lunes, 29 de marzo de 2010

EL ODIO, Juan Salmerón

El odio



El odio desgasta a quien lo siente y raras veces consigue objetivos que persigue; en lugar de aniquilar al contrario, llega incluso a reafirmar su importancia. La indiferencia, sin embargo, no desgasta a quien la practica, sino que le da más fuerza todavía; y devasta total y absolutamente a quien es víctima de ella.

Roger Wolfe


Yo siempre he sido un buen enfermo. He tragado sin rechistar todo lo que me han recetado: hasta supositorios. Por eso, ahora, parece que me he ido a vivir a la papelería. La pringada de la cajera, no cabe duda, piensa que lo mío con los cuadernos, es una excusa tonta que me traigo para ir a visitarla. A mí no me toca desilusionarla: ¡Si supiera que los cuadernos forman parte de mi tratamiento, a buenas horas se maquillaba el escote!

-Cambiamos el cóctel de ansiolíticos y antidepresivos por un cuaderno ̶dijo el Dr. Matesanz ya en su primera consulta.

¡Menudo apostol de la antisiquiatría, Matesanz! Cuando empieza a largar, hipnotiza.

Y en éstas estoy. Cada vez que me asalta un brote de ira, ¡al cuaderno!, a poner por escrito mis malos pensamientos, o en su defecto, a escribir diez, veinte o treinta copias de la frase esa del odio devasta, la indiferencia desgasta y otras plastas.

Un buen día, el Matesanz más solemne me dice:

-Su caso clínico es la prueba irrefutable de la conveniencia de la desmedicalización en pacientes crónicos.

Así mismo, de un tirón y sin dejar de respirar. Ante tal portento, ¿quién puede negarse a pasear por las revistas médicas su mejoría deslumbrante?. Yo sólo noto que me he ido olvidando de por qué siento odio.

Como lo mío es ciclotímico, días hay en que me muero por filosofar con el Mahatma Wolfe de la frasecita, tomándonos unos daikiris en el afteragüers de la ONU; en cambio, otros, ganas tengo de tener a ese panoli delante, y meterle en el jeto una somanta de indiferencias.

Por alfa o por beta, la mayoría de las tardes me las paso escribiendo en pauta, como un parvulito. Cualquier día que el Dr. Picodeoro vuelva a afearme la caligrafía, echo el autocontrol a dormir la siesta y lo estrangulo. Como que ya me estoy viendo.

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