sábado, 7 de diciembre de 2013

OTRO DINOSAURIO, Eduardo Berti




OTRO DINOSAURIO

   Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí, inventando a la carrera el resto del mundo.

EDUARDO BERTI, La vida imposible, Emecé, Buenos Aires, 2002,  p. 125.

viernes, 6 de diciembre de 2013

[LOS JAPONESES SON LOS JAPONESES...], José Jiménez Lozano



   Los japoneses son los japoneses, y, cuando topamos con su mundo, nos maravilla tanto su extremado refinamiento artístico y su impresionante sencillez y amor a la belleza, como nos desconcierta su supersenequismo ante el dolor y la muerte. Y la historia que, entre muchísimas otras, cuenta Maurice Pinguet, en su excitante libro sobre La mort volontaire au Japon, acerca del sepukku del almirante Onissi después de la derrota del Japón en la Segunda Guerra Mundial y la declaración del emperador renunciando a su divinidad, me ha hecho soñar.
   Apenas el emperador leyó tal declaración, fueron muchos los que vinieron hasta Palacio, se inclinaron ceremoniosamente, se arrodillaron sobre la arena de la gran explanada, y lloraron. Y una treintena se suicidaron allí mismo. Esa misma tarde, el almirante Onissi invitó a los oficiales de su Estado Mayor para decirles adiós, y hacia las tres de la mañana, ya en su intimidad, tomó un sable, y se abrió el vientre con dos incisiones en forma de cruz, esto es, de izquierda a derecha y luego de arriba abajo, que por lo visto es un modo ritual que se llama júmonji, y es una variedad del sepukku, que de ordinario es una incisión profunda en el vientre, en sentido horizontal. Se le encontró al amanecer todavía con vida en medio de un charco de sangre, y algunos amigos acudieron a verle, y él les pidió que ahorraran sus vidas para servir al país. Y fue entonces cuando se encontró su poema de adiós:

En el cielo limpio, sin nubes, luce ahora la luna.
La tempestad ha terminado.

   Maurice Pinguet comenta que Onissi, —el promotor del Tifón de los dioses, consagraba su último pensamiento a la serenidad— Y esto se dice o se escribe pronto, pero tal belleza y serenidad de un poema, momentos antes de que uno vaya a sacrificarse tan dolorosamente además, nos deja muy pensativos y perplejos.


JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO, Los cuadernos de letra pequeña, Pre-Textos, Valencia, 2003, pp. 43-44.

jueves, 5 de diciembre de 2013

[LA PULGA...], Ramón Gómez de la Serna


 La pulga hace guitarrista al perro.

Ramón Gómez de la Serna
&
Lorenzo Saval

miércoles, 4 de diciembre de 2013

[SE TOMABA FOTOGRAFÍAS A SÍ MISMA...], Carlos Skliar


   Se tomaba fotografías a sí misma, las miraba y las borraba compulsivamente. Hasta que encontró una que parecía gustarle y la utilizó de espejo.

&
Man Ray

martes, 3 de diciembre de 2013

VISIBILIDAD, Juan Jacinto Muñoz Rengel


VISIBILIDAD

   Cuando se sentó a la mesa reparó en que uno de los comensales era transparente. No invisible, transparente. En cuanto tuvo oportunidad, después de la cena, se acercó al hombre y le preguntó cómo llevaba aquello de la trans­parencia. A lo que el tipo contestó que tenía sus ventajas y sus inconvenientes, como todo. Él, claro, que de un tiempo a esta parte se había vuelto multivisible, con las prolon­gaciones de sus redes sociales conectándolo con tantos otros lugares, con sus dispositivos móviles iluminándolo como a un muñeco navideño, tan expuesto, no veía más que aspectos positivos a aquella condición.
   De madrugada, al salir de allí un camión arrolló al hom­bre transparente nada más pisar la carretera. Horrorizado, trató de ayudar sin éxito a encontrar sus pedazos, pensando que quizás estaba en un error después de todo. En ningún momento reparó en la nube de insectos que, atraída por sus luces y por la proyección de su imagen en medio de la oscuridad, le chuparía hasta la última gota de sangre.

lunes, 2 de diciembre de 2013

[CADA DÍA Y CADA NOCHE...], Carlos Edmundo de Ory


Cada día y cada noche nos convertimos en abreojos y cierraojos.

CARLOS EDMUNDO DE ORY, Nuevos Aerolitos, Ediciones Libertarias, Murcia, 1995, p. 36.
&
 
René Mgritte

domingo, 1 de diciembre de 2013

[RECUERDO CUANDO ACUDÍ...], Mario Bellatín


 Recuerdo cuando acudí donde un anciano y reputado médico homeópata. Me llevó mi padre, yo era un niño. En ese tiempo ya usaba una mano ortopédica. El médico la asió para tomarme el pulso. Yo estaba tan intimidado que no hice nada para sacarlo de su error. El honorable médico atenazó con fuerza la muñeca de plástico. Pese a todo, en ningún momento me dio por muerto. Al contrario, mientras iba contando las supuestas pulsaciones le dictaba en voz alta a su ayudante la receta que curaría todos mis males.

Del diario del premio Nobel de Física, 1960

MARIO BELLATÍN, Flores, Anagrama Barcelona, 2004, p. 7.