibra extraña que no salía de ninguna planta, que no tejía ninguna oruga? Mi mamá y mi tía miraban las medias con tanta admiración, ilusión y deseo que la mujer del violinista decidió regalarles un par a cada una. Antes de irse de la Argentina pasó por casa y nos dejó dos paquetitos con el extraño tesoro. Entonces sí pudimos tocarlas, estirarlas, mirarlas al trasluz, con infinito cuidado. "Pero, ¿de qué están hechas?" le pregunté a mi papá. Él me miró muy serio y me dijo: "Están hechas de aire y carbón".
   Y desde entonces cada vez que se encuentra con algo nuevo, un adelanto tecnológico, una situación que no comprende, un misterio de la naturaleza, en lugar de decir como todos los argentinos "Cosa'e mandinga", el abuelo Salo dice así: "¡Aire y carbón!" 

ANA MARÍA SHUA, Historias verdaderas, Sudamericana, Buenos Aires, 2004.

martes, 28 de febrero de 2012

VIDA O MUERTE, Ana María Shua


VIDA O MUERTE
        
   El juego se llama Vida o Muerte y lo mejor es operar a los pacientes. Pero como no conocemos bien las instrucciones (el juego lo copiamos en lugar de comprarlo) los enfermos siempre se nos mueren. El juego es divertido pero termina mal. A nosotros nos va a pasar lo mismo. Jugando, tratamos de olvidarnos.

Ana María Shua

viernes, 23 de diciembre de 2011

CUENTO DE NAVIDAD, Ana María Shua


CUENTO DE NAVIDAD

   El mundo está lleno de tipos así. Usa el pelo largo y canoso como un hippy viejo o un mendigo. No tiene familia. Le faltan dientes. Si Jesús hubiera llegado soltero a los cincuenta, se parecería a él. De vez en cuando los muchachos le pagan un Vino para escucharlo hablar en Arameo. El problema es el barrio, la solidaridad de esquina. El día de Nochebuena se esconde para evitar que le festejen el cumpleaños en vez de crucificarlo decentemente, como a otros más afortunados.


sábado, 19 de noviembre de 2011

EL ARTE DE LAS TRANSFORMACIONES, Ana María Shua


EL ARTE DE LAS TRANSFORMACIONES        
        
   Creí dominar el arte de las transformaciones, pero no era más que un aprendiz de brujo. Un pequeño error, un gesto equivocado en el momento del conjuro y heme aquí, cuesta abajo en la rodada, hoy pato, mañana cucharita, montaña, arveja, premolar o polvo edulcorante. Y ahora, precisamente ahora cuando por fin he logrado controlar tanta locura, reducirla a la ínfima sutileza de un cambio de opinión, ahora es cuando se quejan, absurdos, mis votantes.


domingo, 16 de octubre de 2011

CONCATENACIÓN, Ana María Shua


CONCATENACIÓN
  
   Los acontecimientos del pasado son los que determinan el presente. Por ejemplo, si tus padres no se hubieran conocido, hoy no existirías. Cuanto más se retrocede en el encadenamiento de circunstancias que  conforman la historia del mundo, más inesperadas y sutiles serán las consecuencias que acarree el hecho más nimio, en una compleja, casi infinita sucesión de concatenaciones. Por ejemplo, si durante el cretásico superior cierto plesiosaurio carnívoro no se hubiera comido los huevos que una hembra de triceratops desovó tontamente cerca de la orilla, quizás, vaya uno a saber, me seguirías queriendo.

ANA MARÍA SHUA, Temporada de fantasmas, Páginas de Espuma, Madrid, 2004, página 14.         
Fotografía: Jon Igarza

sábado, 8 de octubre de 2011

SU VIUDA Y SU VOZ, Ana María Shua


SU VIUDA Y SU VOZ
  
   De las cañerías provenía un ruido fuerte y triste al que ella suponía la voz de su marido muerto. Todas las cañerías hacen ruido, argumentaban sus amigos. En todas las cañerías se manifiesta su espíritu, decía ella. Todas las cañerías hacían ruido cuando él estaba entre nosotros, argumentaban sus amigos. Pero solamente ahora me hablan de amor, decía ella.


viernes, 30 de septiembre de 2011

LA SALSA PORTUGUESA, Ana María Shua



LA SALSA PORTUGUESA

   Un matrimonio mal avenido recibe invitados. Hay pollo con salsa portuguesa. La esposa le sirve la parte blanca al invitado y le ofrece salsa. El marido sospecha de su mujer. Con ridícula cortesía le ofrece salsa a la invitada. La esposa sospecha de su marido. Insiste en agregar salsa al plato del invitado. Los invitados sospechan fuertemente del pollo.
 

domingo, 25 de septiembre de 2011

EN LA SILLA DE RUEDAS, Ana María Shua


EN LA SILLA DE RUEDAS
        
   Tía Petra se finge paralítica para vivir en su silla de ruedas, tapada con una manta escocesa que oculta sus patas de cabra, su cola de pez, su mitad serpiente. Los sobrinos le quitamos la manta mientras dormía y vimos las dos piernas de niño, pequeñas y delgadas, que siempre se pone para dormir.



sábado, 17 de septiembre de 2011

EL MOSCARDÓN, Ana María Shua


EL MOSCARDÓN
  
   Como Greta Garbo desvistiéndose detrás de un biombo, la Muerte asoma su pierna flaca tras la cabecera de la cama. (No recojas la liga que arroja la novia estéril.) Revoloteando como un moscardón, se posa sobre la mejilla sumida del enfermo, sobre su boca sin dientes, se posa sobre sus manos encogidas, se posa sobre los ojos cerrados, se posa sobre ese montón de carne flaca que respira. Cuidado: no intentes aplastarla con la mano abierta. Cuidado, porque es condición de toda vida llevar siempre consigo una muerte deseosa de su aliento, su muerte personal y enamorada.


sábado, 10 de julio de 2010