jueves, 7 de noviembre de 2019

INSURRECCIÓN, José Ovejero

JOSÉ OVEJERO, Insurrección, Galaxia Guttenberg, Barcelona, 2019, 288 páginas.

   Uno de los textos que contiene Mundo extraño [Páginas de Espuma, Madrid, 2018], libro que mereció el XV Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España, «Los escritores que me gustan» más que una narración es una nítida exposición sobre la Poética del autor. 
   Ovejero confiesa que admira a los escritores que desatan en él la necesidad de escribir, porque cada parcela de belleza esclarecida por el genio de un escritor, desvela la evidencia de todas las oscuridades que en el mundo merecen ser iluminadas. Los escritores que le gustan a la voz de ese texto que ha escrito José Ovejero, apelan al lector para convertirlo en un ser consciente de que la belleza es efímera; por ello, el cometido del escritor, debería ser, expandir la hermosura por el mundo. Tras este contundente aserto, llega la confesión: la voz de ese texto que ha escrito Ovejero admite que, más que una incompetencia para atender a ese cometido (procurar la belleza), su poética obedece a la pertenencia a la estirpe de los que escriben sobre el dolor y el estremecimiento, la de los que describen la fealdad del mundo para que el lector elija entre desear tener ilusiones o ser simplemente un patético iluso. En suma, un escritor que, condenado a envidiar las frases bellas de los otros (que reproducen fogonazos efímeros de la belleza que nos aferra a los comunes con optimismo al mundo), se resarce revelando las verdades incómodas y terribles que acompañan al ser.

   Insurrección va más allá del análisis de las siempre difíciles relaciones entre padres e hijos, más allá del estudio de la psique de una adolescente idealista o de las paradojas del utopismo del movimiento okupa, para situar al lector bien pensante ante un fresco contemporáneo que dibuja las consecuencias del llamado fin de la historia y la muerte de las ideologías (finales del siglo XX) a manos de un capitalismo dedicado a devorar globalmente el tuétano de cada individuo hasta arrojar sus deshechos al vertedero al que llevan el destierro de la clase obrera a las ciudades dormitorio, el desalojo de los viejos habitantes de los cascos históricos convertidos en parques temáticos para turistas, las injusticias laborales, el paro, los EREs, y algunas irracionales sacudidas de violencia, como la de los atentados que diseña el iluminado Alfon.



FRC

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