viernes, 10 de diciembre de 2010

[SOY VENDEDOR DE LOTERÍA...], Max Aub

SOY VENDEDOR de lotería: es una profesión tan decente como otra cualquiera. Estaba seguro de que aquel 18.327 iba a salir premiado. Corazonadas que tiene uno. Se lo ofrecí a aquel joven bien vestido que estaba parado en la esquina. Entre otras cosas, era mi obligación. Se mostró interesado en los números que le enseñaba. Es decir, que me dio pie. Le ofrecí el 18.327. Se negó suavemente. Esa no es manera. Cuando no se quiere algo se dice de una vez. Yo insistí: era mi deber. ¿O no? Sonrió, incrédulo, como si estuviese seguro de que aquel número no había de salir premiado. Si yo hubiese creído que lo que quería era no comprar, no hubiera pasado nada. Pero cuando uno se interesa ya contrae una obligación. Se aglomeró la gente. ¿Qué iban a pensar de mí? Era un insulto. Traté de defenderme. Siempre llevo una navajita, por lo que pueda pasar. La verdad es que aquel billete no salió premiado, pero sí con reintegro. No hubiera perdido nada: el 7 es un buen número final.


MAX AUB, Crímenes ejemplares, Media Vaca, Valencia, 2001.

1 comentarios:

raquel dijo...

Con este vendedor que hace su particular sorteo del Gordo, y Pablito, que ya espera detrás del árbol a la última Nochebuena de Papá Noel, cabe preguntarse por la identidad de quien, para Nochevieja, esté planeando ese crimen perfecto con el que dar la campanada.