domingo, 7 de julio de 2013

HOMBRE COMIENDO, Jane Kenyon



HOMBRE COMIENDO

El hombre en la mesa frente a la mía
está comiendo yogurt. Sus ojos. siguiendo
el curso de la cuchara, bizquean ligeramente
cada vez que ésta se acerca a su cara. El tiempo,

y el mundo con todos sus principados,
pueden llegar a su fin como profetizó
el apóstol Juan, pero
¿y este hombre tan ensimismado

en el pequeño envase con su alimento fresco,
dulce, que no ha causado sufrimiento
a ningún animal, y que él está comiendo
con una nacarada cuchara de plástico?

JANE KENYON, De otra manera, Pre-Textos, Valencia, 2007, p. 123.

sábado, 6 de julio de 2013

UN DESPISTE ESTÚPIDO EN LA OSCURIDAD, Alberto García Salido


UN DESPISTE ESTÚPIDO EN LA OSCURIDAD

   Imperceptible.
  
   Un despiste estúpido en la oscuridad. Entró en casa y cerró la puerta. Se dejó caer sobre el sofá rompiendo sus articulaciones. Gimió agitado, dejando escapar pedacitos de pulmón sobre la alfombra. En la cocina, por el reguero de sangre fresca, estaban preparando la cena. Cerró el ojo con párpado e intentó analizar la situación y sus consecuencias. Los gritos de sus hijos mientras mordían a la mascota le impedían concentrarse. Se puso de pie y llegó al espejo roto junto a la cómoda. Quizá en su reflejo todo era como antes. Ahí encontró su cara a jirones y los dos maseteros a la vista. Comenzó a respirar. Con cuidado de no arrancar demasiada piel se remangó la camisa hasta dejar al aire la zona en la que sintió el pinchazo. Observó el punto rojo, elevado, latiendo sobre un pedazo de músculo pegado a su cúbito. Sintió dolor. Cojeó hasta el pomo de la puerta y, antes de salir de allí, miró el salón donde había pasado la muerte. En la calle se escucharon sus primeras sílabas, apenas comprensibles, mientras su familia ataba a la mesa el alimento. Su corazón latió al oír los gritos y sintió miedo al comprender que nunca podría mirar atrás.


Manuel Espada & Rosana Alonso (ed.), De antología, Talentura, Madrid, 2013, p. 251.

Ilustración: Mark M. Mellon

viernes, 5 de julio de 2013

[LOS OJOS CERRADOS...], Sojo Hino

Los ojos cerrados,
me caliento al amor
de otros tiempos.

SOJO HINO

PATRICIA DONEGAN & YOSHIE ISHIBASHI (editoras), Haikus de amor, Dojo, Móstoles, 2012,p. 133.

jueves, 4 de julio de 2013

LA ESPOSA ENFERMA, Jane Kenyon


LA ESPOSA ENFERMA

La esposa enferma permaneció en el coche
mientras él hacía la compra.
Sin tener aún cincuenta años
ha aprendido lo que es no poder
abotonar un botón.

Era mediodía,
así que sólo madres con niños pequeños
y parejas jubiladas
caminaban por el enlodado aparcamiento.

Ropa de la tintorería colgaba en perchas
en los coches de los acomodados.
Con qué facilidad se movían,
con cuánta libertad,
incluso los ancianos y los relativamente débiles.

Las ventanas empezaron a empañarse.
Los coches aparcados a su lado
salieron tan deprisa
que entristecieron su corazón.

JANE KENYON, De otra manera, Pre-Textos, Valencia, 2007, p. 151.

Ilustración: Bernard Bieling

miércoles, 3 de julio de 2013

POSTERIDAD, José Mateos


POSTERIDAD

   Al cabo de los años sólo permanecieron las palabras que ocultaban otras palabras.

JOSÉ MATEOS, La razón y otras dudas, Pre-Textos, Valencia, 2007, página 207.

martes, 2 de julio de 2013

CHOQUE DE TRENES, Ramón Gómez de la Serna




CHOQUE DE TRENES

   El choque de trenes había sido terrible, violentísimo, sangriento. Nadie se explicaba como había podido suceder. Todas las señales habían sido hechas y las agujas habían funcionado bien.
   Nadie se lo explicaba, pero era bien sencillo. Las dos máquinas, llenas de una ferviente sensualidad, se habían querido montar. Estaban cansadas de verse de lejos y de no verse en el vértigo de los cruces, cuando más cerca estaban; estaban cansadas de llamarse con pitidos, de desearse con nostalgia; y como el celo de las máquinas es mayor que el terrible celo de los elefantes y los camellos, se habían querido montar, pero precisamente su celo, por lo terrible y lo impetuoso que es, es catastrófico y final.


RGDS, Caprichos, 1925.

lunes, 1 de julio de 2013

MIEDO AL PADRE, Juan Pedro Aparicio


MIEDO AL PADRE

   Los asaltantes eran dos y parecían muy jóvenes. Iban cubiertos con pasamontañas. El guarda jurado les sorprendió por la espalda y les dio el alto. Uno de ellos se revolvió contra él e intentó dispararle pero su pistola se encasquilló. «¡Dispara!», conminó entonces a su compañero, que parecía incapaz de reaccionar. Había reconocido en el guarda a su propio padre, que, a su vez, lo apuntaba sin decidirse a disparar. El hijo, pasado ese primer instante, sí disparó, un tiro mortal. Convencido de que su padre lo había identificado se había sentido incapaz de soportar la bronca que le esperaba al volver a casa.



JUAN PEDRO APARICIO, El juego del diábolo, Páginas de Espuma, Madrid, 2008.

Ilustración: Carlos Medel