martes, 16 de noviembre de 2010

AMO EL OTOÑO Y LAS SOMBRAS DEL SENTIDO, Mahmud Darwix


AMO EL OTOÑO Y LAS SOMBRAS DEL SENTIDO


Amo el otoño y las sombras del sentido, me gusta
del otoño la ambigüedad ligera de pañuelos transparentes,
como la poesía en el instante de nacer, cegada por
la incandescencia de la noche
o la oscuridad de la luz. Gatea
pero no da con el nombre de nada

Me gusta la lluvia tímida que sólo moja
a mujeres lejanas.
(En un otoño como éste, los que íbamos de boda
nos cruzamos con un funeral, y el vivo festejó
al muerto y el muerto al vivo.)

Me gusta ver a un rey inclinándose para devolver
la perla de la corona a los peces del lago

Me gusta del otoño la comuna de los colores,
sin trono para el oro humilde de las hojas de los árboles
humildes, como igual se es
en la sed de amor

Me gusta que sea la tregua de dos ejércitos pendientes
de una justa entre dos poetas
enamoradas del otoño,
pero que discrepan en las metáforas.

Me gusta del otoño la complicidad ¡entre
lo visto y lo dicho!


MAHMUD DARWIX, Como la flor del almendro o allende, Pre-Textos, Valencia, 2009, pp.53-55.

ILUSTRACIÓN: Claudia Degliuomini, El otoño, Sieteleguas, Madrid, 2007.

domingo, 14 de noviembre de 2010

ISÓSCELES, Hipólito G. Navarro


ISÓSCELES

Interesa enriquecerse paulatinamente.
Enriquecerse paulatinamente interesa.
Paulatinamente enriquecerse inTeresa.


HIPÓLITO G. NAVARRO, Los últimos percances, Seix Barral, Barcelona, 2005, p. 391.

Cuadro: Omar Ortiz

jueves, 11 de noviembre de 2010

GRATITUD, Eloy Sánchez Rosillo & SERENATA DE SAN DIEGO, Tom Waits



GRATITUD


DURANTE muchos años fui dichoso.
Tal vez lo supe, pero no lo supe,
ni habría podido entonces admitir que lo fuera,
pues quien pretende lo absoluto
no se conforma nunca con la parte,
aunque esa parte sea casi el todo.

Mi patrimonio fue la luz del mundo;
toqué la realidad, tambien soñé,
y tuve amor, tuve en el pecho el canto.

Desde un presente que es manos vacías,
casa desierta, invierno, turbio pecho,
melancólicamente doy gracias por los dones
que no aprecié del todo cuando la vida quiso
que fulgurasen junto a mí,
por los bienes que fueron y que no fueron míos
y que luego perdí sin saber cómo.


ELOY SÁNCHEZ ROSILLO, La certeza, Tusquets, Barcelona, 2005, página 59.



SERENATA DE SAN DIEGO

Nunca vi la mañana hasta que me quedé despierto toda la noche
Nunca vi la luz del sol hasta que apagaste la luz

Nunca vi mi país hasta que estuve fuera demasiado tiempo

Nunca oí la melodía hasta que necesité la canción
Nunca vi la raya de la carretera hasta que te dejé

Nunca supe que te necesitaba hasta que me metí en un lío

Nunca dije "Te amo" hasta que te maldije inútilmente
Nunca sentí las fibras de mi corazón hasta que casi enloquecí

Nunca vi la Costa Este hasta que me fui al Oeste
Nunca vi la luz de la luna hasta que brilló desde tu pecho

Nunca vi tu corazón hasta que alguien trató de robarlo

Nunca vi tus lágrimas hasta que se deslizaron por tu rostro.


TOM WAITS, The heart of the saturday night, Asylum, 1974.

