
CÓMO LO VES? THE METROPOLITAN MUSEUM OF ART, Ediciones SM, Madrid, 2010.
miércoles, 21 de abril de 2010
¿CÓMO LO VES? THE METROPOLITAN MUSEUM OF ART
Labels: LIBRO ILUSTRADO, TESOROS OCULTOS
sábado, 17 de abril de 2010
LOS MUERTOS, Billy Collins
LOS MUERTOS
Los muertos siempre nos miran, dicen,
cuando nos ponemos los zapatos o preparamos un bocadillo;
nos miran por el suelo de cristal de los barcos del cielo,
mientras bogan lentamente por la eternidad.
Ven nuestras coronillas moverse en la Tierra
y, cuando nos tumbamos en el campo o en un sofá,
narcotizados acaso por el zumbido de una tarde calurosa,
creen que les devolvemos la mirada,
lo que les hace alzar los remos, callarse
y esperar, como padres, a que cerremos los ojos.
BILLY COLLINS, Navegando a solas por la habitación, DVD, Barcelona, 2007.
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jueves, 15 de abril de 2010
VIDA, José Hierro
-->VIDA
Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.
JOSÉ HIERRO, Cuaderno de Nueva York, Hiperión, Madrid, 1998, p. 129.
Labels: JOSÉ HIERRO, POESÍA
lunes, 5 de abril de 2010
CARPE DIEM, Juan Carlos Mestre
Cuando el amor se termina no queda nadie que traiga flores los sábados
Las botellas de Lambrusco dejan de hacer ¡plop!
Las deliciosas películas de arte y ensayo se vuelven aburridas
Nadie te regala calcetines por Pascua, nadie te pone el termómetro
Cuando un amor se termina dan las diez un cuarto de hora antes
Las estrellas comienzan a acumular un retraso considerable
Las gatas dejan plantado al párroco en los tejados
Las luces indirectas enfocan directamente los portarretratos
Cambias los muebles de sitio, ordenas la biblioteca
Aparece la lupa, encuentras los comprobantes de la tintorería
Las cajeras del supermercado te empiezan a sonreír de otra manera
Los cuervos marinos se vuelven palomas mensajeras
Se acabó el azúcar, echas mano del edulcorante
Te paran todos los taxis, vas derecho al motel de las metáforas
Tocan e1 timbre, el cartero te deja un certificado para la vecina
Llaman por teléfono, otra vez la noche se ha equivocado de número
Juan Carlos Mestre, La casa roja, Calambur, Madrid, 2008, pp. 95.
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lunes, 29 de marzo de 2010
EL ODIO, Juan Salmerón
Roger Wolfe
Yo siempre he sido un buen enfermo. He tragado sin rechistar todo lo que me han recetado: hasta supositorios. Por eso, ahora, parece que me he ido a vivir a la papelería. La pringada de la cajera, no cabe duda, piensa que lo mío con los cuadernos, es una excusa tonta que me traigo para ir a visitarla. A mí no me toca desilusionarla: ¡Si supiera que los cuadernos forman parte de mi tratamiento, a buenas horas se maquillaba el escote!
-Cambiamos el cóctel de ansiolíticos y antidepresivos por un cuaderno ̶dijo el Dr. Matesanz ya en su primera consulta.
¡Menudo apostol de la antisiquiatría, Matesanz! Cuando empieza a largar, hipnotiza.
Y en éstas estoy. Cada vez que me asalta un brote de ira, ¡al cuaderno!, a poner por escrito mis malos pensamientos, o en su defecto, a escribir diez, veinte o treinta copias de la frase esa del odio devasta, la indiferencia desgasta y otras plastas.
Un buen día, el Matesanz más solemne me dice:
-Su caso clínico es la prueba irrefutable de la conveniencia de la desmedicalización en pacientes crónicos.
Así mismo, de un tirón y sin dejar de respirar. Ante tal portento, ¿quién puede negarse a pasear por las revistas médicas su mejoría deslumbrante?. Yo sólo noto que me he ido olvidando de por qué siento odio.
Como lo mío es ciclotímico, días hay en que me muero por filosofar con el Mahatma Wolfe de la frasecita, tomándonos unos daikiris en el afteragüers de la ONU; en cambio, otros, ganas tengo de tener a ese panoli delante, y meterle en el jeto una somanta de indiferencias.
