martes, 3 de junio de 2008

SEÑOR SILICOSO

-¿Quién puede mostrar interés por este mísero enlace? -dijo irritante la señora interrogación.
-Cualquiera -respondieron al unísono las siamesas comillas.
-Tengo mis dudas -replicó la interrogación con el enojo del que es siempre comparado, en la apoteosis más cursi, con un cisne.
-¡Nos visita gente muy rara!-dijo con esfuerzo por hacerse oír la primera de las siamesas.
-Alejandro, Diego, Raquel, Andrés, Lucía, Ángela...
-¡Calla, calla!, que te olvidarás a alguien...-replicó con diplomático afán su benjamina.
-Sabela, Uxía, Noela, Zeltía, María, Fátima, Cristina, Goretti...
-¿Por qué no os calláis? Oídme bien: esto no puede interesarle a nadie. ¿Dónde está una ilustración mínimamente atractiva? -dijo la relamida hueca.
-Sandra, Mónica, Nerea, Vanessa...
-Cállate, pesada: ¡Agotarás el santoral!, pero no podréis convencerme. Éste esfuerzo es en vano. ¿Qué etiqueta se le pone a esto? ¿Cómo lo llamarías tú?
-Soledad... -dijo en carrerilla la primogénita.
-¡Soledad! Ése es un buen nombre para describir nuestro estado -dijo vencida y meditabunda, sin ganas de ser retórica, la interrogación-. Tal vez merezcamos perder la libertad, que nos vuelvan a encerrar otros engreídos paréntesis.


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3 comentarios:

raquel dijo...

Ahora por fin le encuentro sentido… Leo el texto por la tarde, y ni entiendo el título, ni a qué enlace se refiere…

Siempre es un placer escuchar a este escritor. Y la conversación entre signos ortográficos no desentonaría como pista 15.

Francisco dijo...

¿Cómo que no desentonaría?
¡Es la pista 15!

Diego dijo...

Están locos estos cortazarinos...

Puedo unirme? Tengo té y pastas...

Opino franciscanamente.