Traducción: David F. Abel, Tom Waits. Jazz. Rhythm & Blues, Máscara, Valencia, 1995, p.199.

martes, 9 de noviembre de 2010

LA CENA, Herman Koch

—¿Es cierto que usted en la noche de autos estaba sirviendo las mesas?
—Sirviendo, no. Yo era una simple auxiliar del maître.
—¿Por qué fijó su atención en la mesa de los Logman?
—El señor Serge Logman era un cliente habitual. A mi jefe siempre le gustaba dar trato preferente a los famosos. Logman era el candidato a primer ministro. No necesitaba reservar mesa con antelación. De todos modos, yo esa noche no me fijé en él, sino en su hermano. Paul Logman había sido mi profesor de historia.
—¿Eso fue lo que motivó que no fuese tan discreta como se le exigía en su trabajo?
—Tal vez. Su conducta no sólo motivó mi curiosidad. Hasta en la cocina mis compañeras también se percataron de las discusiones. Otros comensales desatendieron sus platos para mirarlos.
—En su declaración dice haber oído al encausado Paul Logman mencionar ciertas opiniones acerca de la pena de muerte. ¿Podría ser más precisa?
—Hablaban del suceso del cajero automático. En aquellos días cualquier persona hablaba de la mendiga a la que habían quemado. Todo el país había visto el vídeo en televisión. Eso no me sorprendió. Fue el modo de argumentar, igual de demagógico que en sus clases. Eso es algo que yo no podré olvidar.

HERMAN KOCH, La cena, Salamandra, Barcelona, 2010.

sábado, 6 de noviembre de 2010

PROBLEMAS DE PUNTUACIÓN, Víctor Lorenzo Cinca


   La conocí hace unos días, en el parque. Se sentó a mi lado y sacó del bolsillo del abrigo un par de interrogantes, con los que rompimos sin dificultad el hielo. Sin embargo, no pudimos charlar casi nada porque tras esas dos preguntas se marchó a toda prisa, dejando olvidados en el banco de madera tres puntos suspensivos, que me confirmaron que la cosa no debía acabar ahí, y un papelito con una dirección y una hora. A la mañana siguiente, ansioso, acudí puntual a la cita y la encontré de nuevo con un bolso lleno de interrogantes con los que reanudamos la conversación del día anterior, pero también unas cuantas comillas, que utilizó para citar de memoria a mis autores predilectos, y unos guiones largos que colocaba con habilidad para intercalar graciosos comentarios en la conversación. Durante la tarde me mostró rincones de la ciudad que no conocía y en diversas ocasiones tuvo que sacar del bolso unos paréntesis para aclararme detalles que no llegaba a comprender. Como en la ocasión anterior, se esfumó sin decir nada cuando, tras alcanzarme un punto y coma que aseguraba la continuidad de nuestra historia, el bolso quedó vacío. Ayer por la tarde, después de dos días sin vernos, apareció en mi casa sin avisar con una mochila repleta de signos de puntuación. Sin embargo, pronto se terminaron los interrogantes y los paréntesis, y entonces nos quedamos mirando, durante unos segundos, en silencio. Todo estaba dicho.
   Esta mañana me he despertado en mi cama, solo, con los primeros rayos de sol. El suelo del dormitorio estaba salpicado de exclamaciones de diversos colores con las que enmarcamos interjecciones y jadeos durante toda la noche. Ha sido inútil llamarla, porque ya se había marchado de mi apartamento. De camino al baño, he encontrado un punto. Sin embargo, y pese a que llevo horas buscando, no encuentro los otros dos que faltan. Empiezo a sospechar que esto es el final.

VÍCTOR LORENZO CINCA, Grageas 2, 2010. (Realidades para lelos).

DESVÍO POR OBRAS: Internacional microcuentística

martes, 2 de noviembre de 2010

[EN EL TORMENTO DEL ALMA ATORMENTADA...], Luis Mateo Díez

En el tormento del alma atormentada lo que prima es la soledad más absoluta y ninguna conciencia de que ese tormento puede evitarse o merecerse, quiero decir que la desolación arrasa todo lo que pilla con la impiedad de su irracionalidad, y no hay dique ni comprensión mínima, apenas compulsión y un hedor de sueños mal digeridos o de turbios pensamientos que borran la voluntad y vacían hasta la decrepitud la mirada.

Nada se ve, nada hay que ver, la realidad no existe, el mundo hasta dejó de ser un bosque inhóspito.


LUIS MATEO DÍEZ, Azul serenidad o la muerte de los seres queridos, Alfaguara, Madrid, 2010, p. 47.

sábado, 30 de octubre de 2010

LA CHICA DE LA FOTOCOPIADORA, Fabián Vique

LA CHICA DE LA FOTOCOPIADORA


La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.
La chica de la fotocopiadora va perdiendo el alma a medida que fotocopia.




DESVÍO POR OBRAS: Lectura del autor