martes, 22 de septiembre de 2015

[HUELE AÚN LA PIEL...], Manuel Villena

Huele aún la piel
a algas, salitre y yodo.
Tibio sol de otoño.

Manuel Villena
&
Antonio Beltrán Vidal

lunes, 21 de septiembre de 2015

[SEMÁFORO EN ROJO...], Begoña Paz

Semáforo en rojo. Miras al frente. Al otro lado de la vía la valla está cambiando. No es difícil imaginar a qué. Una mujer desnuda anunciando un detergente, una mujer desnuda anunciando una aspiradora, una mujer desnuda anunciando un perfume. Aciertas. Poco a poco se va for­mando la imagen de una mujer desnuda dentro de un coche. La mujer eres tú.

Begoña Paz


La manera de recogerse el pelo. Generación Blogger, Bartleby Editores, Madrid, 2010, p. 257.
&
Gerald E. W. Shepherd

domingo, 20 de septiembre de 2015

[LA INFANCIA...], Christian Bobin


La infancia continuada mucho tiempo después de la infancia: eso es lo que viven los enamorados, los es­critores y los funámbulos.


CHRISTIAN BOBIN, Autorretrato con radiador, Árdora, Madrid, 2006, p. 38.
&
Carmen Spitznagel

sábado, 19 de septiembre de 2015

[ESE INSTANTE...], Jordi Doce

   Ese instante, quizá irreparable, en que uno se convierte en parásito de sí mismo.


JORDI DOCE, Perros en la playa, La Oficina, Madrid, 2011, p. 189.
&
Philomena Famulok

viernes, 18 de septiembre de 2015

[AÚN ALETEAN...], Manuel Villena

Aún aletean
las ramas del abeto:
¡Voló el milano!

Manuel Villena
&

jueves, 17 de septiembre de 2015

SOBRE LA LITERATURA, Christian Bobin

   La literatura eterna — cuentos, mitos, leyendas — apareció en la tierra con los primeros hombres. Les permitió habitar la tierra sin morir de frío. El fuego y la voz que narra se inventaron al mismo tiempo, dando el mismo calor y logrando el respeto de los animales salvajes. La literatura eterna debió de venir así: alguien se inclina sobre alguien que está enfermo, empieza a contarle la gran leyenda de los albores, el torbellino de los fines, el carnaval de los dioses, y mediante esa voz que inventa, llega un poco de luz a la oscuridad. La literatura eterna ya estaba allí, entera, en ese tiempo en el que los hombres iluminaban las cavernas con coloreados fantasmas de caballos. Llegó al mismo tiempo en el que el miedo entró por vez primera en un alma, por una grieta de la carne — un cazador mordido en el talón por una serpiente, un niño con los ojos brillantes de fiebre, una mujer perdiendo su sangre, tumbada cerca de las cenizas, un pintor de bisontes, que se volvió ciego, un anciano, con sus piernas atrapadas por el hielo. La literatura eterna es la medicina más antigua del mundo. Es anterior a la escritura. Antes de depositarse sobre unas tablas de arcilla, purificó voces, sosegó almas. Sigue haciéndolo cada vez que una madre se inclina sobre su hijo adormecido por el cansancio, y cuenta un cuento, canta una cancioncilla. Nunca ha existido una distinción real entre la palabra y la escritura. La escritura es la hermana pequeña de la palabra. La escritura es la hermana tardía de la palabra en la que un individuo, viajando desde su soledad a la soledad de otro, puebla el espacio entre las dos soledades con una vía láctea de palabras. Lo que nos habla, es lo que nos ama. Una palabra privada de amor es una cosa sorda, sin consecuencia. "No sé hablarte, luego te mato: el amor es un esfuerzo para salir de ese crimen natural de cada uno por cada uno de nosotros. El amor es esa bondad elemental a partir de la cual una soledad puede hablar a otra soledad y, si es necesario, acompañarla hasta en la oscuridad. No quiero que sufras. No quiero que tu mirada desaparezca tras un telón cargado de sangre. Escucha. Escúchame. Escucha atentamente cada historia, cada nombre de personaje. No quiero que te mueras y despliego para ti los vendajes de la literatura eterna — cuentos, mitos, leyendas, novelas, relatos, poemas, plegarias. Venus, Eva, Ifigenia, Beatriz, Fedra, Ana Karenina...— incontables las enfermeras que surgen de la literatura eterna, a la primera llamada. Bienhechora es la literatura eterna y su manía de librarnos con un susurro bajo, con un ruido de fuente. Maravillosa la creencia en torno a la cual ella segrega sus historias, como la hiedra en torno a su árbol tras que alguien nos hable, es imposible morir.

CHRISTIAN BOBIN, Autorretrato con radiador, Árdora, Madrid, 2006, p. 132-133.
&
Hisano Hisachi

martes, 15 de septiembre de 2015

[ZURCE EL OCASO...], Manuel Villena

Zurce el ocaso,
pespunte a pespunte,
su oscuro lienzo.

Manuel Villena
&
Cy Twombly