miércoles, 15 de agosto de 2007

CON BILLIE HOLIDAY

Otra biografía sobre la genial Billie Holiday.
Una biografía coral, se subtitula.
Cuatrocientas páginas para recopilar testimonios que subrayan las miserias de la mujer que, habiendo vivido en burdeles, hubo de considerar normal ser prostituta, alcohólica o drogadicta.
Su tragedia: llamarle amor a desear ser dominada por sus parejas, cada cual más canalla.
Paseó su pobreza por los aledaños de los escenarios, acompañada por todos los que, habiéndose sentido fascinados por la artista, se acercaron a ella para esquilmarla. Una vida para ilustrar la vileza humana.

Comparar esta obra con la supuesta autobiografía Lady sings the blues obliga a subrayar la diferencia entre la historia y la literatura, entre realidad y ficción, entre una mala historia y una buena pieza literaria.
William Dufty, uno de los canallas que parasitaron a la entonces ya patética toxicómana, sirvió sin escrúpulos el plato requerido por la editorial: célebre artista promiscua arrojada al mundo de las drogas desde una predeterminada infancia.
“Mamá y papá eran sólo un par de niños cuando se casaron. Ella tenía trece años; él, dieciséis; yo, tres”. Magnífico comienzo literario, amparado en la mentira: la realidad de la ficción. Sensacionalismo exhibicionista, pero eficaz etopeya del personaje inventado por el periodista que, acabó paladeando el éxito con su cóctel de malditismo, violencia, drogas, cárceles y un leve aliño de jazz.

JULIA BLACKBURN recopila los testimonios sobre la persona. Desmonta el mito con el relato de las bajezas y tropiezos, merecidos e inmerecidos: detenciones, encarcelamientos, juicios, deudas…

El momento más notable de este libro, que se anuncia como biografía, es, no obstante, el texto con el que la hasta ese momento objetiva compiladora lo cierra: una emotiva y subjetiva elucubración sobre el estado de ánimo de la diva durante la filmación del programa de televisión The sound of jazz. La poesía comparece (otra vez la literatura noquea a la historia) en el prosaico libro para describir el crepúsculo de Lady Day cantando My man. A su lado, los considerados por los aficionados genios: Coleman Hawkins, Mal Waldron, Gerry Mulligan… También, su amor platónico, un reconcentrado y ensimismando Lester Young y Ben Webster, amante que, como casi todos los hombres con los que intimó, la maltrató. “Mi hombre no me ama, me trata muy mal. (… ) El amor te hará beber y jugar, te hará pasar la noche fuera. El amor te hará beber y jugar, te hará pasar la noche fuera. Por amor harás cosas que sabes que están mal”. Su voz agónica retrata como ninguna otra el dolor autoafligido.

Resulta muy frecuente la necesidad de distanciar a la persona del artista para poder seguir apreciendo, sin el virus de la moral, su obra.

Julia Blackburn, Con Billie Hollyday. Una biografía coral, Global Rhithm, Barcelona, 2007

1 comentarios:

Rastaman dijo...

Porque el terciopelo de la voz de esta mujer sigue aplastando las gotas (Julio, sal de mis dedos ya!!).
Porque llevaba el blues en cada cicatriz.

We won't forget you, miss Holiday.

De un Rastaman que quería los dedos de Reinhart.