sábado, 5 de marzo de 2022

[NO DEBERÍAN ARDER LAS CIUDADES...], Pedro Larrea

 


No deberían arder las ciudades 

sino los hornos de pan y las farolas, 

el combustible de los repartidores de gardenias 

y las baldosas naranjas del paseo con sol reciente. 

 

No deberían arder las ciudades 

porque una ciudad es una cebra fogosa, 

una ofrenda necesaria de sombra y luz 

para aplacar la mandíbula del león humano. 

 

No deberían arder las ciudades, 

ni la que tiene piscina de leche para baño de unicornios 

ni la poblada por escorpiones y tentáculos que los devorarían. 

No deberían arder ni la torre ni la madriguera. 

 

Deberían arder la muerte y su geometría. 

Debería moldearse un cuerpo nuevo que recordara por sí mismo 

cómo llegar al pantano en que se oculta la salamandra de la respiración. 

Deberían arder las corazas. Deberían arder los rectángulos. 

 

Pero no deberían arder las ciudades. 

 

Pedro Larrea, Manuscrito del hechicero, Valparaíso, Granada, 2016.