martes, 23 de noviembre de 2010

LOS BLOQUES, Hipólito G. Navarro


LOS BLOQUES

Los del piso de arriba están ya a punto de echarlo su casa -se la tienen sentenciada desde hace meses: taconeos, portazos, lo peor las incomprensibles bolas rodadoras de madrugada- cuando se pone en venta el piso que pisa a los vecinos de arriba. Lo compra. Le va a dar la vuelta a la tortilla. Lo primero es comprar la bolsa de canicas. Por asociación de ideas o de recuerdos, comprar también un trompo. Minutos después se ve adquiriendo el álbum y los sobres de cromos. Dos bolsitas de chuches surtidas. Y ya en otra tienda, se comprende, le viene su nombre en inglés, Peter, y compra el apellido: cincó vienas y dos bollos, ciento setenta, y mira la manera mejor de esconder las monedas de la vuelta a ese tipo que salió de casa hecho una furia a comprar los artilugios para vengarse de unos vecinos que ahora se acuerda y se frota las manos quedan debajo y se van a enterar, vaya lapsus.

HIPÓLITO G. NAVARRO, Los últimos percances, Seix Barral, Barcelona, 2005, p. 316.


ILUSTRACIÓN: Ibáñez

6 comentarios:

xiztoria dijo...

Rue 13 del Percebe. Eso sí que es un clásico. La de ratos que me he pasado riendo a todo reir con este vecindario.

Otra cosa es el relato ¡no lo pillo! Tendré que darle una vuelta otro rato a ver si viene la lucidez.

Francisco dijo...

"Y ya en otra tienda, se comprende, le viene su nombre en inglés, Peter, y compra el apellido:

cincó vienas y dos bollos, ciento setenta"

PETER + PAN = PETERPAN

Hipólito G. Navarro dijo...

Muchas gracias, Francisco. Me parece que nunca me entendieron este cuento, porque la clave me quedó muy jeroglífica. Gracias también a quien cuelga en este blog mis cuentecillos.
Saludos.
H.

Francisco dijo...

Hipólito:

Lamento que está visita suya nos haya sorprendido sin pastas ni té.
Nos queda el recurso de untar manquequilla en el pan.


Lo dicho: ¡Un honor, maestro!


Francisco

crisisocial dijo...

bolas rodadoras de la madrugada! siento empatía, jaja

Francisco dijo...

Se puede decir algo más que "lo siento": te compadezco (lo padezco en tu compañía).