Por alfa o por beta, la mayoría de las tardes me las paso escribiendo en pauta, como un parvulito. Cualquier día que el Dr. Picodeoro vuelva a afearme la caligrafía, echo el autocontrol a dormir la siesta y lo estrangulo. Como que ya me estoy viendo.
Labels: JUAN SALMERÓN, ODIO, RELATOS HIPERBREVES
RÉQUIEM, Juan Carlos Mestre
donde siempre hubo música.
CLAUDIO RODRÍGUEZ
Quién va a creerte ahora, aristocracia de las supersticiones. Quién
a ti, tabas de la hechicera. Qué dador en lo subterráneo colgará
su exclamación de los inservibles alambres del telégrafo. Quién
sino el mendicante que respira en las cánulas, el que ha cerrado
su negocio con las estrellas y ya sólo lo impacienta la muerte.
Quién en las substancias encanecidas por el olvido, qué soli-
tario orfebre entre los inventores de las fraguas del hielo. Cuál
de ellos será hoy un habitante anciano entre los desaparecidos,
qué comprador de bujías de aceite vendrá a velarte ante esta
urna de estaño.
Quién a tu cebo entre los escombros donde pules horquillas
de hueso. Acaso el que repite tu yerta palabra en la improbabi-
lidad, tal vez los tatuados por el destino sin sufrimiento en la
culpa sin materia del ángel.
Quién al tazón de agua le agradecerá su blancura. Quién sino
Aquel cuyo estigma conservó la videncia, trajo a la ciudad una
piedra imantada en la que existió el contemplante, hubo voces
y lluvia.
Quién va a reconocerte ahora bajo la armadura de los dur-
mientes. Quien con júbilo habría de entrar en los caparazones,
quiénes con mazas de sílex al taller del vidriero. Quién se atre-
verá a nombrar al que restituye, quién al que roba alivio de lo
indescifrable.
Quién dará aire de silbar al pájaro, meteoro a los astrónomos,
quién a la muchacha de tímido triángulo y al agonizante que
contempla la nieve ha de restituir su pulcritud ante el pútrido
esmalte de otros ojos azules.
Qué sonrisa inmaculada de los muertos a los andenes donde
hubo discordia, maletas con manuscritos, vagones a la infeli-
cidad. Quién caligrafía a los que establecieron su vínculo alre-
dedor de los pozos, agua de la quietud al pebetero volcado
sobre las tumbas anónimas.
Acaso el que tiende la mano a los acróbatas, el que tuvo grandes
sueños en las riberas de la simplicidad y escuchó el enjambre de
párpados en las necrópolis. El hijo de otro pueblo cansado, el
portador cuya ausencia ilumina la noche con la escritura de los
analfabetos.
Dirán los abismos, dirán las nodrizas a la íntima tierra: Requiem
in aeternam dona eis, domine, et lux perpetua luceat eis.
Juan Carlos Mestre, La casa roja, Calambur, Madrid, 2008, pp. 17-18.
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sábado, 20 de marzo de 2010
[RONCABA...], Max Aub
Roncaba. Al que ronca, si es de familia, se le perdona. Pero el roncador aquel ni siquiera sabía yo la cara que tenía. Su ronquido atravesaba las paredes. Me quejé al casero. Se rió. Fui a ver al autor de tan descomunales ruidos. Casi me echó:
-Yo no tengo la culpa. Yo no ronco. Y si ronco, ¡qué le vamos a hacer!, tengo derecho. Cómprese algodón hidrófilo…
Ya no podía dormir: si roncaba, por el ruido; si no, esperándolo. Pegando golpes en la pared callaba un momento... pero en seguida volvía a empezar. No tienen ustedes idea de lo que es ser centinela de un ruido. Una catarata. Un volumen tremendo de aire, una fiera acorralada, el estertor de cien moribundos, me rasgaba las entrañas emponzoñándome el oído, y no podía dormir. Y no me daba la gana de cambiar de casa. ¿Dónde iba yo a pagar tan poco? El tiro se lo pegué con la escopeta de mi sobrino.
MAX AUB, Crímenes ejemplares, Micromundos, Thule Ediciones, Madrid, 2006(1957), páginas 23-24.
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